In Regards To Love

El Que La Hace, La Paga

Tras la discusión y los problemas al comienzo, Lance Baldwin repartió las copias de la lista oficial de inversiónistas que el Grupo Blackridge habia aceptado.

Algunos de los presentes, al ver que sus propuestas fueron denegadas, no tuvieron mas remedio que permanecer en silencio.

Lamentablemente para ellos, haber sido invitados, no resultó como habian esperado.

— Sr. Blackridge...— Gerald se dirigió hacia él.

— ¿Dígame?...— Edward no parecía preocupado.

Gerald levantó la carpeta que le fue entregado, mostrandose confundido.

— Puede explicarme... ¿porque la empresa de mi familia no se encuentra en la lista? — Lo interrogó.

— Hmm...— Edward pareció buscar la respuesta adecuada.

Al verlo distraído, Lance intervino, para apaciguarlo.

— El Sr. Blackridge no considero su participación en este proyecto debido a que piensa que los recursos que usted ofrece, pueden ser utilizados en algo un poco diferente...— se explicó.

Gerald los miro desconfiado, el había trabajado en una propuesta hecha precisamente para el centro comercial ¿Que significaba que lo iban a usar en otro lado?.

— Exijo una explicación mas clara...— Dijo con pocos ánimos.

— Lo que mi pequeño Baldwin esta diciendo, es que pienso utilizar tu propuesta en otro proyecto especial, el cual solo requiere un inversiónista....— se dirigió a los demas.

—Se que la mayoría no lo entiende, pero todos los que estan aquí en la lista, fueron cuidadosamente selecciónados...— Aclaró para evitar inconvenientes.

— No obstante, el Vicepresidente Gerald Pritchard demostró mas capacidad que los demas, por lo que he decidido entregarle la construcción de un condominio en la ciudad de Oeste, con un 45% de acciónes por participacion garantizadas al final de la obra.

La reacción fué inmediata.

Todos los representantes se pusieron de pie muy alterados al escuchar la noticia.

— ¡¿Qué?!

— ¡¿Como es eso posible?!

— ¡Nadie nos dijo que habia algo asi...!

— ¡Esto es jugar sucio!

Edward observo en silencio, analizando cuidadosamente a cada uno.

— Sr. Blackridge, esto es inaceptable...— Uno de ellos tomó el archivo con las lista de nombres, — Me rehusó a participar en la construcción del Centro Comercial cuando bien pudo entregarnos el proyecto del condominio.

El hombre estaba muy alterado, un alfa regordete cuya camisa parecía estar a punto de reventar por su respiración agitada.

— Bien, es una pena...— Edward simuló estar desolado.

Alzo ligeramente los hombros antes de continuar con una actitud lastimera.

— Si usted y la empresa que representa no están contentos con esta decisión, no tengo mas remedio que darles las gracias y desearles buena suerte en el futuro.

El murmullo no tardo en convertirse en un caos silencioso, nadie volvió a levantar la voz, bajaron la cabeza y no se atrevieron a moverse.

El alfa regordete, perdió la confianza de inmediato y quiso resolverlo.

— Espere...— habló muy nervioso, casi temblando a punto de desmayarse, — Quizas, podemos reconsiderarlo un poco.

— No — La negativa de Edward fué mordaz, inmediata sin ningún atisbo de compasión.

— No soy un santo, no me confundan con uno...— Se puso de pie, acercándose hasta el Alfa.

Estaba todo claro, lo habia arruinado, la participación de la empresa, su trabajo, su vida, todo estaba perdido.

— Las oportunidades no se repiten nunca...— le puso la mano al hombro, — Es una lastima.

Se apartó limpiandose las manos como si hubiera tocado algo sucio, mientras un par de guardias de seguridad se acercaron para escoltar al pobre hombre.

Edward Blackridge desvío entonces la mirada, como dando por terminado el asunto, dirigiendose a los restantes.

— Para todos aquellos que permanezcan...— levantó la lista, — La construcción del Centro Comercial seguirá en pie según lo acordado, espero que esto les haya dejado claro a todos que nadie es indispensable y comprendan la importancia de lo que realmente significa tratar de enfrentarse conmigo.

Arrojó la lista frente a todos, como si tratara de cualquier cosa.

— La reunión ha terminado, espero verlos pronto...— Los despidió a todos.

Sin perder tiempo, todos los que quedaban salieron apresuradamente del lugar como si estuviera escapando de un desastre sobrenatural.

Todos a excepción de Geral Pritchard y por supuesto, Alexander Fitzroy quién aun era sostenido del brazo por Vincent Renault.

— Eres bastante interesante...— Gerald sonrió antes de despedirse, — Sera un gusto trabajar contigo en el futuro, por ahora me retiro...Sr. Blackridge.

Gerald tomó su chaqueta de piel y salió del lugar acompañado por Lance Baldwin.

—¿ Queda algún asunto por atender? — Edward pregunto mientras se servia una copa de vino, apoyandose en una pequeña mesita en un rincón del salon.

Alexander no podia quitarle los ojos de encima, Aunque ese beta se parecía a su Omega, esa personalidad frívola y juguetona hacia que lo deseara tener en sus manos.

— Cariño...— Vincent le llamó con voz suave, sacándole de su trance.

Usar su papel de niño bueno y sumiso era la mejor carta que habia aprendido a jugar, Alexander había caído en su encanto debido a ese método.

Lo que le da a Vincent la confianza de seguir manteniendo su presencia dentro del corazón del alfa, aunque ese tipo tuvo muchos amantes en el pasado, solamente él había sido capaz de derribar a la esposa principal.

— Vete a casa...— Alexander le ordenó, — Tengo algo importante que tratar aún con este hombre.

No era una sugerencia, era una orden directa sin contemplaciónes.

Alexander no apartó la mirada de Edward, hipnotizado por cada uno de sus movimientos.

Esto hizo que Vincent se sintiera insultado, abrió la boca un par de veces sin encontrar su voz, finalmente asintió obedientemente, retirándose del lugar.

Y la habitación se hizo mas grande que antes, solo dos almas permanecieron en el mismo sitio.




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