Imperio del Sol

El Cuervo y el Trueno

Episodio 8 — El Cuervo y el Trueno

Convergencia — el duelo que no termina como debería

Yarapu

I

Tupaq Sira llegó al campamento antes del amanecer con el paso de alguien que no necesita que lo reciban porque ya decidió que estaba invitado.

Traía dos guerreros Sajra. Armados, lo cual era una declaración en sí misma — al territorio de los Yarapu se llegaba sin armas o con permiso explícito, y Tupaq no había pedido ninguno. Lo que traía en vez de permiso era esa seguridad específica de quien sabe que la situación ha cambiado suficiente para que las reglas viejas todavía no sepan si aplican.

Ayar lo esperaba de pie en el borde del fuego.

Tarek, que había estado sentado entre los dos grupos con esa posición suya de nadie-y-todos, se corrió hacia un lado sin que nadie se lo pidiera.

Tupaq Sira

—Los traje al valle.

Dicho así, sin preámbulo, como quien enuncia un hecho que los demás ya deberían haber procesado.

Ayar

—Los traje yo.

Tupaq Sira

—El muchacho los guió. El muchacho que el Imperio entrenó. Lo cual significa que hay al menos tres versiones de quién tomó esa decisión y ninguna de las tres fue el consejo.

Ayar guardó silencio. Tupaq era demasiado hábil para responderle de inmediato — cada respuesta rápida era una pieza que él usaba para construir el siguiente argumento.

Tupaq Sira

—Mi explorador regresó. Los vio en los barcos antes de que bajaran. Muchos. Con armas que no reconocemos. Y uno de ellos lo detectó.

Ayar

—Lo sé.

Tupaq Sira

—¿Lo sabes? ¿Y no lo dijiste al consejo?

Ayar

—El consejo se reúne mañana.

Tupaq Sira

—Mañana puede ser tarde. El forastero que detectó a mi explorador no lo persiguió. Lo dejó ir. ¿Sabes por qué deja ir a alguien que lo estaba observando?

Ayar esperó.

Tupaq Sira

—Porque quiere que regreses. Porque el mensaje que lleva tu explorador de vuelta es el mensaje que él quiere que escuches. Estos hombres no llegaron aquí por accidente y no se mueven sin calcular.

Desde el borde del fuego, donde los forasteros descansaban con esa vigilancia contenida de quien sabe que no está en casa, Alaric Voss miraba hacia la conversación sin poder entender las palabras. Pero su postura decía que entendía el tono. Que llevaba la vida suficiente en puertos y situaciones tensas para leer la geometría de una confrontación sin necesitar el idioma.

Tarek los miraba a los dos. A Tupaq. A Alaric.

Ayar lo notó.

Ayar

—Tupaq. ¿Qué propones exactamente?

Tupaq Sira

—Que antes de que el consejo decida qué hacer con ellos, alguien sepa de qué son capaces. Realmente capaces. No lo que muestran cuando quieren parecer mansos.

Una pausa. Larga. Con el fuego entre ellos.

Tupaq Sira

—Tú eres el líder de los guerreros de este valle, Ayar. Si hay alguien que debe saber lo que puede hacer el hombre del ojo extraño antes de que el consejo vote, eres tú.

Ayar miró a Tupaq durante el tiempo que tardó una brasa en apagarse en el borde del fuego.

Era una trampa elegante. Si aceptaba, Tupaq tendría lo que quería — información sobre las capacidades de los forasteros, obtenida con la legitimidad del liderazgo de Ayar. Si rechazaba, Tupaq usaría ese rechazo ante el consejo como evidencia de que Ayar protegía a los forasteros sobre el interés del pueblo.

Y tenía razón en algo que Ayar no podía negar: necesitaba saber.

Convergencia

II

Tarek se acercó a Alaric cuando el cielo empezaba a clarear por el este.

Kane estaba despierto a su lado. Korsk también, con Ceniza en el regazo y los otros dos perros pegados a sus piernas. Corvin dormía sentado contra una roca con la katana apoyada en el hombro, aunque Alaric sospechaba desde hacía tiempo que Corvin no dormía de verdad sino que simplemente cerraba los ojos para que los demás se sintieran cómodos — igual que Willka.

Tarek

—El líder del clan rival quiere saber de qué eres capaz. Ha convencido a Ayar de que es necesario antes de que el consejo se reúna hoy.

Alaric

—¿Un duelo.

Tarek

—Una demostración. Ayar no busca matarte. Busca medirte.

Kane

—¿Y si sale mal?

Tarek

—Si sale mal para Alaric, el consejo vota con la información de que los forasteros son débiles. Si sale mal para Ayar, el consejo vota con la información de que los forasteros son una amenaza que hay que eliminar antes de que el Imperio los encuentre primero. La única salida útil es que ninguno de los dos pierda claramente.

Alaric miró a Kane.

Kane devolvió la mirada con esa expresión de economía total.

Kane

—Un empate calculado.

Alaric

—En todos los idiomas que conozco eso se llama negociación.

Se puso de pie. Se ajustó el parche. Miró hacia donde Ayar esperaba en el centro del espacio abierto del valle, con la primera luz del amanecer empezando a dibujar su silueta contra el verde de la ladera.

Alaric

—Dile que acepto. Y dile que espero que él también salga entero.

Tarek

—¿Se lo digo exactamente así?

Alaric

—Dile lo que necesite escuchar para que empiece con respeto y no con ganas de demostrar algo.

Tarek asintió. Fue hacia Ayar.

Kane observó cómo caminaba — ese paso medido, esa pausa antes de hablar, la forma en que miraba a Ayar y a Alaric en fracciones de segundo alternadas mientras construía la versión de cada mensaje que iba a entregar.

Kane

—No traduce igual para los dos.

Alaric

—Lo sé.

Kane

—¿Y?

Alaric

—Y por ahora nos conviene que ambos lados reciban la versión que los mantiene en la misma sala.

Kane consideró eso.




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