Imperio del Sol · Temporada 1
Episodio 16
Reis
La ciudad del sol eterno · La noche antes
I · La ciudad — Reis
Reis no podía dormir porque la piedra hacía ruido.
No un ruido audible — el tipo de ruido que el cuerpo registra antes que los oídos, que viaja por el suelo y por las paredes y llega al pecho como una presión sin origen claro. Lo había sentido desde la primera noche en las cámaras de los tributarios y había aprendido a ignorarlo de día, cuando había cosas que mirar y escuchar. De noche era lo único que existía.
Los demás dormían. Kane contra la pared norte, con esa inmovilidad de los cuerpos entrenados para descansar sin ablandarse. Korsk con los tres perros pegados a él, que era la única forma en que Korsk dormía porque Korsk no confiaba en ningún espacio que sus animales no hubieran aceptado primero. Hollow con el cuaderno cerrado sobre el pecho como si incluso dormido necesitara tenerlo a mano. Lucien con los ojos entreabiertos, que era lo normal en Lucien y que a Reis todavía le resultaba difícil de mirar sin sentir que lo observaban.
Corvin no estaba. Corvin nunca estaba cuando Reis buscaba a Corvin por las noches. Reis había dejado de preguntarse adónde iba.
Se levantó sin hacer ruido — con la práctica de diecisiete noches en este cuarto — y salió al corredor.
La pierna izquierda le molestaba más de noche. El corte del río del episodio 4 había cicatrizado mal, en diagonal, y Hollow le había dicho que si lo descansaba bien quedaría funcional pero que si lo forzaba antes de tiempo la cicatriz cedería en el momento menos conveniente. Reis había decidido hace semanas que todos los momentos en este lugar eran igualmente inconvenientes y que por tanto no tenía sentido seguir descansándola.
Caminó hasta el extremo del corredor donde había una ventana alta que no dejaba entrar cuerpos pero sí el aire de la ciudad — ese aire que olía a piedra caliente y a algo que Reis no había podido nombrar en diecisiete noches de intentarlo. No era quemado. No era húmedo. Era el olor de algo vivo que no respiraba como los animales respiran.
Se sentó en el suelo con la espalda contra la pared y miró el rectángulo de cielo que la ventana dejaba ver.
En Vharos el cielo de noche tenía humo. Siempre. Los reactores industriales de las Casas-Forja trabajaban a cualquier hora y el humo subía y cubría las estrellas con una capa que de niño Reis había creído que era parte del cielo, que el cielo tenía esa textura gris y naranja cerca del horizonte y negro sucio más arriba. Hasta que un invierno la Casa-Forja donde trabajaba su padre cerró por purga y los reactores pararon y el humo dejó de subir y durante dos semanas el cielo fue otra cosa — limpio, con más puntos de luz de los que Reis había sabido que existían, y él había tenido doce años y había pensado que era el cielo más hermoso que había visto.
Aquí el cielo también era limpio. Todas las noches, el mismo rectángulo de negro con puntos de luz que ningún humo cubría.
Reis lo miraba cada noche como si pudiera encontrar en él algo que le explicara cómo había llegado hasta aquí.
· · ·
Alaric llegó al corredor media hora después.
No lo buscaba. Iba hacia el extremo sur — el corredor que bajaba, que Alaric recorría a veces de noche hasta el punto donde el pulso del Núcleo se volvía audible para el Ojo sin necesidad de activarlo completamente, el equivalente de poner el oído contra una pared para escuchar lo que hay detrás. Lo hacía porque era información y porque la información que costaba sangre era la que conservaba en reserva para cuando la necesitara de verdad.
Vio a Reis antes de que Reis lo viera a él. Calculó en dos segundos: no insomnio de combate, no estado de alerta. El cuerpo de un joven de veintiún años que está despierto porque está despierto, sin razón táctica.
Siguió caminando.
Reis levantó la vista cuando escuchó los pasos.
Reis
¿No duerme?
Lo dijo en voz baja. No como pregunta que esperaba respuesta — como la cosa que se dice cuando alguien aparece en un lugar donde no esperabas a nadie y necesitas que el silencio no sea incómodo.
Alaric se detuvo.
Alaric
No.
Reis esperó a ver si Alaric seguía caminando. Alaric no siguió caminando. Se apoyó contra la pared opuesta y miró la misma ventana alta que Reis había estado mirando — el rectángulo de cielo limpio con sus puntos de luz sin humo.
Durante un momento ninguno de los dos dijo nada. Era el silencio de dos personas en un corredor de noche que no tienen razón para hablar pero tampoco razón suficiente para irse.
Reis
El suelo hace ruido.
Alaric
Lo sé.
Reis
¿Qué es?
Alaric consideró cuánto de la respuesta real era útil darle a alguien que tenía que seguir funcionando en este espacio durante dos días más.
Alaric
Algo que lleva mucho tiempo aquí.
Reis asintió. No como quien entiende completamente — como quien acepta que la respuesta que recibió es la respuesta disponible y que pedir más no va a producir algo más útil.
Lo había aprendido en el tiempo que llevaba con el Cuervo Roto: que Alaric nunca daba más información de la necesaria, y que eso no era crueldad sino economía, y que la economía de Alaric era lo que había mantenido vivos a los que seguían vivos.
· · ·
Fue Reis quien habló primero, después de un silencio que duró el tiempo que tardó un guardia en pasar por el corredor exterior y alejarse.
Reis
Yo vine porque mi hermano debía dinero.
Lo dijo mirando la ventana. No a Alaric.
Reis
A la Casa-Forja Merek. Mi hermano trabajaba en el cuarto reactor y firmó un contrato de anticipo que no leyó bien. Cuando entendió lo que había firmado ya debía tres años de salario. Y la Casa Merek tiene sus propias formas de cobrar lo que le deben.
Una pausa.
Reis
Brakka reclutaba en el puerto. Decía que el Cuervo Roto pagaba por adelantado a quien se enrolara antes del amanecer. Pagó lo suficiente para cubrir la deuda de mi hermano con algo encima para que comiera mientras yo no estuviera.