Impredecible

Capítulo 19

MENTIRAS

Logan

Cuando la vi despierta, por un instante creí que estaba soñando. Que era de esas pesadillas interminables que me invadían en plena madrugada, consternando mi mente hecha pedazos y rompiendo aún más mi corazón.

No voy a mentir, ese día no podía ni siquiera dormir. Tenía miedo de despertar y que ella ya no estuviera. Pensaba que, si era un sueño, entonces no quería despertar.

Conforme pasaban los días, me acostumbré a su presencia, aunque no fue tan sencillo.

Dos años.

Dos años esperando cualquier señal, cualquier movimiento. Entrando a su habitación y verla exactamente igual: inmóvil, silenciosa, tan lejos de mí que a veces llegué a preguntarme si ella seguía aquí.

Y ahora, está despierta. Aprendiendo todo lo que se supone que aprendes cuando eres un niño.

Probablemente para ella sea mucho más difícil comprender todo lo que sucedió.

Por lo poco que pudimos entender, ella no recuerda a su totalidad el accidente. Tiene algunos recuerdos antes de él y parece que esos dos años de angustia y desesperación solo fueron unos cuantos minutos para ella.

Ya han pasado varias semanas desde que despertó. Debo admitir que me ha impresionado lo rápido que logra superar sus terapias. Alice me ha dicho algunas veces que le parece impresionante que Beth haga ejercicios que debería de estar haciendo en uno o dos meses más.

Aún no puede caminar, pero ya puede sentarse y recostarse. Sus manos han recuperado algo de fuerza y su voz ha regresado. Un poco ronca pues estuvo prácticamente dos años sin pronunciar ni una sola palabra, pero es totalmente entendible.

Todavía hay días en que la veo y no creo nada de esto.

Ahora mismo está sentada en la silla de ruedas mientras ojea por décima vez en la semana el álbum de fotos familiar. No dice nada, simplemente lo mira una y otra vez, como si intentara recuperar el tiempo que perdió.

Durante dos años, esto fue todo lo que quise. Habría dado cualquier cosa por volver a escuchar su voz, por ver sus ojos una vez más.

Y aquí estoy yo, mirándola desde la puerta como si fuera un extraño.

-¿Qué... sucede? -levanta la vista, su voz suena débil y cansada.

Parpadeé. No lo sé. No sé lo que me pasa. Me siento tan feliz que me duele el pecho. Y aún así, el nombre que aparece en mi cabeza no es el suyo.

-Nada, es solo que es extraño verte despierta... -me siento a un lado suyo.

Cierra el álbum y me sonríe como tantas veces había imaginado.

-Logan... Lamento tanto haberlos hecho pasar por todo esto.

-No fue tu culpa. Ahora estás aquí y es lo que importa -le sonrío y como respuesta ella me toma de la mano. Su toque se siente exactamente igual a como lo recordaba, tan cálido y suave, pero ya no lo siento mío.

Por supuesto que aún la amo con todo mi corazón. Estoy tan agradecido con ella por haberme hecho tan feliz desde que la conocí, pero sin poder controlarlo Alice se deslizó por cada grieta de mi corazón. Unió cada parte rota de mí y me ayudó a salir adelante en el momento más vulnerable de mi vida. Ella es la artista y yo soy su Kintsugi.

Retiro mi mano antes de que ella pueda aferrarse con más fuerza y pueda oír lo que mi corazón no puede callar.

-Deberíamos bajar, la cena está lista -sonríe satisfecha y empujo la silla de ruedas por el pasillo.

En la mesa ya se encuentran los niños. Ayudan a colocar las cacerolas de comida en el centro y los utensilios en cada lugar.

Es la primera vez que Beth comerá en la mesa con todos nosotros. Por su condición ella no podía levantarse, así que debía comer en su habitación. La mayoría del tiempo alguien le hacía compañía, aunque algunas veces debía comer sola ya que todos nos encontrábamos ocupados por alguna razón. Pero hoy es distinto, ella ya puede sentarse, hablar y todos estamos emocionados con que nos acompañe.

Acomodo su silla en uno de los lugares y tomo asiento a su lado.

De la cocina sale Amber, con el último plato gigante que contiene un tipo de ensalada que se ve deliciosa.

-¿Listos? La comida está servida.

-Aun no podemos iniciar abuela. Alice no ha llegado -reclama Kath.

-Tiene razón, nunca empezamos sin ella -defiende Dylan.

-La llamaré -propongo mientras marco su número.
Pero me interrumpe cuando entra a la casa, con bolsas de medicamentos y otras más cuyo contenido desconozco.

-Lo lamento. El tráfico está terrible a esta hora -se deshace del abrigo y la bufanda que la protegían del frío, avisando que diciembre se acerca lentamente. Se aproxima a la mesa y toma asiento en su lugar.

-No pude conseguir las orejas de reno, Kath. Pero no te preocupes, compré el material así que tendrás unas bonitas orejas hechas por tu enfermera favorita -Kath sonríe mientras se lleva a la boca un pedazo de lechuga.

-En la escuela habrá un festival de navidad -explica Dylan a Beth, quién observa con atención la escena.

-. Ahora que mamá está bien, tal vez podría acompañarnos.

-¡Sí! Así podría mostrarles a todos que mamá ya está conmigo -agrega Kath con la emoción desbordando por todos lados.

-Muy bien, niños. Recuerden que su mamá aún necesita reponerse. No la hagan hablar demasiado -sentencia Amber.

-Pero sí irás, ¿verdad? -inquiere Dylan.

-Claro que sí -responde en un hilo de voz.

-Alice, ¿tú también irás? -inquiere Kath. Alice duda un poco en la respuesta pues se da cuenta que Beth la mira con atención.

-Aún no lo sé.

-Pero lo prometiste...

-Haré todo lo posible, ¿de acuerdo? -Kath asiente satisfecha y retoma su cena.

Después de que todos conversamos por un rato y terminamos de cenar, regresé a Beth a la habitación y la ayudé a recostarse en la cama.

-No sabía que Alice iba a los festivales de los niños -dice.

-Bueno, en tu ausencia los niños se apegaron mucho a ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.