Identidad No Encontrada

Cap 1

Natalia
1.0

Confiar, qué palabra tan idiota. Confiar es para ingenuos, o eso pensé... hasta que terminé en medio de un tiroteo dentro de una biblioteca, con un sujeto extendiendo su mano hacia mí mientras el ruido de los disparos y los gritos ensordecían el lugar.

-Confía en mí -repetía el chico, ansioso de que yo tome su mano.

Estoy con la espalda pegada a la pared. Muchos en mi lugar tomarían esa mano sin pensarlo, pero yo no puedo, ni aunque la situación sea de vida o muerte. Si lo pienso mejor: el chico se vé demasiado calmado para estar en medio de un tiroteo. Ni siquiera parece sorprendido o asustado; solo tiene prisa de que acepte su ayuda.

¿Cómo diablos terminé así? Si yo solo vine a la biblioteca por un libro.

Recapitulemos desde el principio

4 horas antes
8:00 a.m

El maldito estruendo de unas cajas cayéndose en el piso de abajo me sacaron de golpe de mi sueño húmedo con el papichulo de Katsuki Bakugo. Maldigo las cajas, y más si son de cartón. Estaba a punto de quitarse el pantalón, a nada de bajarse la cremallera... ¡Maldito sea todo el universo que conspiró para hacer caer esas cajas!

-Estúpidas cajas -murmuré contra la almohada.

Me senté en la orilla del colchón y miré a mi alrededor: la habitación vacía, con las paredes de pintura gris y vieja. La luz del sol se metía con fuerza por el cristal de la ventana, obligándome a entrecerrar los ojos. Había olvidado poner una cortina la noche anterior.

En el aire flotaba un ligero olor a moho y a polvo seco que me hacía estornudar. Estábamos estrenando apartamento, y el olor a cemento nuevo y encierro se te metía hasta en la garganta.

Habíamos llegado a este país la mañana de ayer, no conocía a nadie. Mi mamá y mi padrastro lo decidieron después de casarse el año pasado. Claro al policía idiota le dan un trabajo en otro país, y como el egoísta que es, nos arrastra con el.

¿Por qué me daba tanto resentimiento?

Bueno, eso es fácil, llevaba el caso de la desaparición de mi padre, pero en vez de hacer su trabajo decidió jugar al galán de película con mi mamá. Y después de unos 4 años dejaron el caso. Reportan a mi padre muerto, sin un cuerpo, sin pruebas para no hacer el trabajo. Simplemente dejaron de buscar.

Su excusa fue que la mafia rusa borraba a sus víctimas del sistema para no dejar ninguna pista. Dijieron que el tenía deudas con personas peligrosas que pertenecen a una organización criminal rusa, como no consiguió el dinero, lo asesinaron. Pero yo aún tenía la esperanza de que el herrero volviera con su princesa.

Sonaba infantil, pero... él lo prometió.

Mi madre había dicho que mejor me resignara. Lo intento, pero no puedo, no sin un cuerpo, no sin ninguna prueba que diga que está muerto.

Me levanté de la cama, el piso estaba frío y mis pies descalzos ¿Dónde estaban mis pantuflas?

-Duque, trae mis pantuflas de unicornio aquí-grite, sabía que las había dejado aquí y el único que le encantaba morder el cuerno del unicornio era a una pequeña criatura de cuatro patas.

La puerta se abrió y una bola de pelos negra entró moviendo la cola, mientras jadeaba con la lengua afuera. Se me acerco y subió sus patas en mis piernas buscando caricias.

-No puedo enojarme contigo--mi expresión se suavizó al ver esa carita peluda, lo acaricie detrás de sus orejas, sabía que le encantaba.

Cuando la bola de pelos consiguió sus caricias, sin más, se fue de nuevo, quizás a mendigar atención a otro lado.

Caminé hacia el baño de mi habitación (que era lo único bueno que conseguí al mudarme: mi propio baño). Al entrar el olor a cloro y a jabón me recibió. Era un baño limpio, con una tina, un inodoro, un espejo y un lavamanos.

Abrí el grifo del lavamanos, el agua fría salió, me lave las manos y me incliné para lavar mi rostro, mire a un lado buscando mi cepillo de dientes y la pasta dental, estiré la mano y tome ambos. Al intentar untar un poco en mi cepillo salió en demasiada cantidad y salpique mi pijama.

-No otra vez-murmure ya acostumbrada y frustrada por esta situación.

Ignorando el dentífrico en mi pijama con estampado de fresas, empecé a cepillar mis dientes mirándome en el espejo.

Cuando terminé, note mi cabello despeinado. Ser ondulada era horrible, nudos, cabello reseco... simplemente horrible, peinarme era un desafío, todas las mañanas, así que hoy opte por solo recogerlo en una coleta alta.

Salí del baño y caminé hacia la caja junto a la puerta. Me agaché, la abrí y busque entre libros y mis productos para el cabello que olían bastante bien, no como lo demás de esta habitación. Ahí debía estar una liga para el cabello. Después de sacar todo (porque no la encontraba) la halle, era negra por eso no se veía entre tantas cosas.

También ví un cepillo y mi gel para el cabello. Lo tome, me levanté y camine de regreso al baño.

Mire mi nido de pájaros ("cabello") un rato más mientras pensaba que debería cortarlo o no, aún no lo decidía. Deje de apreciar lo bella que soy para al fin peinarme y atarme el cabello en una coleta alta.

«Que frente, parezco megamente. Un flequillo no me vendría mal, pero mientras voy a bajar a desayunar así, no es como si mi padrastro y mi mamá no hubieran visto el "océano" mental en mi rostro antes.»

Al bajar, todo era un desastre, cajas abiertas y mi mamá en plena crisis psicótica mientras buscaba en las cajas quien sabe que cosa. Tenía el cabello despeinado, ojeras, y una expresión de adicta a la que le quitaron su polvito mágico.

-Buenos días... o no--a mire confundida, no sabía si iba a necesitar llamar al manicomio o a un exorcista.




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