NO VOY A DEJARTE SOLA
El festival de pascua en la escuela de los niños es en un día. Kath estaba emocionada, ya que les permitían ir caracterizados de acuerdo a la temporada.
—Lo siento pequeña, ese día tengo que trabajar —Kath lo miró cabizbaja al escuchar a su papá.
Quería que fuera una sorpresa el hecho de que la habían escogido para recitar un poema de acuerdo a la temática de pascua. Así que, esperaba con ansias que su papá pudiera ir a verla. Pero las perdió cuando escuchó sus palabras.
Aunque no era obligatorio que los papás de los niños asistieran a los eventos que organizaba la escuela, a la pequeña le causaba emoción que pudieran ver sus demás compañeros que aún tenía un papá que la quería. Ella lo sabía, pero quería demostrárselo a los demás y tal vez podrían dejar de ser crueles con ella.
—¿Y esa cara?, ¿estás bien? —Alice se recarga en el marco de la puerta. Observando a una Kath muy triste.
—Papá no puede ir a mi festival en la escuela —dice limpiándose unas lágrimas fugaces de sus mejillas.
—Ya veo —se acerca y se sienta en la orilla de la cama -. Yo puedo ir contigo.
Kath la miró chispeante y una sonrisa se dibujó en sus labios. Se apresuró a su armario buscando la ropa que se pondría ese día.
—Mamá nos compraba ropa para los festivales... —dice contenta mientras pone una falda de tul color rosita y una blusa blanca que tiene un estampado de huevos de pascua.
—Que hermoso, Kath.
—Se supone que tiene unas orejas de conejo, pero las perdí —se encoge de hombros restándole importancia.
Alice la observa con curiosidad y ternura. La pequeña había tenido un cambio obvio en su comportamiento ahora que su mamá se encontraba cerca. Aunque siempre era una niña bastante tranquila, la seriedad que caracterizaba su actitud había desaparecido. Ahora mostraba una actitud bastante normal para un niño de ocho años.
Y aunque aún tenía demasiadas inseguridades por tapar, se sentía más completa ahora que todo había cambiado.
—¡Dy! Tengo una noticia para ti. Pero no te pongas triste, ¿de acuerdo? —su hermano asiente, dejando de lado la historieta que estaba leyendo.
—Papá no podrá ir al festival.
—Lo sabía —vuelve a tomar su postura anterior y prosigue con su lectura.
—¡Pero Alice irá con nosotros! —canturrea esperando que la noticia de su papá lo haga sentirse mejor. De inmediato Dylan se incorpora en su cama, molesto.
—¡¿Estás loca?! ¿Por qué la invitaste? —inquiete furioso.
—Yo no lo hice. Además, si papá no irá, entonces puede ir cualquier persona, ¿no?
—Podría haber ido la abuela, pero, ¿ella? Es la enfermera de mamá, no muestra maldita niñera —sentencia con más ira en su corazón de la que un niño de diez años podría tener.
Sale de su habitación dejando a Kath inundada en pensamientos. Tal vez la idea no le había agradado del todo, eso le quedó claro. Pero ¿Por qué estaba tan furioso? Se preguntaba.
Si para ella, Alice había sido su salvavidas y la había rescatado de la profundidad del océano, no entendía el porqué para su hermano no funcionaba de la misma manera. Y tampoco le quedaba claro el enojo que emanaba.
★★★
En la mañana del festival, ambos niños llegaron a clases como de costumbre. La ceremonia tendrá inicio unas horas más tarde, por lo que a Alice le dio el tiempo suficiente para confeccionar unas adorables orejas de conejo que hacían juego a la perfección con el vestuario de Kath.
—¿Eres fan de las manualidades? —Logan se acerca a la cocina para tomar un plato de cereal antes de partir al trabajo.
—No mucho, pero soy perfeccionista. Supongo que me sirve de algo —responde sonriente mientras admira orgullosa las orejas.
—¿Son para Kath? —se acerca y Alice le extiende la diadema para que la examine. Ella asiente sin perderlas de vista.
—Me dijo que había perdido las suyas. No quise que se sintiera incompleta en comparación con los de más niños.
—Las va a amar —añade conmovido—. ¿Irás al festival? —inquiere una vez que comprende que los niños no están y que lo más probable es que lleve las orejas hasta la escuela.
—Sí, espero que no te moleste.
—Para nada, gracias —le dedica una sonrisa avergonzada por su ausencia en el festival.
—¿Dylan también llevará unas iguales? —bromea cuando nota que el silencio se apoderó del lugar.
—Lo dudo, y creo que las desecharía si supiera que yo se las hice.
—¿Por qué lo dices?
—No estaba muy contento con la idea de que fuera.
—¿Tú? No lo entiendo. Creí que se llevaban bien.
—Eso creía yo también. Supongo que su momento de convertirse en adolescente ha llegado. No le pongas cuidado, Logan —asegura ella tratando de minimizar el impacto que sus palabras pudieron causar.
Aunque estaba contrariada por la actitud de Dylan hacia ella, no quería agrandar una situación que simplemente puede ser algo pasajero.
—Los niños parece que se han adaptado bien al cambio, ¿Verdad? —Logan asiente sonriente mientras toma asiento en una de las sillas del comedor.
—Si, en parte es gracias a ti. Sin tu ayuda probablemente yo estaría sin la mayoría de mi cabello —ambos ríen.
—Gracias, pero no creo que sea así. Solo he estado aquí algunas semanas.
—Lo sé, y creo que tú presencia les otorga una seguridad que yo no he sabido brindarles —afirma con una sonrisa sincera. Ella le devuelve la sonrisa en forma de agradecimiento.
—Tal vez podrías empezar a darles esa seguridad asistiendo a sus festivales —agrega levantándose para poner rumbo hacia la escuela.
★★★
La pequeña Kath parecía buscar por todos lados a Alice. Quien le aseguró que estaría en primera fila para atestiguar su poema.
—No vendrá —le asegura su hermano.
—¡Cállate Dylan! —chilla mientras corre de vuelta a su salón para esconder las lágrimas de sus demás compañeros.