_**ALESSANDRO**_
La mansión de las afueras bullía con una actividad frenética y silenciosa. Mientras mis hombres revisaban los blindajes de los vehículos y calibraban las armas, yo me encontraba en el despacho del ala sur con Mateo. La invitación de Vittorio era un guante lanzado a la cara, y aunque mi instinto me gritaba que quemara ese faldón de bautismo y redoblara la guardia, sabía que Bianca tenía razón: el miedo es un tumor que solo se extirpa enfrentándolo.
—Hemos interceptado las comunicaciones alrededor de la villa de Valenti —dijo Mateo, desplegando un mapa táctico—. Vittorio ha invitado a los jefes de las tres familias menores. Quiere legitimar su regreso y, de paso, exhibir a Bianca y al bebé como trofeos de su linaje.
—No será un trofeo, será su fin —sentencié, ajustándome la pistolera bajo la chaqueta del esmoquin—. Quiero francotiradores en el perímetro de la villa y a Marco infiltrado como parte del servicio de seguridad externo. Si veo que alguien intenta separar a Bianca de mi lado, la orden es fuego libre.
En ese momento, Elena entró en el despacho. Su rostro estaba inusualmente pálido y sostenía el faldón de encaje que Vittorio había enviado. Sus dedos acariciaban el tejido con una mezcla de fascinación y horror.
—Alessandro, tienes que ver esto —susurró ella. Su voz temblaba—. Estaba examinando el encaje... recordaba que mamá hablaba de los secretos que las mujeres de las familias cosían en estas prendas. Hay algo dentro del forro de seda, justo a la altura del pecho.
Elena puso la prenda sobre la mesa. Con una pequeña tijera, descosió con cuidado una costura casi invisible. De su interior extrajo una lámina de microfilm y una pequeña llave de latón muy antigua.
—¿Qué es eso? —preguntó Mateo, acercándose.
—No lo sé —respondió Elena, con los ojos empañados—. Pero tiene el emblema de nuestra familia, no el de los Valenti. Alguien escondió esto en el faldón de los Valenti antes de que mi madre... antes de que nos separaran. Creo que nuestra madre sabía que este día llegaría.
_**BIANCA**_
Me miré en el espejo de cuerpo entero, ajustando el vestido de terciopelo oscuro que ocultaba estratégicamente mi incipiente vientre. Sabía que esta noche sería la más peligrosa de mi vida. Iba a entrar en la guarida del lobo, del hombre que me dio la vida solo para intentar arrebatármela pieza a pieza.
Alessandro entró en mi habitación. Al ver el faldón sobre la cama y la pequeña llave de latón que Elena había encontrado, se acercó a mí por la espalda y rodeó mi cintura con sus brazos. El calor de su cuerpo era lo único que me impedía desmoronarme.
—Elena cree que esa llave abre una caja de seguridad en el antiguo banco suizo que los Moretti usaban antes de la guerra —dijo él contra mi oído—. Si Vittorio nos ha enviado este faldón, es porque o bien no sabe que el secreto está ahí, o bien es un cebo para que bajemos la guardia.
—Vittorio no deja nada al azar, Alessandro —respondí, dándome la vuelta para quedar frente a él—. Si esa llave estaba ahí, es porque alguien la puso para que nosotros la encontráramos. Quizá mi madre intentó protegernos de él incluso antes de morir.
Él me tomó de la barbilla, obligándome a mirarlo. Sus ojos eran dos pozos de fuego y determinación.
—No importa lo que ese faldón esconda. Esta noche, no eres una Valenti. Eres mi esposa, la madre de mi hijo y la mujer que ha puesto de rodillas a Alessandro Moretti. Vamos a ir a esa cena, vamos a mirar a tu padre a los ojos y vamos a demostrarle que el mundo que él conocía ha muerto.
Salimos de la habitación de la mano, bajando las escaleras donde Elena, Mateo y Marco nos esperaban. El aire estaba cargado de electricidad. No íbamos a una reconciliación; íbamos a un juicio. Mientras subíamos al coche blindado, apreté la mano de Alessandro. Sabía que, pasara lo que pasara en esa cena, el secreto que Elena había descubierto cambiaría la historia de nuestras familias para siempre.
—¿Estás lista? —preguntó Alessandro mientras el coche arrancaba hacia la oscuridad de la noche.
—Nací lista para sobrevivir a mi padre —respondí—. Pero ahora, tengo una razón más fuerte para volver a casa.
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Editado: 22.01.2026