Impredecible

Capítulo diecisiete.

Alex me invitó a sentarme y me sirvió un café. Mis ojos recorrieron la gran estancia y pude adivinar que se trataba de un pequeño hogar dentro de la gran casa de su tía. La habitación tenía un sofá y un sillón, una pequeña cocina y la puerta corredera que había en la pared debía ser el dormitorio. Él tomó asiento a mi lado y me miró, esperando a que dijera algo. Pero no tenía nada que decirle. Él era el que tenía que hablar. Se acomodó en el sofá otra vez y se puso cara a cara. Le daba sorbitos a mi café mientras Alex parecía buscar las palabras adecuadas.

-Eres la primera persona a la que le voy a contar esto- empezó y me mordí el labio inferior, asintiendo levemente-. Escúchame y no me interrumpas. Cuando termine te dejaré hablar.

Volví a asentir y me asusté ante sus palabras. Pensaba que la cosa iba a ser más sencilla, que me iba a decir que lo del atentado lo había sobrepasado y necesitaba tiempo, pero no parecía que iba a ser así. Dejé mi café sobre la mesa y retiré mi pelo de mis hombros. Busqué sus ojos pero estos vagaban de un lado a otro, evitando mirarme a toda costa.

-¿Y bien?- pregunté.

Tragó saliva y su nuez se movió de arriba a abajo.

-La noche en la que Sophia murió, discutimos en su casa, luego me fui y la dejé sola, pero eso ya lo sabes. Discutimos porque le habían llegado rumores sobre mí y sobre Brooke. Los rumores eran ciertos pero yo era un estúpido y en vez de aceptar los hechos tal y como fueron, me encabezoné y lo negué todo. Sophia estaba tan cabreada que sacó el tema de la droga y entonces fue cuando me cabreó a mí. Ese tema no tenía nada que ver y estaba bastante quemado con James y Mike y supongo que fue la gota que colmó el vaso. Como iba diciendo, me fui y la dejé sola. Llegué a casa e iba muy borracho. Mucho. Volví a casa y me dormí. Luego, a las dos horas o así, cuando eran las cinco de la mañana, me desperté sobresaltado porque había tenido una pesadilla.

 

Alex se pasó la mano por el pelo, despeinándolo. Suspiró y le cogí de la mano, mostrándole mi apoyo.

 

-En la pesadilla- siguió contando-. Salía Sophia. Ví como atropellaban a Sophia. No me preguntes cómo porque no lo sé. Me desperté muy asustado y salí de casa. Llamé a James y le pedí que me dejara su coche porque mi madre estaba a punto de levantarse y no podía coger el suyo. James me debía un favor así que le hice que se fuera andando a casa y fui en busca de Sophia. Estaba asustado, todavía un poco borracho y no sabía que estaba haciendo. Cuando entré en la calle de Sophia, la vi tendida en el suelo, totalmente inconsciente. Me esperé en el coche, inmóvil. No sabía qué hacer. Luego me bajé, la llamé, pero no respondía y tampoco respiraba. Tenía miedo y en vez de llamar a urgencias o a la policía, le cogí su pulsera, le di un beso en la mejilla y me fui de allí.

 

Se secó las lágrimas pero no paraban de brotar. Nuestras lágrimas iban al mismo ritmo y a la misma velocidad. Alex me estaba contando la verdad. Su verdad sobre la muerte de Sophia.

 

-Luego, al volver, me choqué con un cubo de basura. No estaba en condición de conducir y menos tras lo que había pasado. Le rompí el parachoques a James y no pude llevarlo a ningún mecánico porque a esas horas todos estaban cerrados. Tuve que dejarle el coche en casa y volví andando hacia la mía. Ese paseo que duró quince minutos fue doloroso. No sabía que estaba pasando, no podía digerir nada, estaban pasando demasiadas cosas y no podía hacer nada.

 

Me miró, esperando a que dijera algo, pero me había dejado sin palabras. No podía entender nada. Estuvo con Sophia, cuando estaba muerta, en la calle y no hizo nada al respecto. Huyó, la dejó tirada. Muerta. Pero eso no era todo. Había tenido una especie de pesadilla donde veía a Sophia morir.

 

-Alex..- empecé a decir, pero no pude seguir.

-Dime algo- me animó. Pero no podía decir nada.

-Lo siento. No entiendo nada- me levanté del sofá-. ¿Soñaste que Sophia moría y, luego, fue verdad?

Sonaba estúpido en mi cabeza pero todavía sonaba más aún cuando lo dije en alto. Intenté ordenar las ideas en mi cabeza, pero eran demasiado sorprendentes. No eran creíbles, en absoluto.

-Sé que suena difícil de creer, pero es lo que pasó. Y ahora sé que es así, porque volví a tener una pesadilla similar.

-¿Cuál?- pregunté esperándome lo peor.

-Soñé con Julia- dijo y se me heló la sangre.

-No. No digas eso- dije alzando la voz-. No mientas sobre eso.

-¿Qué te hace pensar que estoy mintiendo?

-¡Todo!- grité-. Esto no es creíble, Alex.

-Eres tú la que has venido a pedir explicaciones. Yo te las he dado.

-¿Y qué tiene que ver eso con irte, con dejarme?- pregunté intentando tragar el nudo de garganta que tenía.




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