If Walls Could Remenber

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Capítulo 2.

Este silencio en el apartamento resulto ser mas ruidoso de lo que esperaba.

Permanecí sentada en la cocina por algunos minutos, mirando la puerta por la que Bastien acababa de salir. No tenia idea de cuanto tiempo paso. Quizás cinco minutos o tal vez media hora.

La única cosa cierta era que el café de mi taza dejo de estar caliente y yo seguía sin moverme.

Mi teléfono estaba en la habitación. Una parte de mi esperaba que él llamara y otra parte sabia que no lo haría.

Bastien no era de esos chicos que persiguen a alguien después de una negativa. Mi respuesta había sido clara. Demasiado.

Le di un sorbo a mi taza, él había puesto exactamente dos cucharaditas de azúcar como de costumbre. Lo sé ,es una tontería que algo tan pequeño pudiera doler tanto.

Me puse de pie y llevé las tazas al fregadero.

---Todo estará bien—murmuré.

Intenté que fuera convincente, pero no me lo creí ni un poquito.

Le envié un mensaje a la secretaria de mi padre diciendo que llegaría después del almuerzo.

Necesitaba dormir un par de horas esta vez en el sofá porque no tenía ganas de volver a mi habitación.

Esa siesta ayudo un poco. La alarma sonó y a regañadientes me la desactive. No tenia opciones para escaparme de mis responsabilidades, solo las había pospuesto medio día. Ser la responsable de la dirección de una empresa y que, por desgracia, nadie pararía el mundo porque decidi arruinar mi amistad con Bastien un domingo por la noche.

---Perfecto—murmure.

Ducha. Café sin azúcar. Ropa formal y tacones. Maquillaje. No olvidar sonreír.

Esta rutina tenia algo de tranquilizador después de como inicio la mañana.

Cuando todo lo demás intentaba desordenarse, al menos podía confiar en que una camisa bien planchada seguía siendo una camisa bien planchada.

A las once menos diez ya estaba enfrente al espejo de mi habitación, me mire por unos segundos. No parecía alguien que acababa de perder a su mejor amigo de la infancia.

Eso era bueno.

Desde siempre he sabido que una de mis virtudes era saber mantener una apariencia impecable cuando por dentro estaba hecha un caos.

Tome mi bolso, las llaves, el teléfono y sali. Ni siquiera intente mirar la habitación de invitados donde Bastien dejaba algunas de sus cosas cuando se pasaba por mi apartamento. No había necesidad de comprobarlo porque él se habia llevado todo.

Paris estaba en medio de su hora del almuerzo la gente haciendo cola en la panadería de la esquina. El cielo tenia ese tono gris que parecía acompañar a los lunes y los restos de lluvia de hace unas horas.

El chofer sonó el claxon, subí al auto y deje el bolso en el asiento junto al mío. Mire mi teléfono no había ningún mensaje así que lo bloque. No estaba esperando ninguno por supuesto que no.

Durante el trayecto Charles,el chofer, no intento conversar como a veces lo hace. Despues de tantos años me conoce un poquito. Pensar en cualquier cosa que no fuera Bastien.

La reunión de la una, el proyecto en Normandia, el informe financiero por revisar y la propiedad en Burdeos que necesitaba una restauración urgente para subir su precio en el mercado.

Hacer esa lista por unos minutos funciono. Luego mi cabeza volvió a aquella cocina y cada una de sus palabras. Force una sonrisa.

No voy a pensar en eso, pensé.

Excelente trabajo ma chérie.

La sede de Gauthier Inmobilier ocupaba las cuatro ultimas plantas de un edificio restaurado cerca de la cena y de la línea 14.

El movimiento habitual del edificio me recibió de inmediato con los teléfonos del lobby sonando y con personas volviendo de su pausa de comida. Esto es lo que necesitaba; el ruido y cualquiera cosa que no fuera el silencio.

—Buenos días, señorita Gauthier.

—Buenos días – avance por la recepción sin apenas detenerme.

Mi trato siempre ha sido cordial con la gente que trabaja en el edificio.

—Manon –la voz de Nissa consiguió que frenara mi paso y me gire.

Ella estaba esperando en la salita junto a recepción, traía dos vasos de café.

—Tienes mala cara, chérie. -me tendió uno de los vasos.

—Hola querida -salude.

— Buenos días para ti también –una sonrisa – He traído café.

—Te quiero -seria mi segunda taza del dia.

—Lo sé – Nissa me observo por unos segundos.

Silencio.

—¿Que sucede? -pregunté.

—Nada -ella tomo su cartera.

—Nissa.

—¿Dormiste bien? -mi amiga estaba actuando raro.

—Si -con disimulo vi mi reflejo en el espejo a mi lado.

Me veía un poco cansada, lo normal para alguien quien trabaja para Gauthier Inmobilier.

—Lo suficiente para venir a trabajar -intente bromear.

—Manon, eso no es una cantidad exacta. -me regaño.

—Me quede dormida y justo ahora llego a la oficina -una media verdad.

—Ajà – comenzamos a caminar a los ascensores.

—¿Y que hay de Bastien? ¿Todo bien? -casi tropecé.

Estas preguntas eran parte de la rutina nada ofensivo. Bueno, cuando Bastien y yo aun estábamos en buenos términos.

—¿Qué pasa con él? – Manon quizas sabia algo.

—Solo preguntaba porque ayer cancelo venir a casa porque iría a verte -respondió ella.

Ayer cancele la cena en casa de Nissa porque no me sentía muy bien y luego paso lo que paso. Fin de la historia.

—No preguntes, por favor- pedí con calma.

—Entonces sucedió algo -eso era una afirmación.

—Nissa... -ella es mi mejor amiga desde el lycée y me conoce un pelin.

—Vale, vale -levanto las manos en son de paz -No diré nada, por ahora.

Llegamos a donde estaban las oficinas. Los chicos estaban volviendo de su pausa de comida. Otros ya estaban en su puesto de trabajo revisando planos y revisando contratos.

Este silencio duro exactamente el trayecto hasta mi oficina exactamente dos minutos.

—¿Y vieron Netflix? -ese tono con doble sentido.

La mire horrorizada porque no era el lugar para hablar de cosas así.




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