El relato de la vida de Stephan antes de abandonar la casa Richmond, fué algo diferente de toda la historia que conocía.
Edward suspiró cansado, tener la versión de los verdaderos protagonistas siempre venía de la mano a una verdad desconocida de aquellos que hablan sin pensar, confiando en fuentes que solo transmiten información cambiante de un emisor a otro.
Lo que al principio asumió sobre su cuñada, estaba muy alejado de todo lo ocurrido ese día, el alfa etiquetado de cobarde y sin voluntad, solo era el resultado vivo de la supremacía alfa en la sociedad.
Cualquiera que no cumpla con el estándar, simplemente estaba destinado a ser borrado y hacerse cada vez mas pequeño, una presencia tan diminuta, indigna de ser reconocida.
— Asi que todos éstos años estuvieron escondiéndose...— Edward asumió relajando su postura.
No podia evitar sentir desconfianza, pero las cosas complicadas tenían que ser manejadas con madurez, de lo contrario el desastre venido seria difícil de manejar.
Stephan soltó un suspiro cansado, como si abandonara media vida en cada bocanada de aire en sus pulmones.
— Si soy honesto, no fue tan complicado como pensé inicialmente...— miró el suelo analizando sus memorias, — Cuidar del niño, fué la parte complicada de mi elección.
Recordó vagamente las noches de desvelo, atento al llanto del pequeño que exigía el calor de su madre, un vida inocente que no tenia pleno conocimiento de su perdida.
— Vladimir, era un poco enfermizo...— volvió a acariciar su anillo de bodas, mientras continúo relatando partes de su experiencia como un padre soltero.
— Solia llorar bastante, al punto de desarrollar episodios de fiebre intensa, lo que hacia que sus cuidados fueran mas minuciosos...— recostó su cuerpo en el respaldo del sillón, con la mirada perdida en el techo del salón, — Fué difícil, pensé que no era suficiente y debía rendirme, pero ver su rostro, hacía que mi corazón se hiciera mas pequeño, mi hijo se parecía tanto a Dylan, que no me atreví a darme por vencido.
Cada palabra, cada gesto de Stephan, era analizada sutilmente por Edward que buscaba algún indicio de un posible engaño, una mentira que lo fuera a beneficiar, no obstante el alfa no mostraba segundas intenciones.
Su voz cargada de arrepentimientos tardíos, eran fieles testigos de su sinceridad, por mas que buscase un motivo, una razón para desvalidarle, Edward no encontró ninguna.
Stephan, frunció las cejas con una mirada perdida en algun punto de la alfombra, continúando con un tono intenso, lleno de frustración e indignación al relatar su experiencia fuera del hogar, de su apellido, solo contra el mundo allá afuera.
— El niño creció, mudarse se hacía cada dia mas complicado, adaptarse a un nuevo entorno comenzó a afectarlo seriamente...— Recordó con tristeza, — Quise contarle el porque no podíamos permanecer en un solo lugar, pero... ¿Como le explicas a un niño inocente toda la situación?.
Edward también lo entendió, la verdad pudo haber sido una opción segura, un camino fácil para evitar preguntas.
Después de todo, Edward Blackridge tenía en su pasado cierta herida que seguía abierta, no cabia duda alguna sobre la debilidad de aquellos que tenían la capacidad de amar.
« Si en ese entonces hubiera sido capaz de ver entre el engaño de ese hombre, seguramente tambien me habría ido con mi hijo...»
Como "Jason" esa era la forma mas adecuada de enfrentarse a sus verdugos, pero apenas había dejado de ser un niño y poco tiempo después dió a luz a un hijo, uno que no pudo ver crecer a su lado.
— Vladimir es lo mas importante para mí...— Stephan hizo énfasis.
La sociedad dictaba que alfa era proveedor, autoritario y la cabeza del hogar, Omega solo un compañero destinado a continuar con el linaje de su alfa, sin embargo, el camino hacía el cielo aun existía.
No todos los alfas podian ser tan malos, Stephan Richmond era la prueba de ello, tuvo sus errores y sufrió las consecuencias, aun así eligió hacer lo correcto, sacar a su hijo de su familia, apartarse y empezar de nuevo en otro sitio.
— No puedo dudar sobre ello...— Edward lo aceptó, no desconfiaba de su afirmación, — Tus acciones hablan muy bien de tí, lo admito.
Sus manos se movieron lentamente hacia una carpeta de documentos preparados anticipadamente, ante la mirada atenta de Stephan, extendió un documento frente a él.
El título resaltaba en letras grandes, tanto como para ser visto hasta por un ciego desde la distancia.
“Contrato de Transferencia de Acciones del Grupo Blackridge”
Stephan abrió los ojos, sin poder asimilarlo de inmediato.
¿No era esto una trampa?, el alfa se puso nervioso, alguien que se habia acostumbrado a un vida sencilla, ya no era capaz de entender sobre estas cosas que ponian delante de él.
— ¿Que significa esto? — Stephan preguntó conteniendo la respiración.
Su postura estaba muy alerta ante cualquier cambio, Edward decidió tomarlo con humor, su "cuñado" aún parecía un pequeño ratón asustado, como si estuviera a punto de ser deborado por una bestia.
Edward sonrió amablemente, — Todo esto es un obsequio de mi parte para garantizar el futuro de tu hijo, sin embargo no puedo mentir sobre algunas cosas...— No era un santo, sus motivaciónes iban mas allá de "apoyo familiar.
Stephan se movió incómodo, no necesitaba de mucho para comprender a lo que Edward Blackridge se estaba refiriendo.
— ¿Quieres eso?
El tenía en sus manos algo realmente importante, una salida por si algún día fuera atrapado, un tesoro de doble filo que tuvo bajo su cuidado al salir de la casa Richmond.
— Sí...
Edward no se fué por las ramas, ese no era su estilo, los negocios eran negocios y cuando se trataba de ello, uno debía permanecer inalterable, esto era ser profesional.
— Sé muy bien que tienes en tus manos una bomba de tiempo, una que podría explotar en cualquier momento y que por ello, tu padre y hermano pusieron precio a tu cabeza...— Edward fué directo.
#5047 en Novela romántica
#588 en Joven Adulto
omegaverse bl, divorcios infidelidad desamor, toxicoposesivo
Editado: 08.02.2026