Imperio del Sol

El Mensajero

Temporada 1 · Episodio 11

El Mensajero

Tarek · Kaiyalla · La decisión que no puede seguir postergando

Tarek

I

Tarek pasó la noche en el corredor de los mensajeros porque era el único lugar de la ciudad donde nadie esperaba encontrarlo y nadie lo buscaría hasta el amanecer.

Los mensajeros de élite tenían ese privilegio — la invisibilidad entre encargos. Podían estar en cualquier parte del palacio o en ninguna y el protocolo imperial no lo registraba como anomalía. Era una de las primeras cosas que le habían enseñado cuando llegó a la ciudad con nueve años y más miedo del que cabía en un cuerpo de ese tamaño: el mensajero perfecto es el que nadie recuerda haber visto.

Lo había aprendido bien.

Demasiado bien, pensaba ahora, porque lo había aplicado a todo — a su lealtad, a sus decisiones, a la forma en que se había movido entre los Yarapu y el Imperio durante dos años desde que regresó al valle, siendo útil para todos y comprometido con nadie lo suficiente para que nadie pudiera reclamarlo del todo.

El resultado era que ahora tenía dos personas haciéndole la misma pregunta desde lados opuestos.

Alaric necesitaba saber qué era el Núcleo realmente.

Yorath necesitaba saber qué era el Núcleo realmente.

Y Tarek sabía la respuesta — o la suficiente parte de ella para que decirla cambiara cosas que no podían volver a su estado anterior. La había sabido desde los quince años, cuando se coló en el archivo restringido del Consejo buscando documentación de rutas comerciales y encontró en cambio los registros más antiguos que los Custodios guardaban, los que predataban la fundación del Imperio, los que describían lo que había debajo de la ciudad antes de que hubiera ciudad sobre ello.

Registros técnicos.

No textos sagrados. Registros de medición, de temperatura, de ciclos de actividad. Escritos en un idioma que mezcló con los otros tres que ya conocía hasta que pudo leerlo. Lo que decían no era lo que el Consejo enseñaba.

Lo que decían era peor.

Tarek miró el techo del corredor — la misma piedra dorada que conducía el pulso del Núcleo por toda la ciudad, que lo había conducido mientras él dormía aquí de niño y mientras él corría por las rutas imperiales de mensajero y mientras él regresaba al valle y escuchaba al Sallqa y trataba de ser las dos cosas al mismo tiempo sin terminar de ser ninguna.

Decidió al amanecer.

Fue al corredor de los tributarios y pidió al guardia que le permitiera hablar con el forastero del ojo.

Convergencia

II

El guardia los dejó solos en la antecámara — un espacio pequeño entre la puerta exterior y la cámara interior, con una ventana alta que dejaba entrar la luz del amanecer en una franja estrecha y brillante que cruzaba el suelo de piedra solar entre los dos.

Alaric llegó con el parche puesto y los ojos con esa concentración específica de quien lleva horas sin dormir procesando información. Kane había querido acompañarlo. Alaric le había dicho que no con un gesto.

Algunas conversaciones cambian si hay alguien más en la sala.

Alaric

—Corvin encontró la cámara sellada.

Sin preámbulo. Sin pregunta. Un dato entregado como apertura para ver qué hacía Tarek con él.

Tarek no se sorprendió.

Tarek

—Lo sé. Yorath también lo sabe.

Alaric

—¿Te lo dijo él?

Tarek

—Me preguntó qué encontraría el forastero de la espada si bajaba al nivel inferior. Se lo confirmé sin decirlo.

Alaric

—¿Por qué?

Tarek

—Porque Yorath lleva años sospechando que el Núcleo no es lo que le enseñaron y nadie en este palacio se lo ha confirmado. Y un hombre que sospecha sin confirmación actúa diferente a un hombre que sabe. Necesitaba que empezara a actuar como quien sabe.

Alaric procesó eso.

Alaric

—¿Qué es el Núcleo?

Tarek miró la franja de luz en el suelo entre ellos.

Tarek

—Hay registros en el archivo del Consejo que preceden a la fundación del Imperio. Registros técnicos, no sagrados. Escritos por gente que no adoraba lo que había debajo de esta ciudad — que lo estudiaba. Lo que describen es una entidad bio-mecánica de origen desconocido que lleva enterrada aquí desde antes de que hubiera ciudad sobre ella. Activa. Consciente, en algún sentido que los registros no terminan de definir. Y conectada al linaje que la encontró primero mediante un proceso que los registros llaman intercambio — ella les da energía, ellos le dan algo a cambio.

Alaric

—¿Qué le dan a cambio?

Tarek

—Los registros no lo dicen con claridad. Usan una palabra que en el idioma antiguo puede significar memoria, o puede significar sustancia vital, o puede significar las dos cosas al mismo tiempo. Lo que sí dicen con claridad es que el intercambio tiene un límite. Que el linaje que se conecta al Núcleo puede sostener el intercambio por generaciones, pero no indefinidamente. Y que cuando el límite se alcanza el Núcleo busca un nuevo anfitrión o entra en un estado que los registros describen como hambre.

Silencio.

La franja de luz en el suelo avanzó medio centímetro mientras ninguno de los dos hablaba.

Alaric

—El Emperador está débil.

Tarek

—El linaje lleva generaciones en los límites del intercambio. La guerra contra los Yarapu que perdieron — el Emperador forzó más poder del que el acuerdo sostenía para ganar esa guerra, y el Núcleo cobró el exceso. Lo que ven ahora es el resultado de ese cobro.

Alaric

—Y Aruan sigue forzando más.

Tarek

—Aruan cree que puede encontrar el umbral correcto. Que puede dominar lo que su padre no supo dominar. Los registros dicen que eso es exactamente lo que creyeron los que llegaron al límite antes que ellos.

Alaric se apoyó en la pared. Miró el techo — la piedra solar que conducía el pulso del Núcleo hacia arriba, hacia los templos, hacia el palacio donde Aruan entrenaba en secreto con Edrahm aprendiendo a usar exactamente lo que estaba destruyendo a su linaje.




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