Impredecible

Capítulo 9

WAFFLES

El verano se acercaba lentamente. Las hojas de los árboles dejaban de lado sus colores marrones y muchos de ellos ya habían retoñado flores hermosas que decoraban las calles de la ciudad.

El aire ya se sentía fresco y libre. Muchas de las aves e insectos volvían a andar por los jardines y el calor se abría paso, dejando ver siempre un cielo azul y despejado.

Hacía semanas que Logan no ponía un pie en el hospital. Antes, podía durar horas sentado a lado de su esposa. Aunque siempre regresaba a casa deshecho. Pensaba que tal vez, si se mantenía lejos de ahí, podía asimilarlo mejor. Además, mantenerse ocupado lo hacía despejar su mente.

Pero este día recibió una llamada que lo dejó alarmado. En el hospital requerían su presencia.

Mientras conducía, su mente y su corazón se mantenía frenéticos. Despertó, pensaba. Aunque no quería hacerse ilusiones tan rápido, no podía evitar que pequeñas sonrisas se le escaparan. ¿Tendría que llevarle flores?

Sin embargo, al llegar al hospital su semblante se esfumó. Alice cambiaba los medicamentos y sueros. Bajó la mirada hacia Beth, que seguía en la misma posición de siempre.

—¿Está todo bien? Me llamaron y creí que...

—Logan, Beth abrió los ojos —sin apartar su mirada, se acercó a ella cauteloso.

—¿Beth? —sus ojos se cristalizaron al igual que su corazón.

—Solo fue por un instante, los doctores dicen fue una reacción de la infección

—¿Infección? —se giró hacía ella. Sus ojos dejaban ver una frialdad que le recorrió toda la medula.

—Desarrolló neumonía. Es muy común en su estado. Es seria pero tratable.

—Se supone que estás aquí para cuidarla, ¿y vienes a decirme que desarrolló una infección? —el tono de su voz la hizo desconcertarse y su mirada clavada en sus ojos la obligó a bajar la mirada.

—Lo lamento, pero no fue un descuido de mi parte. Debe entender que, por su situación, las infecciones son más fáciles de aparecer. El doctor fue notificado a tiempo y lograron estabilizarla

—Recuerdo que mencionaste que eras competente en tu trabajo —bramó con ironía. El comentario le hirvió en la sangre, dejando ver la molestia en sus ojos.

—Yo estoy con su esposa, cuidándola todos los días. Hablo con ella, le canto, la baño y cepillo su cabello para que, aunque no esté consiente, su cuerpo se sienta cómodo. Usted solo viene y se lamenta de la situación sin importarle otra cosa —espetó. Pasar gran parte de su día con Beth, la había hecho comprender que, aunque las cosas parecen perfectas, también tienen un fin. También pueden romperse corazones sanos y ya no podrán ser restaurados ni con el pegamento más fuerte del mundo. Ella estaba tratando, día con día, de asegurarle a Beth que aún la esperaban.

Salió de la habitación, dejando solo a Logan. Quien tenía su mirada perdida en el suelo. Su corazón, igual de frágil, sintió culpa de haberle dicho eso. Pero él había puesto en duda su capacidad, cuando él no sabía ni la mitad de cosas que ocurrían en esa habitación. No sabía, que aunque Beth no estaba despierta, Alice había formado un vínculo con ella.

Las horas transcurrieron lentas, Logan no salió de la habitación y Alice no quería interrumpir.

Lo observaba perfectamente desde el lobby, tomaba la mano de su esposa y su frente estaba recargada en ella. Pensó que tal vez había caído dormido. Así que fue por un café, algo de comida y se acercó sigilosa al cuarto. Dejando todo en la mesita de noche para cuando despertara pudiera ingerir algo.

—Estoy despierto — musitó levantando su mirada vacía.

Alice tomó asiento a su lado, sosteniendo su taza de café con las mangas de su suéter para no quemarse.

—Siento haberte tratado así, no es tu culpa —agregó Logan, que dejaba ver un rostro avergonzado— También lamento haber pensado que no eras competente...

—Yo...

—Cuando te conocí, ¿lo recuerdas?

—Como olvidarlo —ambos carcajearon, dejándose llevar por un suspiro de alivio que pudiera romper la tensión.

Logan sonrió al ver la bandeja con waffles y el café a un lado

—Ella siempre decía que los waffles curaban heridas. Bueno, eso le decía a los niños

Alice tomó un waffle y se lo entregó.

—Entonces los necesitas —lo aceptó sonriendo.

—Gracias, he estado tan... ocupado que no había tenido tiempo para agradecerte lo que has hecho por ella... —admitió.

—Es mi trabajo —respondió con la mirada abajo.

Pasaron algunos minutos en un silencio reconfortante. Por primera vez en mucho tiempo, Logan sentía que su mente descansaba de todo el ruido que lo perseguía hasta el cansancio.

—Mi hija me pidió que le prometiera que su mamá va a volver...—declaró con su voz hecha pedazos. Su mirada parecía caerse en cualquier momento, parecía que podía desvanecerse en el espacio-tiempo e ir a buscar a Beth, en donde sea que estuviera. Su alma cansada se estaba rindiendo, dejando al aire las promesas que hizo de permanecer fuerte. Ya no podía más.

— ¿Y qué le dijiste?

—Que sí...

—Entonces hiciste lo correcto.

—Aunque, eso ahora parece no llegar. Han pasado dos años... y ella sigue aquí

—Ella es fuerte, aunque no lo notes, está haciendo el esfuerzo de quedarse. Ella no se ha ido

—Yo... estaba a punto de irme. Rendirme y dejar de lado la idea de que va a despertar, pero parece que no puedo alejarme. Hoy abrió los ojos y no estuve aquí para verla. Últimamente no he estado para nadie...

—Es difícil sentir que carga con todo, ¿no? —su rostro cansado asintió —. Pero debe saber que no lo está haciendo solo. Su familia también lo está pasando mal —sacó del cajón de la mesita de noche, el dibujo que Kath le había encargado y se lo entregó.

—¿Ella es Katheryn? —asintió.

—Se siente sola, igual que tú, pero no deje que tu ego deprimido hable por ti —se levantó del sillón y caminó a la puerta con la intención de alejarse—. Los waffles curarán un pedacito de tu alma, ahora deja que el tiempo se encargue del resto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.