YO VOY A CUIDARLA
Alice pensó demasiados días la propuesta de Kath. Se debate si ocultarle esto a Logan y Amber de verdad sería un problema, pero después de ver a Beth abrir los ojos, se dio cuenta de lo mucho que ella necesitaba a sus hijos. Así que ahora estaba en camino hacia el parque, en donde sabía que encontraría a Kath. Aunque eso podía ir en contra de su contrato de trabajo, prefería seguir lo que su intuición le decía que era correcto.
Estaba sentada en uno de los viejos columpios. Apenas y se balanceaba, solo estaba observando a la nada.
—Creí que era tu parque favorito —dijo mientras tomaba asiento en la banca del fondo. La pequeña giró y sonrió por verla ahí.
—Lo es
—¿Entonces por qué no estás divirtiéndote como los demás niños?
—Me gusta el silencio
—Lo siento —admitió con una sonrisa de lado —supongo que entonces no te molestará el silencio del hospital.
Kath giró nuevamente, con una mueca de confusión.
—Lo pensé mucho y, aunque no me agrada la idea, creo que en este lapso será bueno que veas a tu mamá y que ella te escuche...
De un salto, bajó del columpio y corrió a abrazar a Alice. Su corazón latía frenéticamente y no podía ocultar la felicidad que esto le hacía sentir.
—Con la condición de que no te meterás en problemas en la escuela, que no le dirás nada a tu padre y a tu abuela y que solamente podrás visitarla los miércoles y viernes. Tu abuela no va esos días y tu papá va por las noches así que... —Kath asintió feliz a todo —. Bien, esos días yo pasaré por ti aquí, ¿de acuerdo? Nada de andar en autos de desconocidos
Pasaron la tarde en el cuarto de Beth, entre risas y cuentos divertidos. Ninguna de las dos había pasado un momento tan agradable para el corazón como aquel.
Sin embargo, Dylan parecía no encontrar su camino todavía.
Su mente estaba ajena a todo, que mientras lo demás seguían con su vida, la suya solamente se había detenido.
—Dylan... —la voz de su papá lo sacó de sus pensamientos. Incorporándose nuevamente en su escritorio, ya que se había recostado sobre toda su tarea aún sin terminar —. Lo que mencionaste, el otro día acerca de que no me importan... eso no es verdad.
Este era el tipo de conversación que para Dylan era interminable, porque hablar con su papá significaba que nada en el mundo podría contra su opinión así que no pudo evitar rodar los ojos
—Sé que por mis acciones eso es justamente lo que parece, pero quiero demostrarte que no es así...
—Si no es así entonces, ¿podemos ver a mamá?
—Dylan...
—Lo sabía... —suelta decepcionado, levantándose de la silla para salir de la habitación.
—Eso no tiene nada que ver con que no me importen
—¡Claro que si! ¿No te das cuenta? Eres tan egoísta que ni siquiera lo notas, nos alejas de ella y también nos alejas de ti... —salió de la habitación sin esperar a que su papá pudiera defenderse de algo que no era verdad, pero para los niños era la única verdad que conocían.
Salió de su casa corriendo, sin importarle que el aire no lo dejara respirar, que sus pies le falsearan con cada pisada que daba y que su corazón le pidiera que se detuviera, no podía. Quería correr y correr hasta llegar a algún lugar en donde ya no pudiera sentir nada, en dónde no extrañara a su familia, los días de pícnic y las navidades felices.
Las semanas transcurrían con un aire diferente, no era precisamente esperanzador, pero por lo menos para un integrante ya no se sentían tan desolados. Ahora, salir de la escuela e ir al hospital a hacer bobadas con Alice, se había vuelto la cosa favorita de Kath.
Pasar las horas en el hospital, en vez de estar bajo las sombras de su cuarto, se estaba convirtiendo en su lugar seguro. Aunque su mamá no estaba ahí como tal, pero sabía que la estaba viendo feliz y eso le alegraba el corazón.
Alice le enseñaba cada vez un nuevo peinado, el cual, siempre se emocionaba por levantarse en las mañanas, seguir los pasos que Alice le había mencionado y llegar a la escuela con un nuevo aspecto.
Ahora sentía que también era toda una experta dibujando, su imaginación ya no tenía límites, pasó de dibujar un lado triste de ella a retratarse a sí misma viviendo aventuras que antes le parecían imposibles en las que algunas veces incluía a Alice.
En casa, las cosas parecían avanzar pero más lento que todo lo demás. Aunque las noches de Logan seguían siendo de angustia, por lo menos ya tomaba algunos descansos entre semana, por fin sin miedo a sus propios pensamientos.
—Logan, cariño, ¿dónde está Kath? —preguntó Amber, después de haberla buscado y encontrarse con un cuarto vacío.
—Está en el parque —respondió Dylan.
—¿En el parque? —se asombra Logan.
—¿A esta hora? Son casi las seis de la tarde
—Creo que tiene una amiga ahí o algo así —añade Dylan.
—Es muy pequeña para que esté tan noche afuera, ¿Por lo menos te has asegurado que sí está ahí? —cuestiona Amber cuando nota la sorpresa y confusión en Logan.
—Papá no sabe dónde estamos la mayoría del tiempo —alega con indiferencia.
—¡Eso no es verdad! —responde harto de la misma acusación.
—¿Entonces en dónde está mi hermana? Perdón, olvidé que nos amas tanto que por eso te la pasas en el trabajo
—¡Basta los dos! Dylan, sube a tu habitación
—Pero...
—Hazlo —ordenó la misma. El niño rodó los ojos y subió.
—Logan...
—Ya sé lo que vas a decirme —interrumpió—. Ahorrátelo.
Salió de la casa con rumbo al hospital, en estos días ir al hospital y hablar con su esposa le hacía vaciar su cabeza, sentirse liberado y poder poner claros sus pensamientos y sentimientos. El enojo lo cegaba la mayoría de las veces, pero es un método de defensa que su mente creó cuando todo pasó.
Recordaba las palabras de Alice "cargar con el peso de todo" sentía que cargaba con la idea de que sus hijos estaban decepcionados y era la cosa que más pesaba en el mundo.