In The Middle of The Night

|| Capítulo X ||

Justine Pov

—¿Qué película quieres ver? —le pregunté, dejándome caer en el sofá de mi cuarto junto a él.

Ryan me miró con una suavidad que me desarmaba. Por un momento, el caos de la oficina de la directora y los gritos de Carin parecían pertenecer a otra vida. —¿Billy Elliot? —sugirió tímidamente. —Me gusta —respondí, esbozando una sonrisa real.

Pasamos el resto de la tarde así, rodeados de comida y el brillo de la pantalla. Poco a poco, la tensión que cargaba en los hombros se fue disolviendo. El calor de Ryan a mi lado era un ancla; no necesitaba planes de venganza ni apellidos pesados. Solo necesitaba esto. En algún momento, mis párpados ganaron la batalla. Apoyé mi cabeza en su hombro y, por primera vez en semanas, el sueño no fue una huida, sino un descanso.

Ryan Pov

Mis ojos se abrieron de par en par. La luz de la pantalla plana de Justine me molestó por un segundo, pero mi mirada se centró de inmediato en el peso que sentía sobre mi hombro.

Era ella. Su rostro estaba a centímetros del mío, con los labios levemente abiertos porque su mejilla presionaba contra mi ropa, simulando un pescado tierno. Su respiración era tan calmada, tan rítmica, que me quedé hipnotizado. Admiré cada facción de su rostro: la línea de su nariz, sus pestañas largas, la paz que solo el sueño le permitía tener. Salí de mi trance cuando ella empezó a removerse. Miré mi reloj y mi corazón se aceleró: 8:34 p.m.

Moví mi hombro con suavidad para despertarla. —Si estoy despierta —dijo rápido, enderezándose de golpe.

—Sí, me di cuenta —reí por lo bajo.

—Disculpa si te babié... —susurró, apartando la vista con una vergüenza que me pareció adorable.

—No te preocupes —le aseguré, pero la angustia me golpeó de inmediato —. Debo irme, es demasiado tarde. Mi padre va a matarme.

Bajamos a la planta baja y encontramos a Carin en el comedor. Los ánimos se habían enfriado. Ella se acercó a nosotros y, con un gesto inusual, puso una mano en el hombro de Justine.

—Siento lo que dije de tus padres, hija —murmuró Carin—. Estaba asustada.

—Yo también lo siento, abuela. Por el comportamiento —respondió Justine en un tono bajo.

Carin nos había preparado una lasaña deliciosa que llenaba la casa con un aroma hogareño. Incluso me empacó una porción generosa para que llevara a casa. Me avergoncé por recibir tanto, pero no pude despreciar su buena voluntad.

—Yo te llevo —sentenció Justine tomando las llaves de su auto. No me dejó protestar.

En el auto, el ambiente era tranquilo. Ella puso música para ambientar el camino y, entre curvas, me preguntó si alguna vez había tenido novia. Mi respuesta fue un "complicado" que no quise expandir. Me invitó a pasar las vacaciones con ella; quería que hiciéramos cosas para divertirnos, y aunque acepté visitarla por las mañanas después de mi turno en el bar de GiGi, el miedo a mi propia realidad empezó a filtrarse en el coche.

—Déjame aquí —le dije en la esquina antes de llegar a mi casa.

—¿Seguro?

—Seguro. Nos vemos mañana.

El infierno no hace ruido antes de estallar. Dwayne estaba sentado en las escaleras. Sus ojos inyectados en sangre me dijeron que no importaba cuánta lasaña trajera en las manos.

—¿Crees que este es un hotel? —rugió antes de lanzarme el primer golpe.

El recipiente de comida voló por el suelo, destrozado. Los siguientes minutos fueron un borrón de dolor puro. El impacto en mi costado, la bofetada que me hizo ver estrellas, y luego su mano en mi cabello obligándome a escuchar sus insultos sobre la escuela.

—¡Eres un maldito problema! Me llamaron de la escuela diciendome que te metiste en problemas —gritaba mientras sus botas de punta metálica encontraban mis costillas, mi abdomen, mi rostro.

El sabor metálico de la sangre se volvió mi única realidad hasta que la inconsciencia me rescató.

Cuando desperté, el dolor era infernal. No sabía a dónde ir, pero mis piernas se movieron solas hacia el único lugar donde me sentía humano. Caminé por las calles desiertas, con un ojo completamente cerrado por la inflamación y el alma desprendiéndose de mi cuerpo. Cada paso era una agonía.

Llegué a la entrada de la mansión. Con las últimas fuerzas que me quedaban, presioné el altavoz.

—¿Quién es? —la voz ronca y somnolienta de Justine salió por el aparato.

—Soy Ryan Stocking... necesito ayuda.

Mi vista se oscureció. Mis rodillas cedieron y el frío pavimento me recibió mientras el mundo desaparecía por completo.

Justine Pov

Después de dejar a Ryan, el silencio de mi habitación se sintió extraño. Me tomé el tiempo de ordenar cada cosa en su sitio; necesitaba control sobre algo, aunque fuera sobre la posición de mis libros. Me había dado una ducha rápida para quitarme el rastro del día cuando Carin llamó a mi puerta.

—Tienes visita en la sala, Justine. Es importante —dijo desde el otro lado.

¿Quién visitaba a las diez de la noche? Bajé las escaleras aún con el cabello húmedo y me detuve en seco al ver al hombre sentado en el sofá. Eryx. El "hombre cometa", el mejor amigo de mi padre que solo aparecía cada ciertos años para recordarnos lo que habíamos perdido.

—Pero mira en qué mujercita tan bonita te has convertido. Tan linda como tu madre —dijo Eryx, poniéndose en pie y atrapándome en un abrazo que me resultó asfixiante.

—Qué gusto verte —mentí, forzando una sonrisa mientras nos sentábamos. Sus ojos se desviaron hacia el maletín a su lado. Ya sabía a qué venía.

—Las echaba de menos —comenzó Eryx, mirando a Carin—, y quería discutir ciertos asuntos. Sé que la hora no es la mejor, pero estaba por el vecindario.

—¿Qué tipo de asuntos? —cuestioné, cruzándome de brazos.

—¡Justine! Son cosas de mayores —me reprendió Carin, pero Eryx la detuvo con un gesto elegante.

—Tranquila, es natural que tenga curiosidad. Justine, quiero hablar del trato que, desafortunadamente, no pude cerrar con tu padre debido a... la tragedia. Ahora que vas a alcanzar la mayoría de edad...




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