EL SALVAVIDAS
Alice
Después de aquel día, de aquella plática que removió todos los pilares y valores con los que se supone crecí. No he podido ver a Logan a los ojos.
No es que ya no lo ame; lo amo con cada parte de mí. Pero me lastima pensar que amo a una persona que no me pertenece.
No puedo seguir ocultando una verdad que sé que está lastimando a alguien. Beth me ha demostrado muchas veces que confía en mí. Y yo ni siquiera puedo ser sincera con ella.
Los niños me han preguntado varias veces el por qué últimamente no he ido a verlos. Y lo único que he hecho es mentirles también. Todo alrededor de mí se ha convertido en una mentira que no hace más que crecer en mi mente.
Logan llega a casa después de la oficina, se supone que llegaría aquí hasta en la noche, porque iría a pasar un rato con los niños y Beth, pero no lo hace. Aquí está y un nudo se hace en mi corazón de pensar que tal vez lo están esperando.
Desde el día que Beth despertó, he decidido que no es buena idea que yo duerma en la casa de Amber. No puedo fingir que somos una familia cuando justamente hice que se rompiera una. La de ella.
Antes de que Beth despertara, Logan y yo compramos un pequeño departamento en el que, en algunos meses, podríamos vivir junto con los niños. Pero eso ya no pudo suceder así, y ahora algunas de mis noches son solitarias pues yo soy la única que vive aquí.
Los cuartos de los niños aún tenían sus cajas intactas y algunos de los muebles aún tenían el hule de cuando los compramos.
Automáticamente mi mente viaja a ese día, cuando escogimos todo lo que sería para nuestra casa. Ese día los niños estaban emocionados y Amber nos ayudó a trasladar la mayoría de nuestros muebles.
Una casa llena de esperanzas que tal vez jamás vayan a llegar.
Él me deposita un beso en la frente, mientras que yo no puedo apartar mi vista de la fotografía que se encuentra en una de las mesitas de la sala. Somos nosotros dos, con los niños a los lados. Habíamos ido a un parque de diversiones y Logan pidió que nos tomaran una foto.
La observo detenidamente, con una punzada latente en mi pecho y un pensamiento filoso en mi cabeza. Debería ser ella.
-Hola, cariño. ¿Ya comiste? -su voz suena lejana mientras mi mente se mantiene en los recuerdos-. ¿Qué sucede?
Se detiene frente a mí, pero yo no puedo verlo. No quiero hacerlo.
-¿Por qué no llegaste a casa de Amber? -es en lo único que no puedo dejar de pensar.
-Hablé por teléfono con ella, le dije que quería llegar a descansar un poco. Una de las construcciones va retrasada y hoy fue un día bastante pesado -se sienta en el sillón de al lado de mí. Pero yo sigo sin poder darle la cara-. Además, quería estar contigo.
Mi mirada por fin se cruza con la suya. Tiene una sonrisa suave y sus manos ya toman las mías, acariciándolas con cuidado.
No digo nada, y aunque tengo demasiadas cosas que soltar, mi boca se siente seca.
-¿Estás segura de que no sucede algo más? -su mirada inquisitora me da una señal.
Aunque la decisión se sienta como caer de un precipicio, sé que es lo correcto.
-Yo... -me aclaro la garganta. Trato de no mirar demasiado todo lo que hay aquí, pues me recuerda a una vida que habíamos planeado y que ahora debo dejar ir-. No creo que sea buena idea seguir juntos...
Me observa con una ceja enarcada, como si no creyera lo que sale de mi garganta. Lo que no sabe es que no son palabras vacías. Es lo que grita mi corazón.
-¿De qué hablas?
-Beth despertó... Y ambos sabemos que esto pasaría en cuanto ella...
-Alice... -me interrumpe-. ¿Eso es lo que quieres? ¿Qué nos olvidemos de nosotros?
Su tono dolido me remueve las cuerdas las que están atados mis sentimientos hacia él. Solo que ahora no parecen lo suficientemente fuertes como para soportarlo.
-No es lo que quiero -afirmo-. Pero es lo correcto.
-Si todo esto es por la obra de teatro, yo te juro que no volverá a pasar...
-¿No lo entiendes? -mi molestia lo devuelve a su asiento-. Esto no es por la maldita obra. No es por ti ni siquiera es por mí. Ella no merece esto... le estamos mintiendo en la cara mientras ella sufre por algo que nosotros le estamos causando -las lágrimas se agrupan en mis ojos, me nublan la vista y cómo desearía que nublaran mis sentimientos para que esto fuera más fácil.
Su mirada cae al suelo, tal vez dolido, tal vez sintiéndose vencido. No lo sé, pero esa expresión me hace sentirme peor.
-Alice, yo te amo... -algunas lágrimas también resbalan por su rostro. Las palabras se quedan suspendidas en el aire, entre nosotros y entre nuestros corazones adoloridos.
-No me hagas esto...
Mi respiración se vuelve errática por el impacto de sus palabras. Y aunque sé que fácilmente puedo dejarme llevar por sus palabras. Caer rendida de nuevo a nuestro amor sin que nada me importe, pero no puedo dejar de pensar en ella.
Imaginarme la vida que antes tenían, cuando esas declaraciones eran para ella. Cuando pensaron que envejecerían juntos y que nada podía separarlos ni borrar el amor más sólido que habían construido.
No puedo arrebatarle los sueños a alguien más solo porque lo amo. Su familia la estaba esperando y ahora está aquí. Ahora entiendo que siempre fui el salvavidas. El lugar donde Logan pudo mantenerse a flote mientras esperaba volver a la orilla. Y esa orilla siempre fue Beth.
-No puedo hacerle esto. Y aunque te ame con toda mi vida, no puedo competir contra ella.
Suspira, una y otra vez. Sopesando todo lo que acabo de decir. Y aunque a mí también me duele, no puedo retroceder el tiempo para remediarlo.
Intenta abrazarme y yo retrocedo. No quiero sentir esos brazos en los que me he refugiado y en los que había encontrado un hogar. Uno que ahora mismo estoy dejando ir.
-¿Qué pasará con nosotros...? -su pregunta se clava en mi corazón como una daga más, una de tantas.