Green Day — Whatsername
2011, nov. | australia, sydney
LIAM;
—Enzo me dijo que sí —avisó Vanna, después de darle otra calada al cigarro —. Dijo que ensayará con nosotros el viernes, que no hay problema.
—Bueno, al menos solucionamos lo del baterista —suspiré, hundiendo los dedos en la arena suave —, aunque no creo que por mucho.
Sentí los ojos verdes de Vanna, mirándome.
—Digo porque no es permanente —aclaré —, ¿o sí?
—Hay que ver —frunció los hombros.
—Hay que hacer que se quede. Si es bueno, ¿por qué negarle un lugar?
—Es muy bueno —corrigó Vanna, exhalando el humo. Su voz sonaba distinto cuándo fumaba. Cada vez que hablaba, para mí era un recordatorio de que la mujer perfecta si existía. Yo volví a mirarla, como si su presencia me atrajera —. Sé que es bueno, pero no sé si en sus planes de vida entre estar en una banda con nosotros.
Yo apenas la escuchaba.
Vanna tenía una belleza que se volvía más intensa bajo la luz azul del mar de noche a mi parecer. La piel clara, suave como el reflejo del agua quieta, parecía absorber cada matiz. El cabello, largo y castaño claro, caía con un brillo leve, casi salino, mientras algunos mechones se iluminan con el resplandor del oleaje.
Sus cejas marcadas enmarcaban unos ojos grandes, de un verde brillante, como si llevaran dentro el mismo reflejo de un bosque. Los labios, llenos y tranquilos, guardaban un gesto que podría haber sido tanto tristeza como serenidad.
Enzo siempre repetía que Caro era las más hermosa de las Borelli, pero para mí ese título era de Vanna. No era sólo como lucía, era su energía, su presencia.
Era diferente.
Apoyé la espalda contra la rueda de mi Jeep en silencio.
El sonido del mar llenaba el espacio entre nosotros. La pequeña brisa que venía de oleadas cada vez que las olas chocaban contra las piedras.
En algún momento, ví a Vanna abrazarse a sí misma. Yo no quería romper el silencio en el que nos habíamos sumergido a los dos, asi que estiré la mano hasta mi auto, que tenía las compuertas traseras abiertas, y tomé un abrigo mío que había dejado ahí hacía varias semanas.
Si no lo había necesitado antes, tampoco lo haría ahora.
Se lo extendí en silencio, sin decir nada.
Ella lo observó, luego a mí, y al final lo tomó.
—Gracias —murmuró, apenas audible, antes de volver la mirada hacia el mar.
Me quedé observando cómo el abrigo le caía grande, cubriéndole las manos. Me pareció verla sonreír cuando el viento movió su cabello apenas.
—No me gusta fumar frente al mar —dijo de pronto.
—Pero igual lo haces —observé.
—Sí —soltó una risa baja—. Supongo que no soy tan buena como creo.
El sonido del mar volvió a colarse entre nosotros. Vanna seguía mirando el horizonte. La brisa le movía el cabello, y cada tanto, sin darse cuenta, se lo quitaba del rostro con los dedos.
—Ya sé como nos vamos a llamar —dijo, de repente.
La miré, expectante.
—¿Cómo?
—The Backseat Poets.
Volví a mirar la hora, solo esperando que Enzo apareciera pronto por la entrada del garage de la abuela de Mason para poder empezar a tocar. Tenía curiosidad.
—No vendrá —dije finalmente, bromeando.
—Si vendrá —respondió Vanna rápidamente.
—Han pasado diez minutos.
—Tu lo has dicho —levantó la mirada de la guitarra que estaba afinando —, diez minutos.
—Pero…
—No es como si nosotros fuéramos los más puntuales. Dale unos minutos más.
—No entiendo —Mason nos miró —¿Por qué tenemos que ensayar en casa de mi Nona? Queda lejos.
—Tú no quieres caminar —lo acusé.
—¿Sabes lo que es tener que caminar como veinte kilómetros? ¡Claro que no! —reclamó.
—Por eso estás gordo.
—¡Oye! —reclamó Mason —Estoy gordito de amor.
—Si, claro.
—Los duendes de Cam me dejan comida, ¿por qué despreciaría su afecto?
Vanna y yo compartimos una mirada.
—Si ensayamos en casa de Liam, Beth le dirá a mi mamá —comenzó a decir Vanna —. Si ensayamos en tu casa, verá lo que hago por las tardes, y no queremos eso.
—¿Por qué? —preguntó Mason, frunciendo el seño.
—Porque siempre le digo que estoy en la biblioteca, y no sabe que tengo una banda. Así que serán dos mentiras descubiertas al mismo tiempo, y no queremos eso. Aparte, si sabe que arrastré a Enzo, me matará peor.
—¿Por qué?
—Porque estaré encerrada todo el verano.
—¿Por qué?
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a veces el hogar es una canción, una banda. un verano. un hogar.
Editado: 10.04.2026