_**BIANCA**_
El silencio que siguió a la propuesta de mi padre era tan denso que costaba respirar. Alessandro seguía inmóvil, con la mirada perdida en el vacío, reviviendo aquella noche de hace años. Me acerqué a él, ignorando la presencia de Vittorio, que nos observaba con una sonrisa triunfal, disfrutando del caos que había sembrado.
—Alessandro —susurré, obligándolo a mirarme—. ¿Qué edad tenías tú cuando pasó todo aquello? ¿Y ella? Necesito entenderlo.
Él parpadeó, regresando de un lugar oscuro. Sus ojos estaban inyectados en sangre.
—Yo tenía diez años, Bianca —respondió con una voz que parecía venir de ultratumba—. Sofía solo tenía cuatro. Recuerdo los gritos de mis padres antes de que Vittorio los ejecutara frente a mí. Luego... luego vino a por mí. Me clavó ese cuchillo, aún puedo sentir el frío del acero entrando en mi carne. Me dejó allí para que muriera desangrado mientras prendía fuego a la mansión con mi hermana dentro.
Se hizo un silencio sepulcral. Alessandro se llevó la mano al costado de forma instintiva, como si la cicatriz aún le quemara.
—Me desmayé por el dolor y el humo —continuó—. Desperté horas después en una acera fría, lejos de las llamas. Uno de los hombres de tu padre, alguien que supongo tuvo un último gramo de caridad, me sacó de la casa antes de que colapsara y me dejó tirado en la calle para que alguien me encontrara. Pero a ella... a Sofía... siempre me dijeron que no pudieron llegar a tiempo. Que se había quemado en su habitación.
Me quedé helada. Diez años y cuatro años. Comencé a atar cabos en mi mente, una red de coincidencias que hasta ese momento no habían tenido sentido. Las palabras de mi padre sobre una "familia humilde" y una "identidad nueva" empezaron a encajar con una pieza que siempre había estado en mi vida.
—Espera... —murmuré, sintiendo un escalofrío que me recorrió la columna—. Alessandro, piensa por un momento. Elena.
Él me miró con el ceño fruncido, sin comprender.
—¿Elena? ¿Qué tiene que ver tu amiga en esto ahora, Bianca?
—Elena sabe que es adoptada, Alessandro —dije, y mi voz empezó a ganar fuerza a medida que la lógica se volvía irrefutable—. Ella siempre me contó esa historia... decía que mi padre la encontró sola y desamparada en la calle hace veinte años. Él se la entregó a sus actuales padres diciéndoles que era una pobre niña huérfana que no tenía a nadie en el mundo. Ellos la acogieron con todo el amor que pudieron darle, creyendo que Vittorio había hecho una obra de caridad.
Alessandro se tensó. Sus ojos se abrieron de par en par mientras procesaba la información.
—Ella tiene veinticuatro años ahora —continué, acercándome a él—. La edad exacta que tendría Sofía. Siempre ha estado agradecida con Vittorio porque creía que él la había rescatado de una muerte segura en la calle. Alessandro, Elena ha estado entrando en mi casa, siendo mi apoyo, compartiendo nuestra mesa desde siempre... sin saber que el hombre al que ella considera su "Salvador" es en realidad el monstruo que asesinó a sus padres y te apuñaló a ti.
_**ALESSANDRO**_
Las palabras de Bianca cayeron sobre mí como un bloque de cemento. Miré a Vittorio, que ya no sonreía con tanta suficiencia; su mirada se había vuelto afilada al ver que Bianca había descifrado el acertijo antes de tiempo.
—¿Es ella? —rugí, agarrando a Vittorio por las solapas y levantándolo casi del suelo—. ¿Es Elena mi hermana Sofía? ¡Dilo!
Vittorio soltó una carcajada seca, aunque se estaba quedando sin aire.
—Parece que mi hija es mucho más perspicaz que tú, Moretti. Sí. Elena es la pequeña Sofía. La niña que creíste cenizas ha sido la sombra de tu mujer durante años. La he tenido cerca, vigilada, sabiendo que sus actuales padres me deberían lealtad eterna por habérsela entregado. Ha sido mi mejor inversión.
Solté a Vittorio con un empujón que lo hizo tambalearse contra la pared. La revelación era un golpe devastador. Mi hermana, mi pequeña Sofía, estaba viva. Pero mi alegría se vio empañada por una furia ciega: el hombre que mató a mis padres y me apuñaló era el mismo que le había dado una vida de mentiras a mi hermana, haciéndose pasar por su héroe mientras era su verdugo.
—Ella vive en una mentira —susurró Bianca, con los ojos llenos de lágrimas—. Alessandro, ella adora a sus padres adoptivos y respeta a Vittorio porque cree que le dio una oportunidad. Si le contamos que su "héroe" mató a su verdadera familia y que tú eres su hermano... se va a romper en mil pedazos.
—No puede seguir viviendo bajo la sombra de este animal —dije, con la mandíbula apretada—. Tiene derecho a saber quién es.
Miré a Vittorio y luego a Bianca. Sentí el peso de mi linaje, de mi venganza y, por primera vez, el peso del futuro. El pasado acababa de cobrarse su deuda más alta.
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Editado: 22.01.2026