ELÍGEME
Alice
Siendo enfermera te puedes encontrar con un sinfín de historias que envuelven a los pacientes. No siempre son bonitas; a veces, la crueldad humana no tiene lógica.
Pero hay historias, mis favoritas, las que tienen un final feliz. Como, por ejemplo, que una persona salga viva de una cirugía bastante riesgosa. Que el paciente pueda reencontrarse con sus seres queridos. Que, de mala manera, haya ayudado a arreglar algún problema familiar. O que una madre en estado de coma regrese con la familia que tanto la había esperado.
Cuando me asignaron al último caso, jamás creí que me iba a enamorar de uno de sus integrantes. No fue intencional, lo prometo. Pero Logan se estaba hundiendo y yo solamente le lancé un salvavidas.
Pero ahora las cosas son diferentes, ella despertó y yo no puedo evitar sentir un hueco en el estómago cada vez que ella lo toma de la mano.
He notado que Logan siente esa misma incomodidad, aunque no dice nada. Una parte de mí lo entiende, al final de cuentas yo fui la que se metió en una relación que simplemente estaba en pausa y decirle algo de esa magnitud no sería bueno. Pero por otro lado, me causa náuseas pensar que, ya que ella despertó, yo ya no forme parte de esto.
No voy a negar que Beth es una mujer impresionante. Ha pasado con éxito la mayoría de sus terapias y puedo notar que aún tiene más por dar. Además de que amo ver a los niños felices.
Recuerdo perfectamente a una Kath callada, solitaria y bastante tímida. Un Dylan bastante a la defensiva, con miedo y confusión por haber crecido tan rápido. Y ahora, ambos recuperaron eso que tanto les dolía y agradezco a Dios por eso.
Aunque yo intenté ser su refugio, era obvio que jamás podría reemplazar el amor que sienten por ella.
—Alice, perdiste. Te toca sacar la basura, ¿lo recuerdas?
Lo había olvidado. Kath y yo habíamos hecho una apuesta la semana pasada. Habíamos notado que Dylan tenía ciertos patrones repetitivos cuando veía a una niña de su escuela. Ambas teníamos la idea de que a Dylan le gustaba y alguna vez lo vimos escribiendo una carta, lucía bastante nervioso así que yo aseguré que era una carta dirigida a ella y Kath no estaba tan segura. Resulta que era una hoja con las respuestas que vendrían en el examen, así que llamaron de la escuela a Logan.
—Nunca quedamos en un castigo —reclamo mientras termino de acomodar los trastes.
—El perdedor siempre debe de tener un castigo. Anda, antes de que papá se dé cuenta de que lo hiciste tú —se va corriendo a su habitación mientras la observo con recelo.
Niego con una sonrisa leve y tomo las bolsas. Salgo de la casa y para mi sorpresa, descubro que dejé las llaves del patio trasero adentro. Ruedo los ojos, me tocará entrar por la puerta delantera.
—Lo sé, pero solo necesito un poco de tiempo —reconozco la voz de Logan a lo lejos. Cuando me acerco un poco más puedo verlo al igual que la espalda de Amber. Él tiene un rostro pálido y una expresión de desconcierto. Como si tuviera miedo.
—¿Tiempo para qué? ¿Para que Beth siga pensando que sigues enamorado de ella? ¿Para que Alice siga esperándote? ¿O para que tú decidas qué parte de tu vida quieres conservar? —el corazón se me congela al escuchar eso.
Ella vuelve adentro mientras que Logan se queda viendo a la nada unos segundos y al final entra.
Yo me quedo pegada al suelo, sin saber muy bien qué pensar. Las lágrimas empiezan a acumularse en mis ojos, advirtiendo que caerán, que rodarán por mi rostro absorbiendo cualquier rastro de felicidad.
Pasan algunos minutos y yo sigo igual, mirando al cielo, buscando alguna señal que me diga qué es lo correcto. No quiero separar una familia que acaba de encontrarse de nuevo. No quiero ser el motivo de una destrucción así.
¿Qué parte de su vida elegirá? Ni siquiera hace falta responderlo. Mi alma espera que me elija, que quiera estar conmigo pese a todo. Pero mi corazón me dice que probablemente eso no sea lo correcto. Que debe elegir la vida que lo estuvo esperando.
★★★
—¿Cómo me veo? —inquiere Dylan. Va vestido con un traje de elfo y un gorrito que le hice.
—Hijo, por favor dile a Santa que este año me porté excelentemente.
—Ja ja, que gracioso —Logan le sonríe burlón mientras yo termino de acomodarle los zapatos.
—Dylan, por favor dile a tu hermana que tenemos que irnos. Ya es tarde —sale corriendo hacia el cuarto de Kath.
—Debemos de tomarle una foto. Me podría servir para algunos chantajes —bromeo. Logan ríe, pero después cambia su postura por una más recta y su pie no deja de subir y bajar frenéticamente —. ¿Estás bien?
— Si, es solo que... Alice necesito pedirte algo.
—Por supuesto, ¿qué sucede?.
—No pude conseguir otra entrada. El director dijo que los boletos estaban agotados y que por políticas del teatro no podía haber sobrecupo en la obra.
—Quieres que me quede... —adivino con una punazada en el pecho.
—Perdoname, de verdad hice lo que pude y sé que iríamos a comer después de la obra, pero podemos regresar por ti...
—Descuida, no es necesario —finjo que no me importa, pero mi voz sale temblorosa.
—Alice...
—Tranquilo, ustedes diviértanse en la obra. De verdad —le sonrío para que crea algo que es totalmente mentira.
—De acuerdo... pero te prometo que te compensaré —asiento levemente y me dirijo a mi auto. En realidad no sé muy bien de adónde ir pero quiero salir de aquí. No quiero que vea el efecto de una simple salida al teatro.
Manejo con calma, sopesando mis pensamientos, tratando de derribar las inseguridades que crecen como enredaderas, apretando mi cuello y robándome el aire.
Voy sin rumbo, hasta que recuerdo el parque al que solía ir Kath. Así que aquí estoy. Sentada en uno de los columpios, dejando salir las lágrimas que llevaban semanas ahogando mi corazón.