DESASTRE
—Logan, cariño. Ya despierta —las manos de Beth sacudían su hombro con cuidado.
—¿Qué hora es? —aún somnoliento, se sentó en el borde de su cama frotándose los ojos.
—Los niños te necesitan...
Abrió los ojos de golpe y descubrió una habitación vacía que ya era iluminada por la luz del sol. Solamente había sido un sueño, como parecía ser toda su vida ahora. Solamente sueños y pesadillas en dónde ella regresaba.
Bajó a desayunar y lo primero que se encontró fue a Kath sentada sobre el sillón de la sala, viendo algunas caricaturas en la televisión, mientras Dylan desayunaba antes de irse a la escuela.
—Kath, arréglate para la escuela —demandó. Dylan soltó una risa sarcástica que llamó la atención Logan.
—Aún no lo sabes, ¿cierto? —se atrevió a comentar cuando se dio cuenta— Tiene suspensión, se peleó con una niña de su salón.
Logan volteó a verla, con la mirada confusa mientras Kath intentaba con todas sus fuerzas hundirse en el sillón.
—Kath, ¿Por qué hiciste eso?
—Lo sabrías si hubieras contestado tu celular. Estuvieron tratando de contactarte. La dejaron irse a casa sola cuando supieron que no tendrían respuesta —respondió tajante.
Logan guardó silencio. Recordó haber puesto su celular en silencio pues una junta de trabajo demandaba toda su concentración.
—Necesitan que te presentes hoy, el director quiere hablar contigo —se levantó de la mesa y subió de nuevo a su cuarto.
Kath lo miraba desde el sillón, tratando de no moverse demasiado y así evitar un regaño, uno que nunca llegó. Su papá miraba un punto fijo en el comedor, aunque su silencio podía decir más que cualquier cosa, estaba decepcionado de ella, o eso creía la pequeña.
Ya en la escuela, Dylan acompañó a su papá a la oficina del director. El cual ya los esperaba junto con una maestra.
—Buenos días, señor Logan. Por favor tome asiento —le informó después del apretón de mano—. Como Dylan debió comentarle, ayer Katheryn tuvo un incidente con una de sus compañeras.
—Ella dijo que mamá estaba muerta —interrumpió Dylan. El director asintió comprensivo.
—Es correcto, aunque eso no justifica agredir físicamente a la otra persona. También se puso un castigo a su compañera. La maestra nos informó que varios de sus alumnos escucharon lo que pudo ocasionar la reacción de Katheryn.
—Yo... Me disculpo por su comportamiento. Me encargaré de que esto no vuelva a suceder.
—¿Tú lo vas a impedir? Ni siquiera estás en casa —espetó Dylan.
—Señor Logan —se aclara la garganta —. Kath es una niña brillante. Es inteligente y pasa la mayoría de sus materias con excelentes calificaciones, pero es una niña muy reservada. Participa con poca frecuencia y muestra poca importancia a relacionarse con sus compañeros. Creo que ella merece algo más que un regaño de su parte. Ella necesita su atención.
—Bueno director, como usted y toda la gente sabe, mi esposa está en coma. Tengo que trabajar lo suficiente para poder pagar el hospital y darle lo mejor a mis hijos —respondió con desdén.
—Darles lo mejor no siempre es material señor, tiene unos hijos maravillosos —Logan bajó la cabeza mientras sentía un ardor recorriendo su pecho —. Y lamento mucho lo de su esposa. Apuesto a qué Kath es como ella.
Al escuchar eso, la rabia que poco a poco se iba apoderando de él, disminuyó de golpe, procesando lo que dijo. Era cierto, Kath era tan parecida a su madre, aunque ahora fuera una niña silenciosa, el parecido físico era innegable. Sonrió por dentro.
Después de unos minutos de plática, Logan y Dylan salieron a las canchas de la escuela.
El menor tenía unas pruebas antes de su primera clase, así que su padre lo acompañó hasta ahí.
—Dylan, ¿Por qué no me dijiste lo que le dijeron a Kath? —cuestionó.
—¿Para qué? —respondió sin mirarlo, atándose las agujetas de sus zapatos deportivos.
—¿Para qué? Dylan ella es tu hermana, no esperas que se defienda sola, ¿O si?
—Bueno, lo hizo.
—Dylan...
—¡Basta, papá! Ambos sabemos que en cuanto regresemos a casa te dejará de importar y la gente seguirá diciendo cosas de mamá... —las lágrimas desesperadas resbalaron por sus mejillas.
—Eso no es cierto...
—¡Claro que sí! ¡La gente habla sin parar, dice lo que quiere sin importar lo que sintamos! —su rostro estaba rojo de la ira y vergüenza que sentía al notar que sus demás compañeros los observaban—. No voy a dejar que ellos hablen así de nosotros, o de mamá. Kath no lo hizo, así que estoy de su lado. Tú puedes regresar a tu trabajo.
Se alejó a la cancha, limpiándose las mejillas y tratando de respirar con calma. Mientras los demás niños reían y susurraban a su paso. No le importó, su hermanita de ocho años le dio el valor suficiente como para levantar la cabeza por él y su familia.
En cambio, Logan no entendía qué era lo que estaba haciendo mal. Había tratado de corregirle que cuando dijo "Eso no es cierto" no se refería a que no creía lo que la gente decía de ellos. En carne propia le había tocado cruzarse con algunas madres que insinuaban poder suplantar a Beth. Cuando dijo eso, se refería a que no era cierto que no le importaran sus hijos.
Ahora era lo más preciado que poseía, pero la culpa no lo dejaba pensar ni actuar como padre.
Si los niños estaban molestos, significaba para él, que ellos podrían percibirlo como el culpable de todo. Y era cierto, aunque no estaban molestos porque que pensaran que él tenía la culpa, estaban molestos por dejarlos solos cuando ellos también lo necesitaban.
Esa misma noche, Amber llegó a cenar con ellos. Algunos días de la semana procuraban juntarse por las noches, al principio lo hacían para sobrellevar la reciente situación de Beth, pero ahora esas noches simplemente servían para aumentar la soledad que cada uno tenía. Aunque estuvieran ahí, cenando todos juntos, sus mentes no se encontraban presentes. No del todo.