In Regards To Love

No molestes a la Fiera

Si el tiempo se detiene, seria posible contar los cuentos infantiles de los niños, sin embargo todo avanza y nadie debe quedarse atrapado bajo la fantasía escondida entre miles de palabras.

Nuevas manifestaciones se hicieron presentes en distintas calles de la ciudad del sur, el movimiento encabezado por Betas, exigiendo mayor representación en la SCA

Edward Blackridge hojeo suavemente el diario al mismo tiempo que revisaba las nuevas tendencias en los medios de comunicación, donde destacaban varios rostros que habia estado vigilando.

— Betas...— susurró, recordando ciertos episodios durante sus dias de estudiosz escondido en las tierras heladas del Ducado Blackridge.

Sonrió con los dientes enseñando sus colmillos peligrosamente.

— Los alfas son interesantes, pero el porcentaje es tan pequeño...— Cerró el periódico, tirandolo sobre el escritorio.

Los pensamientos de Edward Blackridge eran tan impredecibles que ni el mismo era capaz de adivinar sobre la magnitud de sus propios límites.

— Sr. Blackridge...— Lance abrió la puerta, esperandole con su nuevo traje para que pudiera cambiarse.

Edward se puso de pie y lo tomó de sus manos, no sin antes revisar la vestimenta del joven Omega.

— Ordena otro traje para tí, recuerda que eres una extensión de mi imagen y te necesito mas presentable...— Le ordenó.

Lance asintió de inmediato sin discutir, — De acuerdo... Sr. Blackridge, ire a cambiarme y lo estare esperando en la entrada del edificio para poder irnos.

Edward ni siquiera volteó a mirarle cuando Lance cerró la puerta para retirarse.

Para nadie era un secreto que la personalidad de Edward Blackridge era ser una persona arrogante y soberbia, cuando se trataba de sus empleados, nadie podia levantar la cabeza si él no se los permitía.

Incluso los alfas que trabajan para él, se sentían humillados al darse cuenta que un beta estaba por encima de ellos, pero ninguno se atrevía a enfrentarlo, ya que eso significaba perder cualquier oportunidad de sobresalir en el futuro.

Edward Blackridge era famoso por deshacer y destruir carreras de aquellos que osaban ofenderlo, todo su personal era muy consciente, por lo que era mejor estar de su lado y respetarlo, ya que estar en el Grupo Blackridge les aseguraba una vida.

«El dinero es poder, mientras mas tengas...mas respeto obtienes»

Los consejos de cierto anciano, eran verdades que Edward conoció al haber asumido su posición, caminar con paso firme y ver como los demás debían bajar la mirada en su presencia, le daban una sensación de seguridad que el mismo se había encargado de obtener.

— Sr. Blackridge...— una voz familiar le saludó.

Tras haberse cambiado de atuendo, Edward debia dirigirse a una reunión un tanto peculiar, pero no pensó que iba a encontrarse con alguien "especial" de su lista.

En la entrada del edificio, lo esperaba nada mas ni nada menos que el mayor fracaso de los Arlette, al menos en su opinión.

— Vaya...— Edward se llevó la mano a los bolsillos, — ¿Que hace aquí el pequeño príncipe de la familia Arlette?.

Reinhard, se acercó como si estuviera tratando con algun viejo conocido, sus intenciones eran claras o al menos eso aparentaba.

— Honestamente, no comprendo porque mi padre esta tan obsesionado con un simple beta ...— Lo analizó con la mirada, — Después de todo, alguien como usted no puede comparse con el talento de un verdadero alfa...— Escupió con ferocidad.

Edward negó con la cabeza sin perder la calma, —Qué decepción, pero... no se puede esperar mucho de un niño criado por...— Hizo una pausa antes de continuar, — Un incompetente que ni siquiera conoce la diferencia entre un diamante y un pedazo de cristal sin valor.

Reinhard avanzo amenazante, — Solo eres un beta, alguien como tú debería estar mas que agradecido e incluso, tendría que súplicar por trabajar con mi padre.

— Niño, no soy tan joven como para ser engañado fácilmente...— arregló las mangas de su traje hecho a medida.

— Si tu padre fuera alguien tan capaz, tú no estarías aquí para provocarme ¿Es por la licitación de los terrenos?, dejame darte un consejo...— Edward inclinó la cabeza, lo suficiente como para que Reinhard pudiera escucharle.

— No muerdas, mas de lo que puedas masticar...— sonrió peligrosamente, — Regresa a casa y recuerdale a tu padre, que si quiere mantener su apellido y las propiedades que le quedan aún, es mejor no meterse conmigo.

Rainhard ni siquiera se atrevió a moverse un milímetro, la sensación de las palabras de Edward Blackridge hicieron que cada parte de su cuerpo, se sintiera intimidado.

Su padre, le habia pedido especialmente acercarse a Edward Blackridge, para buscar una asociación, negociar con él y asi poder acercarse a alguien que pudiera sacarlos de su mala situación.

Pero no contaba que el orgullo alfa de Reinhard fuera un inconveniente, haciendole creer que no era necesario apoyarse en un simple beta.

— Tú...— Reinhard intento sobreponerse, — Nos necesitas... — Dijo con la mayor convicción de la que pudo ser capaz, — no eres mas que un recién llegado en este pais y nadie estará dispuesto a colaborar contigo.

Los labios de Edward se curbaron en una sonrisa burlona.

— ¿De verdad? ...— Cruzó los brazos, bastante confiado, — tienes buenas teorías, lo admito... Pero solo son palabras vacías, sin resultados.

Rainhard trató de tomarle del brazo al ver que Edward se disponía a marcharse, sin embargo no contaba con la aparición de un tercero.

— ¡Ugh!...— Reinhard se quejó del dolor.

Su cuerpo apareció tirado de espaldas en el piso frente a la vista de muchos, una fuerza abrupta lo tomó desde atrás y lo había derribado sin que pudiera defenderse.

— Sr. Blackridge...— Lance se acercó, — ¿Se encuentra bien?...— Le preguntó preocupado, buscando algun rastro o mancha en su ropa.

Reinhard levantó la vista y vio al pequeño omega, su rostro se lleno de ira al darse cuenta de la humillante situación en la que se encontraba.




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