CULPA
Conciliar el sueño en el transcurso de los días había sido casi un reto. Para Alice, la mirada de Logan aparecía en su mente cada vez que cerraba sus ojos. El corazón le latía desenfrenado y un arrebato de emoción se instalaba en su estómago. Pensar en él solo significaba un insomnio inminente.
Para Logan, dejar de pensar en sus ojos le parecía imposible. Se colaban en cada pestañeo. Ahora cualquier cosa de color marrón le recordaba a sus ojos. Era inevitable, pues sus ojos se habían vuelto su color favorito.
En casa ninguno se dirigía la palabra directa, a menos que fuera necesario. Pues ambos sentían el sonrojo en sus rostros y preferían evitarlo. No porque quisieran evitarse ellos, sino porque querían evitar confirmar lo que ambos llevaban callando.
-Últimamente estás muy silencioso -Amber saca de sus pensamientos a Logan, quien llevaba horas viendo el diseño que había hecho en su libreta. Le gustaba, pero no lo convencía del todo.
-Estuve un poco atrasado con esto -señala la libreta-. Se supone que es para mañana, pero estoy agotado.
Se pasa las manos por el rostro, tratando de despejar el sueño que lleva arrastrando por días. Después se masajea las sientes, intentando apartar la imágen de su rostro.
-Deberías salir a relajarte. Eso te podría ayudar -aconseja con malicia.
-Dudo que los niños quieran salir. Dylan sigue molesto y Kath estuvo toda la noche despierta. Está emocionada por su nueva amiga.
En la escuela, una compañera suya había elogiado el maquillaje de conejita que tenía puesto en el festival de pascua. Kath se conmovió porque finalmente tenía a una amiga que no fuera uno de los adultos que viven diariamente con ellas, así que la invitó a casa e hicieron una pijamada en la que en cierta parte de la noche, involucraron a Alice para que les hiciera unos bonitos maquillajes de mariposa.
-Bueno, ¿Y qué tal Alice? -lo observa de reojo, tratando de adivinar su respuesta. Por un momento los ojos le brillan, pero mueve la cabeza rápidamente, tratando de evitar que eso suene como una buena idea.
-¿Por qué tendría que salir con Alice? -inquiere despreocupado, tratando de evadir el tema y hacerse el desentendido.
-¿Por qué no? Ella te agrada, ¿o no?.
-Por supuesto, como a todos -se encoge de hombros.
-Logan... -lo llama. Este le devuelve una mirada lenta -No debes sentirte culpable... Está bien que quieras seguir con tu vida.
Él baja la mirada.
-Sé que la amas y no me cabe duda que siempre la amarás. Pero es hora de seguir. No tengas miedo, ella querría que lo hicieras. No debes de sentir culpa por algo que no estuvo en tus manos. El accidente, el coma, lo que estás sintiendo por Alice. No pudiste haber evitado nada de eso -sale de la habitación dejándolo pensativo.
No tiene miedo de seguir, a la mala ha aprendido que entre más se resista a los cambios, más dolorosos se vuelven. Así que ahora navega sobre corrientes tranquilas, sin manejar el timón. El problema ahora es si lo llevarán a una playa o lo dejarán a la deriva.
Sale de la habitación, necesita tomar agua fría para despejar su mente, pero en el trayecto se encuentra a Alice. Está en el sofá leyendo una revista científica.
Hacen contacto visual por unos segundos, antes de que Logan desvíe rápidamente la mirada y regrese corriendo a la habitación, huyendo de ella.
Se siente como un estúpido, escondiendo sentimientos del tamaño de un elefante detrás de postes de luz.
Lleno de valor, vuelve a salir de la habitación y nuevamente se dirige a la cocina, esta vez sin desviar la mirada a esos ojos bonitos.
Toma la jarra de agua fría y se dispone a llenar el vaso hasta el tope y beberlo de un jalón.
-Logan... -la voz de Alice lo sobresalta, haciendo que una parte de agua caiga sobre su camisa.
El agua fría resbala por todo su abdomen, sintiendo como cala en su piel por la temperatura
-¡Lo siento tanto! -se apresura a decir mientras ayuda a limpiar el agua de su cuerpo.
Las manos de Alice sobre su piel se sienten como ponerle agua a las brasas ardiendo. Como si ese simple contacto calmara los días que estuvo anhelando con ansias tenerla cerca.
Logan se ríe, pero es una carcajada natural. Se siente salir desde su pecho.
Hacía casi dos años que no sé sentía así, y ahora la emoción lo sobrepasaba.
Alice se relaja y también comienza a reír, sincronizando en algún punto sus risas y miradas.
-No quería asustarte -asegura ella entre sonrisas.
-Pues lo hiciste, pero necesitaba despejarme. Así que gracias.
Se quedan en silencio por algunos segundos, hasta que la idea por invitarla a salir vuelve a surgir de repente.
-¿Quieres...
-¿Podemos...
Hablan al mismo tiempo, lo que vuelve a provocar algunas carcajadas entre ellos.
-Lo siento, tú primero -dice ella.
-Me preguntaba sí... ¿Quieres salir conmigo esta noche? -Alice le dedica una mirada fugaz. Eso lo deleita y lo que no sabe es que ella estuvo esperando esa pregunta más de lo que le gustaría.
-Creí que estábamos jugando a evitarnos toda la semana -respondió divertida, mientras su corazón latía desenfrenado.
-Me disculpo por eso. Es solo que con lo que sucedió en el circo, yo no sabía si tú...
-Lo sé, también sentí lo mismo -responde apenada.
-¿Entonces...?
-Nos vemos a las siete.
Toda la tarde estuvo inquieto, sin saber muy bien cómo reaccionar.
Al final la había invitado, un instinto interno lo motivó a hacerlo. Deshaciéndose del miedo, como Amber le había aconsejado y así lo hizo.
Aunque no dejaba de pensar que, tal vez muy en el fondo es una traición hacia su esposa. Pero habían pasado ya tantos años, tantas plegarias y tantos anhelos de que ella volviera, que lo único que sentía cuando estaba al lado de Alice era calma. La clase de calma que se necesita después de haber deambulado solo.