In The Middle of The Night

| capítulo: XIV |

Despertar en la habitación de Ryan fue como emerger de un sueño profundo solo para caer en una pesadilla. El pánico me recorrió el cuerpo al ver las noventa y ocho llamadas perdidas de Carin. Sabía lo que significaba: el fin de la tregua, el regreso del juicio constante y, posiblemente, el inicio de una guerra abierta en casa.

— Tengo que irme, Ryan —dije, mi voz era un manojo de nervios mientras intentaba arreglarme el cabello frente al pequeño espejo de su cuarto—. Mi abuela va a matarme. No, va a hacer algo peor: va a ignorarme hasta que desee estar muerta.

Ryan intentó levantarse, haciendo una mueca de dolor por sus costillas. — Justine, déjame ir contigo. Puedo explicarle que me quedé dormido, que fue mi culpa por pedirte que no me dejaras solo...

— No —lo corté, dándole un beso rápido en la mejilla que supo a despedida y aunque me sorprendio mas a mi haberlo hecho que a el era mas grande mi panico que mi verguenza—. Esto es entre ella y yo. Quédate aquí, descansa. No quiero que Dwayne vea que estás débil si James no está en la puerta.

Salí de su casa sintiendo el frío de la mañana como una bofetada. El trayecto a la mansión fue eterno. Cuando crucé el umbral, Carin me esperaba en el vestíbulo. No estaba gritando; estaba sentada en su sillón favorito, con una taza de té intacta frente a ella. El aire estaba cargado de una electricidad estática que me puso los vellos de punta.

— Lo siento, abuela. Me quedé dormida y... —empecé, pero ella levantó una mano, silenciándome con una frialdad que me dolió más que cualquier grito.

— No te molestes en mentir, Justine. Tus padres... Dios, tus padres estarían tan decepcionados. Ellos te criaron para ser una mujer de honor, no una niña caprichosa que desaparece en los suburbios sin considerar el estrés y la angustia que causa a la única familia que le queda. Eres una carga de estrés que ya no sé cómo manejar.

— ¡No soy una carga y tampoco te atrevas a mencionarlos como un intento para lastimarme! —estallé, las lágrimas empezando a nublar mi vista—. ¡Solo quería que él estuviera a salvo!

— Si deseas actuar como una adulta y tomar decisiones de adulta, hazlo —sentenció ella, levantándose con una rigidez aristocrática—. Pero a partir de ahora, no esperes que me importe lo que pase contigo. Si no te importó informarme dónde estabas, a mí no me importará tu paradero. Has dejado claro que no respetas mi autoridad.

Subí a mi cuarto enseguida y di un portazo al entrar; me dejé caer en la cama dejando ahogar un sollozo. En este momento me sentía la persona más miserable del mundo, saber que ella piensa eso de mí me rompe por completo. Aunque quizás debía, no estaba enojada con mi abuela o tal vez sí, pero sabía muy bien que estaba en lo cierto, más no era la forma en la que debía decirlo. Ella sabe muy bien por todo lo que he pasado y que tal como a ella, para mí no ha sido fácil.

Limpié las lágrimas que descendían sobre mis mejillas y respiré profundo, necesitaba despejarme así que le marqué a Stocking. Habían pasado horas, y al revisar mi teléfono vi que él también me había llamado varias veces. El miedo de que Dwayne le hubiera hecho algo me hizo marcarle de inmediato.

— ¿Aún estás en tu casa? —pregunté en cuanto contestó.

— Sí, ¿estás bien? ¿Por qué? —sonó genuinamente preocupado.

— Sí, solo necesito salir de aquí y despejar mi mente, ven a mi casa y espérame afuera.

Colgué. Al salir de mi habitación minutos despues, me encontré con mi abuela frente a la puerta. Tenía los ojos rojos; estaba llorando.

— Amor, te quería... —empezó ella, con la voz rota.

— Ahora no, abuela —la detuve. Me dolía verla así, pero sus palabras seguían clavadas en mi pecho como astillas de vidrio.

Bajé las escaleras con paso decidido y veloz, ignorando el nudo en mi garganta. Salí al encuentro de Ryan, necesitando que el mundo se detuviera aunque fuera por una hora.

RYAN POV

Justine me había pedido que la llevara a un lugar alejado y calmado. Pensé en Greenwood, específicamente en la colina que corona el parque natural. No estaba lejos; en autobús llegaríamos en 45 minutos. Durante el trayecto, el silencio nos envolvió. No era un silencio incómodo, sino uno de esos que se comparten cuando las palabras sobran. Iba viendo su perfil, la manera en que su mirada se desviaba de lugar a lugar. Si tan solo supiera lo linda que es cuando está distraída, solo siendo ella.

Llegamos y vi el asombro en sus ojos. Greenwood es el tipo de lugar del que ella es amante: verde, inmenso y pacífico.

— Bueno, creo que deberíamos empezar a caminar. Te llevaré al mejor lugar. Nos espera un largo camino —le informé.

— ¿Vienes seguido aquí? —preguntó ella, con las manos en los bolsillos y la voz calmada.

— La verdad no. No salgo mucho de casa si no es a lugares cercanos.

— Entiendo... pero supongo que tienes amigos, ¿no?

— No. Creo que ya has notado que nadie quiere hablar conmigo a menos que sea para obtener algo, ya sea que les haga trabajos o darles dinero cosa que no tengo —solté una risa amarga, humedeciendo mis labios—. Supongo que soy solo una herramienta para ellos.

Justine se detuvo y me miró con una intensidad que me hizo vibrar. — Pues se pierden de la excelente persona que eres.

— Bueno, no sé si me consideras tu amigo pero, por mi parte, me es suficiente contigo. Viniste a darle ese rayo de luz y esperanza a mi vida.

Ella rió sin gracia, una risa que sonó a derrota.

— Ryan, dime que no es más que obvio que soy solamente un huracán que va destruyendo todo a su paso.

— No es lo que yo creo —le dije, cruzándome de brazos—. Creo que eres una persona increíble. Mira todo lo que has hecho por mí.

— Lo haría por cualquier otra persona, nadie merece lo que te hacen. Pasé por lo mismo, Ryan. Sé qué es sentirte solo en el mundo, que tu alma pida a gritos ayuda porque tu corazón ya no tiene voz para hacerlo.




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