All Time Low — Dear María, Count Me In
2011, nov. | australia, sydney
VANNA;
Caminaba por los pasillos de la escuela con los auriculares puestos. Enzo, mi gemelo, venía junto a mí, pero para él, el escenario de la situación era muy diferente a lo que era para mí.
Lo ví saludar a muchas personas. Ethan Greene, el chico que trabajaba en la parte de la cafetería del hotel de mi papá le hizo alguna que otra broma conmigo, como de costumbre, y porque era su amigo, y mi hermano respondió amenazando que no quería un cuñado por ahora, pero que gracias por la oferta.
Porque claro, en la cabeza de quién una marginada como yo estaría con alguien que fuera amigo de mi hermano.
Y aún así, él insitía en acompañarme hasta mi casillero, como si algo pudiera pasarme en el camino desde el auto de mi papá hasta mi primera clase. O como si algún desconocido pudiera hablarme en ese tramo que no duraba más de cinco minutos. Cinco.
—Me avergüenzas —afirmé, mientras pausaba la canción de All Time Low y me sacaba los auriculares.
—No me importa. Sos mi hermana, y si te tengo que avergonzar haciéndole creer a los demás que no puedes cuidarte sola, lo voy a hacer.
—¿Ya estás cargoseando de más a esa criatura? —bromeó Mason, acercándose.
—Sí —respondí —. Y no soy una criatura, imbécil.
—No la cargoseo, la estoy cuidando —aclaró mi hermano.
—Como si necesitara que la cuiden.
—¿Ves? Yo puedo sola.
Enzo resopló, pero no dijo nada más.
Era costumbre para mi hermano insistir todo el tiempo en que mi cuidado en esa escuela era su responsabilidad, pero realmente no era como si una corriera mucho peligro en un colegio cristiano.
Pasamos los primeros minutos de la mañana junto a mi casillero, como todos los días, y luego Enzo se fue a su clase de matemática avanzada, y Mason y yo nos dirigimos a literatura.
—¿Hoy había que entregar lo del viejo feo ese?
—Sí —confirmé.
Mason me miró, abriendo los ojos grande.
—¿En serio? —cuándo asentí, dejó escapar un lamento —No lo hice, me olvidé…
—Ya sabía. Por eso en mi trabajo puse mi nombre y el tuyo. De nada.
—¡Te amo, Giovanna!
Me reí cuándo sentí que apretaba mi cabeza con sus brazos, en un abrazo para nada cuidadoso. Era hombre, ¿qué podía esperar?
—Sí sí, me debes una.
—En realidad, creo que no.
—¿Por qué?
—Hoy es el día en que tu vida cambiará con la mejor oferta que nadie te ha hecho nunca.
—¿Ah?
—Ya verás…
Quise preguntarle, pero era un caso perdido. Cuándo Mason hacía dudar de algo a alguien, siempre era de una forma burlona que a mí a veces me sacaba canas. Le encantaba bromear y sacar de quicio a todo el mundo, y le encantaba ser tan obstinado que resultaba insoportable.
Mason Charles era la clase de persona que hacía muchos chistes, todo el tiempo. Y siempre se reía fuerte, le encantaba ser escandaloso. Era de los que se burlaban en los peores momentos o siempre decía cualquier cosa sin filtro, pero de todas formas caía bien. Era amigo de todos, pero nuestro grupo era comunmente pequeño y particularmente reservado.
Nuestra amistad era rara. Ni yo entendía por qué Mason y yo nos llevábamos tan bien. Nos conocimos cuándo mi madre, mis hermanos y yo nos mudamos con mi padre, a la misma calle que él. Yo tenía como diez años, y hablaba un inglés horrible, pero nos comprendimos de alguna forma extraña y sobrenatural. Él y su mamá, Karen, vivían en la casa continua a la nuestra, y nos dieron una bienvenida demasiado entusiasta para mi gusto. El resto fue historia.
Mason nos presentó a Cam a Enzo y a mí ese verano. Y a Liam lo conocimos cuándo mi hermana, Carolina, y su hermano, Luke, actuaron en la misma obra de un club de teatro de algún lugar de Sídney. Ellos eran buenos amigos, y sigo sin entender como mi padre les presentó a ese agente, que les ofreció la oportunidad de irse a Londres, a un colegio interno para jóvenes actores.
Claro que eso fue hace años, cuándo mamá no podía pagar un colegio como aquel. Pero mi padre si lo hizo, y Caro se fue. Grabó una saga de películas de fantasía, llamada Los Palacios Escondidos en Praga, que se hizo muy famosa, y ahora estaba en Los Ángeles, viviendo la vida de estrella de cine que cualquiera disfrutaría.
A Luke también le fue bien. Lo contrataron para grabar una trilogía de películas de acción que lo catapultó hasta llegar a ganar su primer Óscar en 2010.
Y, en algún punto de esa historia, ellos dos se encontraron, y conectaron en un mundo dónde las posibilidades eran infinitas.
Volviendo a la historia de nuestro grupo, Mason y Liam no se aguantaban, entonces no éramos amigos. Pero mi madre nos mandó a Enzo y a mí al mismo campamento de verano al que Beth y Andrew mandaron a Liam, e, inevitablemente, nos conocimos.
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a veces el hogar es una canción, una banda. un verano. un hogar.
Editado: 10.03.2026