UN SUCESO INESPERADO
Viernes 24 de noviembre de 2023
Simona estaba tirada en el sofá, móvil en mano, cuando de pronto dio un salto. Se le heló la cara y empezó a repetir en voz baja, nerviosa:
—No puede ser… no puede ser… pero si hablé con él hace nada.
Sin pensarlo dos veces salió corriendo a la calle. Tocó el timbre de la casa de Alan como una loca.
—¡Ya va, ya va! —se escuchó desde dentro.
Alan abrió la puerta sorprendido al verla tan agitada.
—Pero… ¿a ti qué te pasa?
Simona, casi sin aliento:
—¿Qué qué me pasa? ¡Que no puede ser! Estaba mirando los estados, ya sabes, lo que cuelga la gente… y de repente veo el de Vincent, ¿te acuerdas? El que nos presentó a René.
—Sí, ya sé quién es. Pero, ¿qué pasa con él? No me marees, Simona.
—Pues que ha puesto que… que el funeral de René es mañana. Supongo que para avisar a la gente del barrio.
Alan se quedó helado.
—¿En serio? ¿Ha muerto René?
—Es que… no me lo creo. Tenía una voz tan fuerte, no parecía alguien que fuera a irse al otro barrio así de repente. —Simona se pasó la mano por el pelo, temblando—.
—Bueno, igual tenía algo y no lo decía. Piensa que ya estaba mayor —respondió Alan, intentando tranquilizarla.
—Da igual, le voy a escribir a Vincent ahora mismo —dijo ella, desbloqueando el móvil con manos torpes.
Abrió WhatsApp y escribió:
Hola Vincent, perdona que te moleste. Acabo de ver en tu estado lo de René y me he quedado muy sorprendida. ¿Qué ha pasado? ¿Estaba enfermo?
No tardó ni un minuto en llegar la respuesta:
Lo encontró la señora que iba a limpiarle un par de veces a la semana. Apareció muerto en la bañera, llevaba ya varios días…
Simona sintió un escalofrío. Volvió a escribir:
¿Pero estaba enfermo o algo?
Y Vincent respondió casi al instante:
Que yo sepa, no. Yo hablaba con él casi a diario. Siempre tenía ganas de charlar. Era de esos que si te pillaban, ya podías prepararte… pero en el buen sentido, ¿eh? Yo siempre le dedicaba unos minutos. Supongo que fue algo del corazón, vete tú a saber. Escuché al equipo médico decir que se había ahogado en la bañera. Se montó un buen follón en el edificio, con gendarmes y todo.
Simona tragó saliva y escribió lo último:
Bueno, no te robo más tiempo. Solo hablé con él una vez, pero me pareció un buen hombre. Me ha impactado un montón.
Vincent respondió:
Sí, aquí en el barrio le querían mucho. Era de los pocos de toda la vida que quedaban. Creo que René nació casi con el barrio. En fin… cuídate, Simona.
—Adiós, Vincent. Gracias por contarme —murmuró ella en voz baja, apagando la pantalla.
Se quedó allí, de pie frente a Alan, en shock, intentando aceptar lo que acababa de descubrir.
DIARIO XVI
Junio de 1999
El final no ha llegado, me temo. Ha pasado más de una semana desde que escribí las que quería que fueran mis últimas líneas, pero, no salió como esperaba.
“La Sombra” llegó el mismo día en que intenté poner fin a mi vida, apenas unos momentos después de haberme rasgado una de las muñecas. Debía de estar ya tan débil que no tuve fuerzas para intentarlo con la otra. Recuerdo el mareo, la confusión, la sangre saliendo —sí— pero más despacio de lo que imaginaba.
Él llegó. Y esta vez no dudó en atenderme: la sangre estaba a la vista. No sé de dónde ni cómo, ni en qué momento, pero me puso una venda en la muñeca y me obligó a beber mucha agua. Supongo que pensaba que así recuperaría antes la sangre perdida.
Está claro que no quiere aún mi muerte. Me lo dijo, con una calma que me heló la sangre:
—No será así. Lo siento, pero no.
La carta
Lunes, 27 de noviembre de 2023.
Simona acababa de llegar del instituto. Subió a su habitación, dejó el móvil sobre la cama y comenzó a preparar la ropa para ducharse. Justo entonces, el teléfono vibró.
Miró la pantalla y frunció el ceño: Vicent. Aquello le sorprendió. Dudó un segundo, pero contestó.
—¿Hola?
—Hola, Simona —la voz de Vicent sonaba seria—. ¿Te pillo bien para hablar un momento?
—Sí… claro. Dime.
—Verás, ha pasado algo extraño. Y tiene que ver contigo.
Simona se quedó helada.
—¿Cómo? ¿Qué ha pasado? Explícame, por favor.
Vicent dudó unos segundos antes de continuar.
—No sé si debería haber ido directamente a la policía… pero he pensado que lo primero era hablar contigo.
La chica sintió un nudo en el estómago. Su cara cambió: mezcla de miedo y desconcierto, como si la conversación se estuviera volviendo demasiado oscura de golpe.