NAUFRAGIO
—Kath, tu mamá...
— Lo sé, Alice. Mamá está dormida
—Es algo más complicado que eso... —la toma de la mano y la lleva dentro del hospital.
Kath mira a su alrededor a todos los heridos. Personas llorando afuera de algunas habitaciones, tal vez por la pérdida de algún ser querido o también están esperando que alguien despierte de ese sueño eterno del que todos hablan.
No comprende muy bien las emociones de los adultos, pero de algún modo le recuerda a papá y a su hermano. Casi ninguno se dirigía la palabra entre sí. Mientras ella buscaba su cariño, ellos estaban sumergidos en sus propios problemas.
Al llegar a la habitación, Alice se puso de cuclillas para estar a su altura.
—¿Lista? —Kath asintió.
La puerta se abrió lentamente. Miró con atención el cuerpo de Beth, recostada sobre la cama. Algunas lágrimas desesperadas descendieron por sus mejillas. Las limpió y se acercó lentamente a ella.
—No parece estar dormida... —admite con miedo.
—No lo está... —Alice se posiciona junto a ella.
—Papá prometió que despertaría...
—Bueno, todos deseamos que lo haga. ¿Quieres hablar con ella? —Kath la mira dudando—. Tranquila. Sigue siendo tu mamá.
La sube a la cama con Beth. Alice sale para darle un poco de privacidad y cierra la puerta.
Kath no sabe qué hacer, se queda inmóvil algunos segundos, Su corazón late desenfrenado. Era la primera vez en dos años que volvía a verla. Ahora luce un poco diferente.
Papá había dicho que tenía algunos golpes y rasguños en su rostro, pero ella no veía rastro de ninguno. En un movimiento lento acarició su rostro. Sus manos y se recostó en su pecho tratando de escuchar su corazón. Sonrió al instante, ahora podía decir con certeza que su mamá no estaba muerta, la tenía enfrente. Tal vez no estaba despierta, no podía hacerle el desayuno y tampoco ir a casa para que todo sea como antes, pero estaba viva y eso le era suficiente para ser feliz otra vez
—¿Tu abuela sabe que estás aquí? —niega—. ¿Y tu padre? —vuelve a negar.
Habían salido de la habitación hace apenas diez minutos. Kath estuvo bastante tiempo ahí dentro, acariciando y observando a su mamá. No había podido hablarle pues no sabía exactamente que decirle. Pero verla le había levantado el ánimo por completo.
Alice la había invitado a almorzar con ella, así que ahora estaban en una mesa de la cafetería del hospital comiendo un sandwich de huevo y fruta picada.
—Estarás en problemas si se enteran, Kath
—No lo harán...
—No puedo ocultárselo a tu abuela y mucho menos a tu padre. Podrían despedirme.
—Por favor Alice, papá no me deja venir aquí. No quiero estar en casa, sola.
—¿Sola...?
—Papá y Dylan están muy ocupados... Quiero ayudar a que mamá despierte para que papá me ame otra vez.
Alice suspiró, estaba entre la espada y la pared. Si le permitía quedarse, ella podía perder su empleo. Además, no podía ocultarle esto a Amber. Ella la había recibido muy bien y ahora se sentía parte de ellos como para ocultarle esto.
—¿Cómo llegaste hasta aquí?
—Estaba en el parque y una mujer me trajo hasta aquí.
—Sabes que no debes de confiar en desconocidos
—Lo sé, pero ella... —se detuvo. Recordar aquel miedo paralizante que le había provocado ese hombre la hacía sentirse ansiosa de nuevo—. Ella estaba con su bebé, no parecía peligroso.
Ambas guardaron silencio por algunos segundos.
—Te gusta mucho ese parque, ¿cierto? —cuestiona Alice.
—Es mi favorito —responde con una sonrisa.
—Tu abuela me platicó que pasas bastante tiempo ahí.
—Si, algunas veces cuando salgo de la escuela voy.
—¿Y qué haces ahí? ¿Tienes amigas? —baja la cabeza y mira las migajas de pan entre sus dedos.
—No, pero si voy a estar sola en mi casa, prefiero estar sola en el parque —abre su mochila y saca el dibujo que hizo esta tarde—. Si mamá despierta, ¿puedes darle esto?
Le entrega el dibujo. Alice lo admira con tristeza de ver a esa pequeña añorando a su mamá.
—Lo haré —le sonríe.
Por la noche, Logan regresó a casa. Un silencio fantasmal rondaba por todos los rincones.
Echó un vistazo a la nevera. Simplemente por costumbre, pues desde hace casi dos años que la nevera está prácticamente vacía y la cocina se usaba con poca frecuencia.
Subió a su habitación. Estuvo trabajando en algunas obras y había sido un día bastante pesado. Necesitaba sentir el agua bajar por su espalda y eliminar cualquier rastro de suciedad. O tal vez necesitaba que el agua se llevara todos esos pensamientos que lo atormentaban.
Una vez que terminó de hacer todo esto, se acercó al cuarto de Dylan. Él ya estaba recostado en su cama, miraba a la pared y respiraba serenamente. Logan suspiró.
Definitivamente no estaba siendo el padre que ellos necesitaban, pero ahora su mente no podía dar más. Los recuerdos de Beth y del accidente lo abrumaban y lo perseguían con culpa. No necesitaba que sus hijos también lo vieran así.
Pasó también a la habitación de la pequeña, se sentó a un lado de su cama y la observó. Cuanto se parecen, pensó. Verla era un constante recordatorio de Beth y el pecho le hervía.
Hubiera querido ser él, estar postrado en esa cama y que Beth se encargara de todo esto. Ella siempre había sido su motor, su guía ante la vida. Ahora se sentía como navegar en un océano con una venda cubriendo sus ojos, el problema era que él era el capitán, necesitaba mantener a toda su tripulación a salvo, procurando navegar por aguas tranquilas, pero era imposible. Los estaba llevando hacía una tormenta que desataba las más grandes olas, todo el barco se hundiría y también sería su culpa. Así como no supo frenar a tiempo, su barco podría naufragar y toda su familia sufriría las consecuencias.