In The Middle of The Night

|| Capítulo: I ||

Justine Cumberbatch POV's

Mientras conducía mi auto de camino a la escuela, pasaba por mi mente aquella conversación con mi abuela donde me decía que no me volviera a meter en problemas. Eso me hizo esbozar una leve sonrisa, puesto que, según ella, soy una tormenta de problemas andante; pero antes de que se tome a mal, ella me ama tanto como yo a ella. Desde siempre hemos sido solo las dos. Sin embargo, el hecho de tener que afrontar la vida sola fuera de sus cálidos brazos ha hecho que, en más de una ocasión, haya tenido ciertas peleas con los típicos niños ricos de los cuales, para mi mala suerte, he tenido que vivir rodeada. Todas estas peleas han causado mi expulsión de algunas escuelas e incluso me han puesto en una especie de lista negra.

A decir verdad, a pesar de llevar casi toda mi vida en esta ciudad, jamás me dispuse a explorar más allá de las cuatro paredes que me rodean; supongo que muy dentro de mí existe ese miedo de salir y conocer el mundo, o el sentirme pequeña ante la inmensidad del mismo. Otro factor importante es que estos sentimientos se refuerzan al haber vivido —y aún vivir— rodeada de muchas personas que cuidan de mí y de cada paso que doy, dándome esta sensación de asfixia.

La ciudad es cálida y tranquila.

Estoy a punto de llegar. El semáforo cambia a verde y en el panorama se logra divisar cada vez más chicos de mi edad, lo que me indica que estoy más cerca. De pronto, una escena bastante desgarradora hace que mi sangre comience a hervir: un acto despiadado y cobarde. Cuatro tipos arremeten contra uno solo; lo patean, lo escupen e incluso uno de ellos lo asfixia con el pie. En definitiva, no puedo hacer caso omiso. Sin siquiera pensarlo, me abalancé hacia ellos con el auto en marcha para asustarlos y lograr que dejaran al chico; realmente, si atropellaba a alguno de ellos, no me importaba. Logré que se sobresaltaran y se alejaran. De inmediato, bajé del auto y corrí hacia el joven, que apenas podía respirar.

—¿Pero qué sucede con ustedes, idiotas? —les grité mientras veía al chico débil y sangrando.

—¿Y a ti qué más te da? Más bien, ¿qué sucede contigo? Casi nos atropellas, no sabes en el problema que te has metido —dijo el que parecía el líder de esos simios.

—Así es —le siguió el otro—. Tú no sabes con quién te acabas de meter, y si no quieres que te pase lo mismo, es mejor que te alejes de este imbécil o sus problemas te seguirán a ti también —finalizó en tono amenazante.

—¿O qué? —los reté mientras me levantaba, lista para lo que fuese a pasar. No sería la primera vez que peleaba con un chico.

El líder solo me echó un vistazo de pies a cabeza y miró por última vez al chico, que observaba temeroso la escena. Segundos después, todos se marcharon. Juro que quería ir tras ellos y hacerles pagar, pero era más importante ayudarlo a él.

—¿Te encuentras bien? —pregunté mientras intentaba ayudarlo a ponerse de pie.

—¿Te parece que lo estoy? —dijo casi molesto.

—Lo siento —me disculpé de inmediato. Escuché cómo dio un quejido cuando pasé mi mano por su costado—. Te llevaré a un hospital ahora mismo.

—¡Por favor, no lo hagas! —respondió de inmediato—. No te molestes, voy a estar bien.

—Nada de eso. Por favor, mírate, no estás bien. Necesitas asistencia médica; además, no fue una pregunta —le respondí con firmeza.

—Te lo pido, por favor, no —dijo, y pude ver cómo sus ojos se ponían cristalinos. En su voz estaba la súplica y, aunque no entendía por qué, decidí respetar su petición.

—De acuerdo, pero te llevaré a mi casa para curarte y no aceptaré un no por respuesta.

Él solo asintió cabizbajo. Con cuidado, caminé con él hacia el auto y lo ayudé a subir a la parte trasera para que pudiera recostarse y el viaje le resultara más cómodo. Cuando logré acomodarlo, subí y comencé a conducir hacia mi casa. No puedo negar que estaba tensa y temerosa de que el chico muriera en mi coche.

—Espera, ¿qué hay de la escuela? No puedo faltar —comentó preocupado.

—¿Estás ahí casi muriendo y lo que te preocupa es la escuela? —le dije desconcertada.

—Tengo una beca que cuidar —dijo con desánimo.

—No te preocupes, me encargaré de ello —le aseguré, aunque no sabía bien cómo.

—Me llamo Ryan. Ryan Stocking. Lamento no haberme presentado antes.

—Justine Cumberbatch —le respondí, dedicándole una leve sonrisa a través del retrovisor—. Ryan, no quiero incomodarte con lo que te preguntaré, pero...¿Has intentado parar este tipo de abusos? Porque, por lo que pude ver, esta no es la primera vez que esos idiotas te hacen esto y me da la impresión de que sabes bien quiénes son.

—No es tan fácil... Esos a quienes llamas idiotas son sobrinos e hijos de importantes donadores de la escuela, así que no hay mucho que hacer por un estúpido becado como yo —finalizó con un suspiro y echó la cabeza hacia atrás. Segundos después, volvió a dirigirse a mí—: ¿Dijiste Cumberbatch? —Asentí sin apartar la mirada del camino; estábamos cerca de llegar—. ¿De esos Cumberbatch? —Solo rodé los ojos.

—¿Por qué?

El estatus de mi apellido no es algo que defina quién soy. No me gusta ser pretenciosa ni mucho menos creerme dueña del mundo por los padres que tuve o la posición social en la que me encuentro; sin embargo, mis intentos de vivir en el anonimato o de que mi nombre pase desapercibido suelen ser en vano.

—No, por nada —respondió él; al parecer notó que el tema me incomodaba.

Finalmente llegamos a casa y, como era de esperarse, Carin casi se infarta al ver el estado de Ryan. De inmediato llamó a un doctor, quien llegó poco después y lo revisó a detalle. Ryan se sentía como un cachorro asustado en su primera visita al veterinario. Como sospechaba, no era la primera vez que le hacían algo así; mientras lo examinaban, pude ver bajo su piel delgada y pálida los rastros de cicatrices en su torso, además de hematomas viejos y recientes. Me preocupé tanto que estuve dispuesta a llamar a la policía, pero sabía que, aunque era lo correcto, no me correspondía tomar esa decisión sin su consentimiento. Debía respetar su voluntad.




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