Elizabeth Vega:
Para sus pacientes, ella era un profesional, su despacho era un santuario de disciplina donde cada emoción era analizada bajo el lente de una profesional que creía, con una fe ciega, que si controlaba su entorno, controlaría su destino. Elizabeth había construido su vida con carácter, resistente, impecable y, según ella, impenetrable. Pero, a pocos kilómetros de distancia, existía otro mundo regido por leyes muy distintas.
Matteo Collins:
no creía en el orden; él creía en el dominio. Como heredero de un imperio, su vida era un tablero de ajedrez donde cada pieza se movía por su voluntad. Para él, el control no era una elección, era una supervivencia. Estaba acostumbrado a que el mundo se inclinara ante él. Sin embargo, llevaba consigo una carga silenciosa, una grieta en su armadura que se negaba a mostrar a nadie.
Él era el caos que no conoce límites. Ella era la estructura que intentaba contenerlo todo.No sabían que sus caminos estaban destinados a colisionar. Él buscaba una forma de silenciar sus demonios, y ella, sin saberlo, estaba a punto de convertirse en el único ser humano capaz de ver más allá de su arrogancia. Cuando el hombre que lo tenía todo bajo control se encuentre con la mujer que no permite que nada se salga de su lugar, el choque será inevitable.En el momento en que sus miradas se crucen, ambos descubrirán que, frente a un deseo prohibido, la razón es la primera víctima. Ninguno de los dos estaba preparado para el impulso.
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Editado: 15.07.2026