I. Sydney | Homeless

| capítulo seis; mike rutherford |

Mayday Parade — Kids In Love

2012, marzo | australia, sydney

Vanna;

—¿Pero le vas a decir que sí, o no? —preguntó Cam como por quinta vez.

Cerré con fuerza la puerta del casillero, produciendo un ruido fuertísimo que hizo que algunos voltearan hacia nosotros. Cam se sobresaltó un poco, y me miró desconcertado.

—¿Qué te pasa, loca? Por Dios, cada día estás peor.

—No sé que le voy a decir a Ethan, Cam. ¿Por qué la insistencia?

—¡Porque el me dice a mí —se señaló —que te diga a tí —me señaló —que le digas que sí! Me tiene harto, Vanna. Yo solo quiero estar en paz.

Suspiré y me pasé la mano por la sien.

—No sé que le voy a decir —repetí —. Ni siquiera sé si me gusta.

—¿Por qué dudas tanto?

—Primero, apenas proceso lo que pasó. Segundo, yo no soy de las tontitas que andan por detrás de los jugadores de fútbol. Tercero, Enzo va a matarme y a él. Y cuarto, Liam aún no me habla, asi que…

—Mira, Liam es un idiota. Tú misma lo dijiste.

—No lo es. Me dejó porque...

—Porque es un idiota —finalizó.

—No es un idiota, es... complicado.

—¿Complicado? ¡Complicada eres tú! —exclamó, exasperado —¿Sabes la cantidad de tiempo que Ethan lleva pidiéndome que te diga esto?

—¿Desde cuándo le haces mandados a Ethan?

—Desde que me amenazó con decirle a Andy que yo iba a dejar el equipo de fútbol por la banda.

—¿Desde cuándo Ethan sabe eso?

Cam se encogió de hombros, como si no fuera la gran cosa.

—Lo haré en algún momento, solo que no ahora.

—¿Y por qué no me lo dijiste? —volví a preguntar.

—Eres un poco intensa a veces, y reaccionas feo cuando tomamos decisiones estúpidas.

—¿Dejar el fútbol es una decisión estúpida?

Ante mi pregunta, Cam me miró en silencio. Se recostó sobre el casillero de al lado, y miró hacia el techo.

Cam era alto, de cabello castaño claro que caía desordenadamente sobre su frente, piel apenas morena y unos ojos oscuros inquietos que a menudo delataban su humor. Llevaba la camiseta de entrenamiento del equipo de fútbol con un par de auriculares colgando del cuello y siempre tenía un aire despreocupado, aunque en este momento, su gesto era de concentración pura.

—No es una decisión estúpida —dijo por fin, bajando la mirada del techo para clavarla en mí con una seriedad inusual—. Es una decisión necesaria. Pero no es una decisión que pueda tomar ahora.

—¿Y por qué no?

—Porque Ethan tiene razón: Andy me mataría. Mi familia idolatra el fútbol. Lo sabes. Ven mi permanencia en el equipo como una especie de… de seguro de vida o algo así. Y mi mamá se enojaría al punto de no hablarme. Ella espera que yo vaya a la universidad con alguna beca, pero no estoy muy seguro de querer eso. Y no le he dicho ni a Mason, ni a Liam, ni a Enzo. Solo tú lo sabes, y ahora Ethan.

—¿Y por qué me lo dices a mí?

—Porque eres la única que no va a sermonearme. Tú también quieres a la banda tanto como yo, y tu entiendes lo que se siente no ser apoyado por la gente que debería estar ahí para tí. Además —suspiró, con un brillo de cansancio en sus ojos—, necesito que me cubras con Ethan. Si le dices que sí a la cita, se callará.

—¡Me estás usando para salvar tu pellejo! —exclamé, a medio camino entre la indignación y la risa.

—Nos estamos ayudando mutuamente. Piensa en esto: si sales con Ethan por un tiempo, le das celos a Liam. Doble beneficio.

—No quiero darle celos a Liam —susurré, sintiendo cómo se me aceleraba el corazón solo con pensarlo.

—Mentira. Lo que pasa es que eres una cobarde.

—No soy una cobarde, soy...

—Una chica a la que le gusta el chico equivocado, que no puede aceptar que hay un chico correcto rogándole una cita, y que además, me está arruinando la vida. Ahora, por favor, ¿puedes decirle que sí? Solo una cita.

Me crucé de brazos, pensándolo. Ethan era un imbécil superficial, todo lo opuesto a Liam, pero era lindo y divertido. Pero la idea de molestar a Liam me tentaba. Y si eso hacía que Cam dejara de atormentarme, era un precio que estaba dispuesta a pagar.

—Hablaré con Ethan.

Cam me sonrió, aliviado, y me abrazó con fuerza.

—Eres la mejor, ¿sabías?

—Ajá —me reí —. Se nos hace tarde para almorzar, vamos.

Cam y yo caminamos a la cafetería. Veníamos bajando las escaleras cuándo recordé algo.

—Un amigo de Caro quiere vernos —mencioné.

—¿Vernos? —preguntó Cam, frenando para tomar un papel del suelo y tirarlo en un tacho de basura cerca —Gente sucia… —murmuró.

—Sí, a la banda —confirmé, cuándo retomamos el paso.




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