Ilusiones Bajo Llave

PARTE 5

El pacto con Louis

Jueves, 2 de noviembre de 2023.

Han pasado unos días y nada ha cambiado. Simona sigue leyendo cada noche fragmentos de ese libro hasta quedarse dormida. En una libreta, como si se tratara de un trabajo de clase, ha empezado a escribir una especie de esquema con las claves e información que cree haber sacado de la lectura. Aunque sea poca cosa, para ella resulta necesario para entender mejor la historia y avanzar en su curiosa investigación.

Una mañana más, Simona salió de casa con Alan rumbo al instituto. En los últimos días la cara de Alan había cambiado: parecía que ya nadie le prestaba demasiada atención en clase.

De repente, rompió el silencio:

—Tengo noticias de Louis.

—¿Sí? Suelta —dijo Simona, girándose hacia él.

—Llamó esta mañana… a mi padre. Que le avisara de que hoy podíamos pasar, que ya tiene lo que pedimos.

Simona frenó en seco.

—¡En serio? Qué pasada. Pensaba que tardaría más.

—Sí, bueno… pasada, pasada… —bufó Alan—. La movida es que no sé por qué llamó a mi padre si tenía mi número. Me tocó dar explicaciones, y ya sabes cómo es: pregunta tras pregunta, como si fuera la poli.

Simona lo miró con el ceño fruncido.

—Pero no le habrás contado lo del libro, ¿no?

—¿Estás loca? Claro que no. Le solté la misma excusa del trabajo de clase. Pero, uf, sudé tinta… parecía un interrogatorio de verdad.

Simona soltó una risa de alivio.

—Bueno, pues ya sabes. Cuando salgamos, tiramos directos a ver a Louis.

—Vale, total, tampoco tengo nada mejor que hacer —dijo Alan, encogiéndose de hombros.

Cuando terminaron las clases, fueron directos a verle. Louis los recibió en cuanto llegaron.

—¡Hola, chicos! ¿Qué tal el instituto esta semana? —preguntó Louis con tono afable.

—Bien —respondió Alan—. Sin exámenes todavía, así que todo tranquilo.

—Me alegro —asintió Louis, y luego se puso algo más serio—. Oye, ya sabéis… si veis movidas raras por allí, trapicheos, peleas, lo que sea, podéis contarlo. Incluso anónimo. Si se corta a tiempo, no va a más. Pero si todos miramos a otro lado, acaba peor.

Simona negó con la cabeza.

—Que va, nada raro.

Louis los miró unos segundos y luego sonrió de nuevo.

—Está bien, perdonad la charla, me sale solo. Sé que sois buenos chavales, y si vierais algo no os callaríais.

Rebuscó entre unos papeles y les pasó varios folios impresos.

—Mirad, esto es lo que he podido encontrar. Robos, peleas, drogas… lo típico.

Se recostó en la silla, recordando.

—Asesinatos, ninguno. Yo ya estaba en la brigada en esa época. Era un crío cuando entré, me comí más calle de la que me hubiera gustado, y me costó años llegar a capitán. Pero no recuerdo nada gordo aquí en Vannes. Esto, al fin y al cabo, es una ciudad tranquila.

Simona y Alan se miraron, algo decepcionados. Nada de lo que Louis decía parecía conectar con aquel libro.

Alan dudó un momento, se inclinó hacia Simona y le susurró:

—¿Y si le cuentas…?

Ella le dio un codazo rápido y le lanzó una mirada que decía cállate ya.

Louis, que estaba hojeando los papeles, levantó la vista por encima de las gafas y los observó con suspicacia.

—A ver, chicos… —cruzó los brazos—. ¿Qué estáis escondiendo? No pensaríais que me creí lo del trabajo de clase, ¿no? Vamos, cualquiera de vuestra edad tira de Google y listo.

—Pero es la verdad —saltó Simona, intentando sonar firme.

Louis arqueó una ceja.

—¿Ah, sí? Entonces, si llamo ahora mismo a tu insti y pregunto por ese trabajo… ¿me dirán que existe y que lo has elegido tú?

Simona y Alan se miraron, tensos. Estaban pillados.

Simona suspiró, bajó la mirada y apretó las manos sobre sus piernas.

—Vale… mejor no llames.

Louis sonrió de lado.

—Eso me lo imaginaba. Venga, contadme de qué va todo esto.

Resignada, Simona empezó a hablar. Le resumió cómo había encontrado el libro en la biblioteca, lo que había leído y las sospechas de que podía estar basado en algo real.

Cuando terminó, Louis se recostó en la silla, entrelazó las manos detrás de la nuca y soltó una risa breve, negando con la cabeza.

—Pero bueno… a vuestra edad…

Louis se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio.

—Vamos a ver. Vosotros mismos habéis dicho que el libro fue editado. Entonces es cosa de un escritor, ¿no? Lo más lógico es que sea ficción. Alguien usó un secuestro como recurso narrativo y punto.

Simona se cruzó de brazos con un bufido.

—¿Ves? Te dije que no nos tomarías en serio.




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