LLOVIZNA
Beth:
Pasar el día entero en mi habitación se estaba volviendo una costumbre bastante irritante. Todo el mundo podía hacer sus actividades con calma, excepto yo.
Por primera vez en mi vida, me estaba hartando de ver Grey's Anatomy. Ya ni siquiera podía llorar en las mejores escenas. Simplemente ya quiero rehacer mi vida, tal vez así todo mejore.
Estuve pensando demasiado en todo lo que me dijo Alice y debo admitir que una chispa de esperanza se quedó en mi mente. Eso es lo que hace falta: que los planes que quedaron pausados retomen su curso y todo vuelva a sentirse como antes.
Y posiblemente eso también lo vea Logan, aunque su actitud ahora no ayude demasiado, entiendo todo lo que pasó y no voy a presionarlo.
-Cariño, ¿Estás segura de que no quieres que me quede? -pregunta mi madre, haciendo sus maletas lo más rápido que puede.
-Por supuesto que no, ya te has quedado conmigo demasiado tiempo. Además, Rob te necesita. Yo estaré bien.
Hace algunas horas, mi hermano la llamó avisando que su esposa está en labor de parto. Mi madre, emocionada y nerviosa, sabe que Rob no es bueno con este tipo de situaciones pues es bastante sensible a las emociones fuertes. Así que es mejor que se quede allá.
Pensar en mi hermano me llena el alma de nostalgia, recuerdo cuando éramos niños y hablábamos sobre nuestras vidas de adultos y que jamás tendríamos hijos, pues pensábamos que arruinaríamos nuestras vidas.
Ahora, ambos nos encontramos en diferentes puntos de nuestro propio destino y me alegra tanto saber que pudo encontrar lo que siempre había soñado.
Mi madre me dijo que era imposible que él viniera hasta acá para verme, su esposa estaba muy avanzada con su embarazo y yo agradezco que él prefiriera quedarse, es bueno saber que la apoya.
Y siendo sincera, no he hablado por teléfono con él, pues en cuanto yo pueda viajar, podré ir a visitarlos y por fin conocer a mi sobrino.
-Está bien, pero cualquier emergencia quiero que me marquen, ¿de acuerdo? -asiento para tranquilizarla, pues sin poder moverme demasiado y con los estudios que me hicieron, donde se avala que mi salud está excelente. Dudo que alguna emergencia se presente.
Más tarde, mamá ya se había ido y los niños estaban en la escuela. Alice no había podido venir hoy y Logan estaba en el trabajo.
Me sentía extrañamente agobiada, la habitación se sentía sola y sin un solo ruido fuera de ella me sentía aún peor.
Además de que tenía un poco de hambre y recuerdo haber dejado una fruta picada que no había terminado en la mañana.
Así que con la esperanza por las nubes, intento ponerme de pie y caminar.
Ya lo había hecho algunos días atrás, aunque no sin ayuda. Pero confío en mis capacidades y sé que puedo lograrlo sola cuando doy mi primer paso pequeño.
Me demoro algunos minutos en llegar hasta la cocina pues simplemente no puedo hacerlo más rápido y tampoco es como que quiera presionarme.
Cuando estoy ahí, doy algunos intentos de saltos pues en ningún momento mis pies se separaron del suelo, pero mi corazón sí salta de emoción.
Ingiero una buena porción de sandía hasta que quedo satisfecha, decidida a regresar a la comodidad de mi cama.
Pero una pizca rebelde se impacta en mi cabeza. ¿Y si subo las escaleras?
De inmediato deshago el pensamiento pues es estúpido. Es ilógico que pueda hacerlo cuando me costó bastante esfuerzo siquiera llegar hasta la cocina.
Pero no lo proceso demasiado, pues ahora estoy aquí, lo suficientemente cerca como para tentarme y subir sin importar el dolor que pueda conllevar.
Mi mente decidida sube el primer escalón y así, uno por uno.
En algunas ocasiones me detengo para descansar un poco, y después retomo el paso hasta que llego hasta arriba.
Me siento un poco mareada, pero sería fatal que me desmaye en el borde de la escalera así que doy algunos pasos más hasta que puedo apoyarme en el marco de una puerta. Es el cuarto de los niños.
Logan me contó que cuando yo estaba en coma y me trajeron aquí, los niños y él prácticamente vivían aquí.
Kath y Dylan dormían en el cuarto que era de Rob. Y Logan en el cuarto de visitas.
Me decido un poco, hasta que opto por entrar al cuarto de los niños.
No es diferente a como lo recordaba, las cosas de mi hermano siguen aquí, aunque ahora hay dibujos pegados en las paredes que supongo son de Kath y pósters de fútbol, que supongo son de Dylan.
Una sonrisa se posa en mis labios y una lágrima resbala por mi mejilla. No es tristeza, sino de melancolía.
Después de un rato, ingreso al cuarto de Logan, que en realidad no tiene absolutamente nada. Es un simple cuarto de visitas. Con una cama doble y dos mesitas de noche a los lados.
El cuarto está impregnado con su aroma, lo cual disfruto pues estuve tanto tiempo sin él que ahora no puedo dejar de disfrutar las pequeñas cosas a las que antes no les daba demasiada importancia.
Me siento en el borde de la cama, acariciando las colchas, imaginando a Logan acostado, con un insomnio interminable. El corazón se me oprime pues jamás lo he visto así, pero imaginarlo también duele.
Veo una fotografía de los niños en un cajón entreabierto de la mesita de noche.
Saco lo que parece un montón de fotografías y las admiro.
Están en un parque de diversiones. Kath lleva un pintacaritas de mariposa y Dylan sostiene un peluche de oso. El cual reconozco pues está en mi habitación desde que desperté.
Sonrío por lo feliz que se ven, por saber que en mi ausencia por lo menos tuvieron algunos momentos en los que se podían olvidar de la situación en la que estaba y podían seguir con su vida.
Admiro cada foto con detenimiento. Tratando de sentir la emoción y felicidad que expresa cada una de ellas. Asimilando que por primera vez desde que desperté, siento que todo puede volver a su lugar.