Impredecible

Capítulo 3

LO PROMETO

¿Cómo seguir adelante?
Cómo regresar a un lugar en donde tenía lo más valioso de su vida. Ahora solamente debía verla recostada con la incertidumbre de sí alguna vez volverá a tenerla a su lado.

Su cabeza seguía punzando, pero su corazón dolía aún más. Como si lo estuvieran desgarrando sin piedad. No importaba cuánto gritara ni cuánto suplicara; el destino se había encargado de destruirlo. Aunque ya no sabía si había sido el destino... o tal vez Dios.

Había pasado días en el hospital. Cada noche se sentaba a su lado y suplicaba hasta que la boca se le secaba, hasta que sus ojos se cerraban por sí solos del cansancio. Estuvo varios días internado con calmantes y pastillas para dormir. No solo había perdido a su esposa, había perdido su vida entera.

-Cariño, tienes que comer... -Amber lo sacó de sus pensamientos y le ofreció un vaso de café. Él negó con la cabeza.

-No, gracias.

-Lo sé, pero tienes una recuperación que seguir... los niños necesitan ver a su padre fuerte.

-Los niños me necesitan... -repitió con sarcasmo-. ¿Qué voy a decirles? Ni siquiera sé cómo manejar esto con ellos...

Bajó la mirada y apoyó la cabeza entre las manos, derrotado, mientras nuevas lágrimas borraban el rastro de las anteriores.

-Solo debes decirles la verdad...

-¿Qué verdad, Amber? -respondió exasperado-. ¿Qué su mamá está aquí y que ni siquiera sabemos cuándo va a despertar? ¿Eso quieres que les diga? ¡Son solo niños!

Amber resopló y se sentó en la pequeña sala dentro de la habitación. Su mirada estaba tan perdida como la de él.

-Yo también la perdí... -sus ojos se llenaron de lágrimas-. Mi pequeña...

Los sollozos se hicieron más fuertes, Logan bajó la mirada, resopló y se acercó a ella; rodeándola con un abrazo que pudiera calmar ese dolor que ella también sentía.

-Ella está aquí, sin moverse, probablemente sin saber lo que pasa -volvió a hablar, pero ahora con el corazón en la mano. Todos estaban pasando por lo mismo, todos la habían perdido, pero no podían perderse ellos-. Esos niños están solos y están igual de asustados que nosotros. Han preguntado por ti... y ahora no puedes hacer nada por Beth, pero sí puedes hacerlo por tus hijos. No los dejes tú también.

Amber se limpió las lágrimas y salió de la habitación.

★★★

A los pocos días salió del hospital, no quería dejar a Beth sola en el hospital tanto tiempo.
Los niños estaban en casa con su tío, así que fue a buscarlos ahí.

Al llegar, encontró a Rob sentado en el pórtico. Tenía una botella de alcohol entre los dedos y lo observaba en silencio. Al hacer contacto visual, se levantó de inmediato y lo abrazó.

-Perdona que no haya ido a visitarte al hospital. Los doctores me provocan ansiedad -admitió con una risita nerviosa.

-Tranquilo. Agradezco que te hayas quedado con los niños todo este tiempo.

Se sentaron nuevamente. Logan intentaba alargar ese momento todo lo posible; sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarlo todo sin pretextos. Sus manos se movían inquietas, jugueteando con sus dedos.

-¿Cómo estás? -preguntó Rob con cuidado.

Logan suspiró.

-Bien... ya sabes...-se limpió el sudor de la frente con una mano-. Tendré que reposar un tiempo para evitar demasiada movilidad.

-Me refería a Beth... -ambos bajaron la mirada y por unos segundos reinó el silencio.

Escuchar su nombre le revolvió el estómago, le mareó la cabeza y le atravesó el corazón como una cuchilla. No estaba listo para hablar de ella.

-Yo... -las palabras se atoraron en su garganta-. No sé cómo voy a decirles a los niños...

-Ellos están tranquilos -respondió Rob-. Haz lo que creas conveniente. Eres su papá. Ahora eres su pilar más fuerte

Eso le devolvió un poco de calma. No pensaba ocultar la verdad, pero tampoco decirla de la forma más cruel posible.

Minutos después, Rob se despidió. Dijo que tenía asuntos de trabajo, pero sabía que necesitaba despejar su mente. Las noches en que Rob estuvo solo con los niños, no podía verlos sin soltar una lágrima. Siempre a escondidas, pues su deber no era preocuparlos. Pero sintió pena por ellos. Mientras estaba sentado en ese pórtico recordó aquellos días en que Beth y él eran niños. Su hermana mayor siempre defendiéndolo de todo. El día que Beth lo había descubierto bebiendo y fumando a escondidas, ella le dijo que mientras refugiara sus problemas en el alcohol, nunca iba a saber enfrentarlos. Desde ese momento se juró a él mismo y a ella, afrontar la vida, sin importar lo dura que fuera. Ahora, la vida lo estaba poniendo a prueba.

Miró la botella por horas, aguantando las ganas que tenía de desaparecer ese miedo que lo había invadido todo este tiempo. No era lo que Beth hubiera querido, pero ahora ella ya no estaba y eso no podía afrontarlo así de sencillo, a pesar de que su mundo se sentía derrumbado, no bebió ni una gota de aquella botella. Había hecho un juramento y no iba a romperlo ahora.

Después de la plática que habían tenido, muchas opiniones, ideas y opciones se habían colado a su mente. Logan decidió hacerle caso al consejo de Amber e intentar seguir con su vida normal, aunque eso implicara contenerse cada vez que alguien mencionaba a Beth. Su pecho ardía, pero estaba convencido de que tratar de seguir era lo mejor por ahora.

Entrar a la casa fue un golpe brutal. El vacío le provocó náuseas.
¿Cómo iba a decirles que existía la posibilidad de que su mamá no regresara?

El silencio era insoportable. Los niños estaban en sus habitaciones. En ese silencio escuchaba la voz de Beth. Recuerdos simples invadieron su mente: llamarlos para cenar, ver Grey's Anatomy, sonreírle desde la cocina.

Sentía que, si se quedaba quieto, ella bajaría en cualquier momento para recibirlo después de un largo día de trabajo.
Pero la realidad lo golpeó y eso que tanto deseaba no ocurrió. Ella no estaba. Y ya nada podía ser como antes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.