El hombre sentado en la sala, había envejecido desde la última vez que se vieron, un alfa de mirada suave, silencioso, sin personalidad, enfrascado en una imagen de subyugacion hacia aquellos por encima de él.
Stephan Richmond, Un alfa en sus cuarenta y algo, con el cabello canoso, una barba recortada descuidamente, sin rastros del legado escondido en su sangre, nadie creería que alguna vez ese hombre perteneció a una familia adinerada.
Edward lo observo en silencio, el hombre sentado delante de él, era el mismo que no pudo salvar a su hermano mayor, dejando que la vida de Dylan se convirtiera en un infierno.
— Yo...— Stephan quiso hablar, pero pronto se quedó en silencio, desconocia su situación y temía molestar a su anfitrión.
Edward analizó la manos del invitado, estas estaban cubiertas de cicatrices viejas, seguramente eran huellas del trabajo físico que realizaba para mantenerse.
¿Habra sido una vida difícil? Posiblemente, un hombre como Stephan, criado como una rosa de invernadero, debio pasar muchas dificultades tras haber abandonado su hogar familiar para enfrentarse al mundo solo y con un niño a cuestas.
—Dónde está el niño...— Edward fué directamente al asunto importante.
Si el alfa sufrió o no, no tenía nada que ver con él, solo habia un par de razónes para buscarle, la principal era encontrar al hijo de Dylan, esa era la prioridad.
Stephan por su parte, no mostró mucha reacción, en cambio hasta parecía entender la situación sin esfuerzo.
— Mi hijo...— movió las manos incómodamente, — Él decidió ingresar a trabajar en una empresa hace poco y suele volver a casa algunos días cada 3 meses.
Edward alcanzó un vaso de agua y pidió a sus sirvientes dejarles solos.
— ¿Puedo asumir que me reconoces? — Edward hizo una pregunta casual.
Aunque no se habian visto mucho en el pasado, quería asegurarse de la posición en la que estaba ese alfa.
Stephan levantó la mirada con humildad, casi avergonzado.
— Por supuesto...— Admitió sin novedad, — Dylan... Solia guardar fotografías de su hermano pequeño, es imposible para mi no distinguir a quién tengo enfrente a pesar de algunos cambios.
Stephan pareció recordar a quién alguna vez fué su pareja, el Omega que dejó morir.
— Asi que aun eres capaz de nombrarlo tan fácilmente...— La voz de Edward salió mas mordaz de lo esperado, cargada de veneno.
Stephan negó con la cabeza, entendía perfectamente que su posición era inestable, pelear o discutir no era parte de él, solo debia asumir su castigo y si esta iba a ser la forma de pagar por sus pecados, estaba dispuesto a asumirlo.
— No es tan fácil en realidad...— dijo deliberadamente acariciando un viejo anillo en sus dedos, — Decir su nombre se ha vuelto una tortura desde el día que lo perdí, nunca he buscado una excusa para facilitarme la vida, eso seria una falta de respeto.
El alfa se mostró sincero, no escondía nada, incluso estaba siendo cooperativo, como si nada tuviera la fuerza suficiente para destruirlo, porque el mismo se había encargado de hacerlo consigo mismo.
Edward suspiró rascandose la cabeza, dejando de lado el vaso de agua apenas dando un par de sorbos pequeños.
— ¿El hijo de Dylan, es realmente tuyo o es de tu hermano Nathan?...— Edward tenía que saberlo, aunque era un dato doloroso, el hijo de Dylan tarde o temprano seguramente necesitaba conocer la verdad.
Stephan se tensó ante la pregunta, sus ojos cambiaron de inmediato, como si algo se hubiera roto dentro de él, lo que hizo que Edward se sorprendiera.
— Vladimir es mi hijo...— Stephan dijo en voz alta, con una voz llena de convicción y firmeza en su afirmación.
HACE 23 AÑOS...
— Deja de hacer escándalo, es solo un Omega y puedes tener a otro, no seas un idiota hermanito...— Nathan lo empujó haciendole a un lado.
— Tú, realmente estas loco, Dylan es mi pareja y tu te atreviste a forzarlo en mi ausencia...— Stephan quiso golpearlo.
En cambio, Nathan lo pateó en el estómago haciéndo incarse del dolor en el suelo, cubriendose con la mano la parte afectada, mientras escupía sangre.
— Tu hermano mayor tiene razón...— El padre de ambos intervino finalmente, luego de haber permanecido en silencio momentos antes.
— Es solo un omega ¿Es necesario que molestes a tu hermano mayor por algo tan insignificante?...— Lo miró con desprecio.
Nathan sonrió tranquilamente al recibir el visto bueno de su padre.
— Dylan espera un hijo ¿Acaso importa si la semilla es mia? Eres mi hermano, deberías criarlo después de todo, sera el heredero de nuestra familia, alguien tan incapaz como tu ni siquiera fué capaz de preñar a su propio Omega...— Se burló lleno de aires de suficiencia.
— Deberías estar agradecido pequeño hermano, finalmente hiciste algo bueno por esta familia...— se agachó para darle unas palmaditas al hombro.
— Ese hijo en el vientre de Dylan es de nuestra sangre, yo puedo tener mas descendencia en el futuro, darte uno no es un problema para mi, ya que muy pronto ese niño Omega de los Arlette llegará a la edad adulta y su padre lo entregará para ser mi esposa...— Sonrió con satisfacción, como si estuviera saboreando el momento.
Stephan seguío tirado en el piso sin poder responder nada, el dolor en su cuerpo era insoportable, su condición fisica era bastante mala y por ellos siempre fué intimidado por su hermano mayor Nathan.
«Quizas no puedo ganar en un pelea, pero hallaré en momento adecuado...»
Pensó sumergído en el dolor de su cuerpo, tratando de tolerar todo eso para poder levantarse e ir hasta la habitación donde se encontraba encerrado su Omega.
La propiedad Richmond tenía la casa principal en la entrada, pero antes de ella solia haber una construcción antigua detrás de ella separada a cierta distancia.
En una de las habitaciones del esa residencia, se encontraba encerrado Dylan Arlette, encadenado de los tobillos para que no pudiera escapar, atado a una cama vieja con sabanas sucias, ni siquiera podía disfrutar plenamente del sol.
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Editado: 08.02.2026