EL CIRCO
La clase de historia lo estaba aburriendo. Pasaba su vista por sus apuntes, luego hacia el maestro y después hacia el exterior. Veía con detenimiento el movimiento que hacía el aire en los árboles. Detallaba como algunas de sus hojas caían y se mojaban con el charco que estaba por debajo.
Se sentía como una de ellas, una simple hoja, sin rumbo. Flotando hacia donde el viento lo llevara.
Y así pasaron sus clases, entre miradas perdidas y recuerdos vagos de lo que era su vida.
Para la hora del entrenamiento, se preparaba con su uniforme del equipo en las duchas de la escuela. Sus dos amigos ya habían terminado y lo esperaban en la cancha pues se llevaría a cabo un partido amistoso entre todos los jugadores.
Ahora que su mamá estaba en casa, su ánimo había subido lo suficiente como para saber que los comentarios que escuchara sobre su familia, no debían dolerle.
—Con que esa es tu nueva mami—alguien dice a su espalda. Reconoce la voz, pues es el mismo niño que se encargó de destruir la mayoría de sus ilusiones desde que llegó aquí.
Sin prestar demasiada atención, intenta hacer ejercicios de respiración, ignorando cualquier comentario. Pero su intento se ve interrumpido cuando la puerta de su casillero es azotada con fuerza.
Se gira para encararlo, no está solo. Lo acompañan los mismos niños que le dicen comentarios hirientes todo el tiempo.
Intenta alejarse, pero le detienen el paso, poniendo sus manos en sus hombros. Con la furia recorriendo su espina dorsal, se deshace del agarre; empujando al niño hasta liberarse.
—Vaya, la niña ya se defiende —se mofa mientras los otros niños lo secundan con risas—. Tu papá sí que tiene buen gusto. Aunque espero que no pierda una esposa por segunda vez.
Esta vez no lo piensa dos veces y se abalanza sobre el niño, lo golpea una y otra vez, dejando que la ira controle sus puños y que ciegue su vista.
Los otros niños lo sostienen por el torso y lo tiran al suelo, dándole una ventaja para que su amigo se levante y ahora él esté sobre Dylan, quien recibe múltiples golpes en su rostro, abdomen y espalda; propiciados por los demás.
En el trabajo Logan recibe una llamada del director, quien lo cita a una reunión junto con otros padres para aclarar la situación de la pelea. En la cual, se abordaron temas de la comunicación familiar, los valores enseñados en casa y el bullying.
En el auto, de regreso a casa. Dylan iba tan callado como siempre, pero con miles de pensamientos arrolladores que lo invadían constantemente. Mientras Logan intentaba recitar las palabras correctas para dar pie a una conversación.
—Creí que esto ya no se volvería a repetir —dice por fin, recordando aquel día en el que le informaron sobre la pelea de Kath.
—Yo creí que amabas a mamá —agrega colérico. Pierde la vista por la ventana como lo ha hecho en las últimas horas.
—Por supuesto que la amo. ¿Por eso fue la pelea?, ¿Ellos dijeron que no lo hacía? —inquiere ofuscado.
—No necesito que alguien me lo diga para saber que no es verdad —espeta.
Logan detiene el auto, procesando las palabras que su propio hijo pensaba en voz alta. ¿Por qué dice eso? ¿Acaso no se ha dado cuenta todo lo que he sufrido por su ausencia?. Pensaba.
—Dylan... no sé a qué te refieres, pero creeme. Tu mamá siempre será toda mi vida —agrega con el corazón en la mano.
—Demuéstralo —sale del auto y pone marcha rumbo hacía su casa. Desde que pasó el accidente, pasar tiempo con su papá no siempre le parecía buena idea. Sentía que no resolvía todas las dudas que un niño de su edad tenía. Si ama tanto a mamá, no tendrá problema en demostrarlo, ¿no?. Pensó apretando sus puños.
★★★
A la hora de la comida, las cosas parecía más incómodas de lo que deberían de ser. El sonido de las cucharas al chocar con la porcelana inundaban el lugar.
—Quiero informarles que he comprado boletos para todos —informa emocionada, tratando de romper el hielo que para este punto ya parecía que vivían en el Ártico —. Los quiero presentables esta noche, pues una función de circo nos espera —Kath se levanta de su silla mientras da saltos por toda la casa, extasiada por la noticia.
—Lo siento abuela, mañana tengo exámenes. No puedo —se niega rápidamente Dylan al suponer que la invitación también es para Alice.
—Nada de eso jovencito. Pasaremos una tarde en familia y punto —cuando Amber se lo propone, puede ser una mujer de lo más recta. En su mente se instaló el pensamiento de que Logan se había vuelto demasiado débil con ellos. Que, aunque la idea no era ser un padre de lo más estricto, les había dado rienda suelta y eso los volvía un poco incontrolables con sus emociones ahora.
La tarde prosiguió y Dylan aprovechó el tiempo de estudiar todo lo que vendría en su examen. No mintió sobre eso, pero prefería no estar muy cerca de Alice en estos momentos porque tal vez su mente solamente le estaba haciendo ver cosas que no tenían sentido. ¿Cómo papá podría estar enamorado de Alice si no estaban juntos y no había pasado nada para pensar eso?. Pensó, dejando de lado sus cuadernos.
Ahora que lo pensaba, tal vez solamente era eso, una mala jugada. Ella se había comportado muy bien con ambos cuando su madre aún estaba en el hospital. Y prácticamente, Alice había logrado lo que jamás ellos hubieran podido: que su padre los dejara estar con Beth.
Kath no disimuló su emoción durante el resto de la tarde, pidió a Alice que si podía maquillarla de payasita pues en su festival escolar amó el maquillaje de conejo. Alice no se negó y amablemente la convirtió en la más linda payasita que haya visto.
Por otro lado, Logan terminó los deberes que tenía del trabajo en casa. Últimamente le gusta tomarse el tiempo de descansar y pasar más tiempo con sus hijos, aunque las cosas se pongan un poco difíciles a veces.