Queridos lectores o, como les llamo de cariño, mis golfeaditos:
Primero que nada, quiero disculparme si me encuentran ausente. Quizá esto no sea de su interés, pero más allá de ser una escritora sin rostro, soy un ser humano no un bot de una plataforma soy una chica de la que no conocen más que lo que escribe, aprovecho para agradecer profundamente esas más de 700 lecturas llenas de amor. Si me ven un poco desconectada, es porque soy de nacionalidad venezolana. Nací en Venezuela un 27 de marzo de 2007 y tengo 19 años.
Venezuela...Un país hermoso, pero marcado de mil maneras por el rechazo, el dolor, la impotencia, la rabia, la bondad y la maldad. Todo coexiste aquí, haciendo de los días una afonía donde cada jornada se sentía igual de devastadora. Y cuando al fin empezábamos a ver la luz, el destino nos puso la prueba más grande y más dolorosa: en cuestión de segundos, dos terremotos arrasaron con todo lo conocido y se llevaron vidas a la velocidad del viento; sueños que quedaron rotos y memorias congeladas entre escombros, con personas vivas esperando a que la ayuda llegara. Ahora estamos en una rutina automática de comer o ayudar lo más que se pueda, y sentir ganas de llorar o gritar hasta quedarse sin voz. Si sentíamos haber tocado fondo, descubrimos que el fondo del abismo tiene sótano.
No busco consuelo, no busco validación, ni que por esto de repente tenga miles de visualizaciones por el morbo de la novedad, ya que quien no vive para servir, no sirve para vivir. Si a alguno de los presentes le incomodan mis orígenes, es válido, pero absténgase de lanzar su odio; inicialmente queda fatal usted demostrando su carencia de amor al prójimo y a usted mismo. Y bueno, créame que a nadie le importa un comentario de hate mientras hay tanto dolor; bueno, afecta, pero afecta más la situación actual. Mi país ya venía de migración, hambre, muertes y dolor, y esto nos mató a todos. A unos de manera visceralmente cruel, y otros vivimos con el síndrome del superviviente, porque el solo imaginar lo que hubiera sido tener un familiar allí, rogando por una oportunidad para vivir o entregándose a la oscuridad del polvo, es un dolor que no se compara, o con esa pregunta que al menos a mí me ha taladrado la mente: ¿Por qué estoy bien cuando hay personas realmente mal?
Por último, a mis lectores venezolanos, en caso de que los tenga: los acompaño en su dolor. Trataré de seguir escribiendo siendo fiel a mí misma y dando lo mejor para ofrecer escritos de calidad; mientras mis manos funcionen, mis ojos se despierten y la rabia y el dolor tengan papel o electricidad donde plasmar lo que llevo, supongo que aquí estaré. Quizás así pueda aliviar un poco el peso de la incomprensión y la confusión; aunque no lo creamos, no estamos solos. Lamento cada pérdida como si hubiera sido mía, porque nos criamos donde el vecino es como familia y en donde comen dos, comen tres. Y sabemos que un puñado muy ruidoso que comparte, tristemente, nuestra nacionalidad y que nos deja mal haciendo daño por doquier, no representa lo que somos, sino las carencias que cada uno decidió llenar; en este caso, muchos con dolor ajeno y odio en vez de sanar y buscar a Dios.
gracias por aquellos que han ayudado tambien mi pais dios los bendiga infinitamente. si aceptan un consejo valoremos cada amistad genuina, digamos lo que sentimos a nuestros seres queridos, amen con todo su ser porque nunca sabemos cuando decimos un adios para siempre o simplemente mas nunca volvemos a ser lo que fuimos o vivir lo que no fue, los amo.