Impulso

CAPITULO 3

El sonido persistente de mi celular me hizo levantarme de golpe; abrí los ojos y mi vista se enfocó en la hora: eran las 8:50 a.m.

—¡Mierda! —exclamé, saltando de la cama.

Había olvidado revisar mi alarma y llevaba casi una hora tarde. La cita con el señor Collins estaba programada a las 8:00 a.m. Corrí al baño, me duché con rapidez y elegí una falda formal y una camisa de botones. Me hice una coleta alta para lucir impecable. Mi gato Niko me observaba desde la cama.

—No me juzgues, tengo que ir presentable —dije, aunque sentía que él me observaba con total indiferencia.

Mientras conducía, el estómago me daba vueltas, no por nervios, sino por la pura vergüenza de haber fallado a mi compromiso. Mi secretaria, Kamila, llamó apenas estacioné mi Seat Ibiza.

—¿Dra. Vega? El señor Collins dice que no tiene tiempo para esto. ¿Quiere que le diga que venga en la tarde?—Dígale que ya estoy llegando y que por favor tome asiento —respondí con firmeza.

Al subir al ascensor y entrar a la oficina, saludé a Kamila, quien me entregó un café. Me informó que el señor Collins ya estaba dentro. Al entrar, lo vi junto a uno de mis estantes; llevaba un traje impecable y sus ojos azules me observaron con una frialdad que me caló los huesos.

—Buenos días, señor Collins. Lamento mucho la demora —dije, tratando de mantener la compostura.—Dra. Vega, ¿en su "terapia" no estaba incluida la puntualidad? —preguntó con un tono que destilaba arrogancia. Sentí mis mejillas arder por la vergüenza, pero mantuve la calma—. Tuve un contratiempo, pero ya estoy aquí. Comencemos.

Él tomó asiento con parsimonia mientras yo me acomodaba frente a él.—Señor Collins —comencé, entrelazando mis manos —mi trabajo consiste en entender qué lo ha traído hasta aquí. ¿Es una decisión personal o hay algún motivo detrás?

Él soltó una carcajada ronca —Estoy aquí porque mi madre me obligó. De lo contrario, no estaría perdiendo el tiempo en algo en lo que no creo.

—Entiendo —respondí, anotando en mi libreta—. Pero estar aquí requiere voluntad, al menos para escuchar. ¿Qué es lo que más le molesta de esta situación? ¿El hecho de estar frente a mí en una terapia, o el hecho de que alguien más controle sus decisiones?

Matteo se recostó en la silla, estudiando mi rostro. —Me molesta la ineficiencia, Dra. Vega. Me molesta sentir que mi tiempo, que vale millones, se desperdicia en preguntas que no llevan a ninguna parte. Ustedes los psicólogos creen que pueden entrar en la mente de una persona en una hora, pero mi vida no es un rompecabezas que usted pueda armar. ¿O acaso usted es perfecta? ¿Siempre tiene el control de todo?.

—No estamos aquí para ver mi capacidad profesional, señor Collins. Pero hablemos de lo que sí importa. Hablemos del imperio Del Monte. Es una estructura de poder inmensa. ¿Cómo maneja esa carga? ¿Es usted quien toma las decisiones, o es el peso de las expectativas lo que guía sus pasos?

Él se inclinó hacia adelante, reduciendo el espacio entre nosotros. —Usted hace muchas preguntas, pero responde pocas. ¿Por qué le interesa tanto mi empresa? ¿Es curiosidad profesional o es que le impresiona mi apellido?—El vaciló, parecía que iba a contarme algo muy importante—Mi vida es agotadora. Es estar de un lado para otro sin descanso, y menos ahora que ya no tengo a mi hermano Enzo que era mi mano derecha….

Sus ojos se oscurecieron y su mandíbula se tensó al notar que había dicho demasiado. Aproveché la fisura en su armadura: —¿Enzo? Es evidente que su nombre tiene un peso importante. ¿Qué pasó con él? ¿Es él la razón de su rechazo a esta terapia?

Matteo se puso de pie, dejando caer la silla contra el suelo.—¡No vuelvas a preguntar! —bramó, golpeando la mesa—. No tienes derecho. ¿Quién te crees que eres para indagar en mi vida?

Me puse en pie, tratando de proyectar calma, aunque mis manos jugaban nerviosas con mi bolígrafo. —Matteo, por favor, siéntate. Estamos en un espacio seguro…

—Esta "terapia" se acabó —me cortó él, ajustándose el saco con brusquedad—. No volveré a pisar este lugar. Quédate con tus preguntas.

Sin darme oportunidad de replicar, dio media vuelta y salió, cerrando la puerta con un portazo que hizo retumbar todo. Me quedé allí, en silencio, procesando la intensidad de su reacción.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.