Cuando era pequeña me gustaba imaginar que los castillos guardaban historias. Ni en un millon años luz imaginé que uno estaba aguardando por mi para contarme su historia.
Capitulo 1.
Manon.
Hay quienes dicen que el dia lunes se asemeja a un nuevo comienzo. Estoy convencida que esas personas nunca se habian despertado despues de echar a perder una amistad de casi diez años. Sino eso no hubiera sucedido estaria orgullosa de decir que : superamos la meta de los diez años. Este año no habra celebracion como otros años.
Abro los ojos y lo primero que veo es el techo algunas motitas de luz estan ahi, eso no es lo mas importante de la situacion. Siento como si alguien hubiera dejado un peso sobre mi pecho, extraño. Durante unos segundos me quedo quieta mientras intento recordar la razon por la cual mi fin de semana tomo un rumbo que no era el habitual.
Entonces solo basto una imagen fugaz para recordar.
Bastien. El factor clave.
La almohada junto a la mia se encontraba vacia y senti un poco de alivio. Esa parte de mi cerebro que sobrepiensa sintio culpa, lo que sentia en el pecho era culpa.
Anoche habiamos cometido un error, uno de esos que ninguno de los dos podria fingir que nunca habia sucedio.
Despues de tantos años siendo mejores amigos, de conocernos mejor que nuestras propias familias y de tantas veces que prometimos que jamas cruzariamos esa frontera. Pues tanta promesa no sirvio porque terminamos haciendo lo contrario.
El encanto de la noche anterior se rompio y ahora todo seria distinto.
Me levante de la cama, tome la bata del pie de la cama y respire como si fuera nada con la cabeza dentro del agua, extraño.
— Estupendo, Manon… – murmure para mi misma – Una jugada elegante para destruir una amistad de años.
Estaba tan en mi que no escuche el ruido de la cocina hasta que el olor del café me recibio al cruzar la cocina.
Frunci el ceño porque no estaba sola. Ahi estaban dos tazas humeantes de café en la encimera frente a él.
Bastien Bonnet siempre ha sido demasiado cortés incluso cuando deberia estar enojado.
El llevaba esa camisa azul oscuro que recogi de la tintoreria hace tres dias, la deje en el armario junto a otras cosas suyas. Bastien estaba remangando las mangas hasta sus antebrazos, su cabello castaño ligeramente despeinado tan propio de él despues de tomar una ducha. Y por primera vez en todo estos años que nos conociamos evito mirarme directamente.
— Pensé que ya te habias marchado.
— Lo intenté. – sonrio como si le costara hacerlo.
Un silencio incomodo se instalo entre ambos. Antes esos silencios eran comodos. Bastaba con estar cerca el uno del otro para entendernos, hasta nuestros padres llegaron a pensar que nos leiamos la mente.
Ahora ese silencio es como si fuera un nuevo idioma el cual ninguno sabia hablarlo.
Tome una de las tazas y me sente a su lado dandole un sorbo.
— Gracias – justo en su punto de azucar.
— Siempre bebes café antes de charlar o discutir conmigo.
Lo miré sorprendida y un poco desconcertada.
— ¿Discutir...?
Es nuestro ritual tomar café antes de charlar para entrar en ambiente en incluso el trae croissant. No habia croissant asi que esto era serio.
— ¿ Vas a contarme que no llevas un rato dandole vueltas al asunto y que tienes un pequeño discurso? – no habia enfado en su voz.
Era peor que eso, en su palabras habia tristeza.
Me senti culpable y baje la vista hacia el café entre mis manos.
—Bastien…
—No es necesario endulzarlo.
Respiré hondo. En estos cinco años habia negociado contratos millonarios. Convenci a los alcaldes, arquitectos y bancos de confiar en mi, bueno la firma de mi padre.
En el lycée no hay una clase donde aprendes a romperle el corazon a alguien a quien quieres.
—Anoche …
Bastien se giro un poco para estar frente a frente ; en su mirada habia esperanza y ese fue el factor para seguir hablando.
— Lo de anoche no deberia cambiar nada.
Esa esperanza desaparecio de inmediato.
—¿Nada?
Negue despacio.
— Seguiremos siendo Bastien y Manos, nosotros.
— Nosotros… – solto una risa breve, sin humor. –Manon, llevamos los ultimos veranos fingiendo que esto nunca iba a pasar. Cruzamos esa frontera ¿cierto?
— Porque nunca debio pasar.
— Pero paso.
Aquello me dejo sin palabras y no dije nada.
Bastien se levanto de su silla y acuno mi rostro con sus manos, una cercania que se sentia distinta.
—Dime una sola cosa. – pidio.
Asenti sosteniendo su mirada.
— ¿Te arrepientes? – la pregunta derrumbo mi pequeño discurso y mi corazon se encogio.
No. No me arrepentia. Si pudiera volver en el tiempo probablemente volveria a besarlo. Volveria a quedarme sobre su pecho escuchando cada latido su corazon. Volveria a dejar que, por unos largos minutos, el mundo dejara de pesar tanto solo Bastien y Manon.
Pero volver a sentir lo de anoche no significa que quiera una relacion. Y explicarle esa pequeña diferencia era casi imposible.
—No me arrepiento … – lo admiti – Pero no deseo que esto cambie nuestra amistad y nuestra vida.
Bastien cerro los ojos por unos segundos y cuando los volvio a abrir, no me miraba como antes.
Como si ambos hubieramos escuchado ese crac que termino por romperse.
—Siempre haces lo mismo. – eso fue un reproche.
Frunci el ceño.
—¿Que hago que cosa? – pregunte confundida.
—Construyes muros – respondio.
—Eso no es verdad.
—Por supuesto que es asi – acaricio con su pulgar mi mejilla.
Baje la mirada y la taza tibia en mis manos por un instante para luego mantener su mirada.
— Levantas proyectos e incluso las empresas confian en ti para levantar sus edificios. Pero en cuanto alguien trata de acercarse a ti eres experta en levantar otro muro.
Esas palabras dichas en voz alta dolieron mas de lo que estaba dispuesta a reconocer. Habia verdad en ellas.