Impredecible

Capítulo 11

AMAR EN AUSENCIA

—No puedo hacerlo... No voy a abandonarla, Alice.

—Nadie está pidiendo que lo hagas. Sé que la amas, pero debes entender que amar también significa que debes aceptar que probablemente ya es tiempo de que la dejes ir.

—¿Y qué tal que se equivocan? ¿Y si está a punto de despertar? ¿Cómo saben que no podría despertar mañana?

—No lo sabemos, así como no sabes si lo hará.

Observa a Beth y se pregunta si en verdad todo el tiempo que estuvo esperando había valido la pena solo para que alguien le dijera que tiene que dejarla ir nuevamente.

—¿Y mis hijos? Les prometí que iba a despertar —su voz se quiebra y sus ojos sueltan el dolor acumulado. Se deja caer en el sillón y sin querer evitarlo comienza a llorar.

—Todos alguna vez hemos hecho una promesa que después fue difícil cumplir... Hiciste lo que pudiste para mantenerlos seguros, ahora es momento de que hagas algo por ella...

Trasladar a Beth a la casa de Amber hacía que un nuevo miedo se instalara en su pecho. Aunque estaba seguro de que Alice se encargaría de ella, ahora sí alguna infección estuviera atacando en su cuerpo, ya todo sería silencioso. Y no se podría hacer nada más que esperar a que ella decida cuando es momento de irse.

Amber preparó la habitación que era de Beth cuando ella era apenas una niña. Y ahí, recostada en su cama, recordó cuando la arropaba por las noches y parecía que nunca crecería. Que siempre sería su niñita.

Sus ojos se inundaron en lágrimas y sonrió por la buena que vida que ella le había brindado y permitirle haber sido su madre.

—Los niños preguntan si su mamá está aquí —dice Alice acomodado sus cosas en la mesita de un lado.

—Ya no puedes seguirlo evitando, Logan. Ahora que la tienen más cerca sus ganas de estar con ella son más grandes —añade Amber.

—Ellos estarán bien, Logan —Alice se acerca y lo toma del hombro—. Lo prometo.

Él sostiene una sonrisa temblorosa en su rostro, recordando la conversación que habían tenido ese día.

Ambas salen de la habitación para regalarles privacidad y que la conversación pueda darse de la mejor manera.

—Mamá... —Dylan corre hacía ella y la abraza por el torso, soltando lágrimas y sollozos difíciles de controlar. Kath solo observa desde lejos, pues ella había tenido la fortuna de haber estado a su lado varios días.

—Perdónenme por favor —suplica Logan entre lágrimas —. Yo... No quería que la vieran así y pensaran que su mamá ya no estaba aquí. Esperaba que el día que despertara ustedes la vieran feliz, como era ella siempre —Kath suelta una risa nerviosa mientras sorbe la nariz.

—Ella sigue aquí —agrega Kath con una voz suave. Se acerca a su papá y este la toma de la mano, depositando un tierno beso en ella.

—Lo sé mi niña... —Dylan se acerca unos segundos después y abraza a su padre— Perdón por haberles hecho daño. Yo... No sabía cómo lidiar con todo y tenía miedo de perder a mamá, pero ahora tampoco quiero perderlos a ustedes...

La noche pasó rápida, entre recuerdos felices y lágrimas apresuradas. Los niños entendían a la perfección el sentimiento que su papá se guardó en casi dos años. El miedo de perder todo y la culpa que se instaló en cada rincón de su mente.

En un punto de la noche, Amber se adentró en la conversación. Les prometió que su madre está orgullosa de ellos, esté donde esté y que todo saldría bien.

Al igual que Alice pudo asegurarles que ella estaría pendiente de todo lo que pudiera necesitar su mamá.

Aunque la situación en sí no había mejorado, la postura de todos parecía ser más relajada, con menos presión. Tal vez porque ahora Beth estaba en casa y los niños por fin la habían visto, o tal vez porque todos se habían hecho a la idea de que lo mejor que podían hacer por ellos mismos y por Beth, era asimilar la cruda realidad.

Aun así, los niños parecían estar dispuestos a vivir con eso y afrontar que su vida de ahora en adelante tendría que seguir así.

★★★

Los días parecían ir más rápido, las cosas parecían por fin tener un ritmo en el que todos estaban aprendiendo de tener a Beth en casa.

Los niños después de hacer sus deberes en casa, pasaban horas en el cuarto con Beth y Alice. Leían cuentos, le platicaban su día a su mamá e incluso un día hicieron un karaoke entre ellos.

Amber parecía estar más activa y su semblante cansado había cambiado. Ahora sentía que su pequeña había regresado por fin a casa. Aunque no como hubiera deseado, pero estaba feliz de poder estar con ella y hacerla sentir como si aún fuera una niña.

Alice ahora vivía ahí, ya que prácticamente hacía lo mismo que en el hospital. Monitoreada constantemente que la salud de Beth estuviera bien. Aunque ahora era un poco más complicado pues no había máquinas que detectaran su salud, ella hacía su mayor esfuerzo ya que amaba ver a los niños con la esperanza de que aún pudiera despertar.

—¿Por qué no te tomas el día? —pregunta Amber mientras acomoda las colchas de la cama. Acababan de darle un baño a Beth y ahora la estaban preparando todo para que estuviera cómoda.

—No lo sé, la verdad es que no tengo ningún lugar a donde ir —responde Alice encogiéndose de hombros.

—¡Vamos por un helado! —añade Kath, aventando a un lado su tarea.

—Usted está haciendo su tarea señorita —reprende Amber.

—Por favor, prometo terminarla en cuanto regresemos.

—Solo si Alice está de acuerdo.
Kath la mira con unos ojos chillones y poniendo su mejor cara de súplica.

—¿Me dejarás escoger la película de esta noche? —inquiere divertida.

—Puedes escoger la película de princesas que tú quieras.

—Me convenciste.

—¡Si! Iré a decirle a Dy —sale corriendo de la habitación.

Alice se despide de Amber y se dirige a la entrada para tomar las llaves de su coche. Encontrándose con Logan que recién llegaba.




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