In The Middle of The Night

| Capítulo XV |

Ryan Stocking

POV RYAN

Los días se convirtieron en una procesión gris de horas vacías. La ausencia de Justine no era solo un silencio telefónico; era una presencia física en mi habitación, un fantasma de sándalo y seguridad que me perseguía en cada rincón. Necesitaba verla. Necesitaba que sus ojos me dijeran que el mundo no se había vuelto a romper, que su voz detuviera el ruido blanco que llenaba mi cabeza. La necesitaba a ella, con su orgullo, su fuego y esa manera única de hacerme sentir que yo no era solo un saco de boxeo del destino.

La llamé. Una, diez, treinta veces. El buzón de voz se convirtió en mi único confidente, un pozo sin fondo donde arrojaba mis súplicas. No me atrevía a ir a su casa; el miedo a ser rechazado en la puerta de esa mansión me paralizaba, pero la incertidumbre era peor. En un acto de desesperación, llamé a Carin.

— No sale de su cuarto, Ryan —me confesó la mujer con una voz cargada de una preocupación que rara vez mostraba—. Apenas come. Es como si hubiera levantado un muro que ni yo puedo saltar.

Colgué la llamada sintiendo un peso de plomo en el pecho. Si ella sufría, era por mi culpa. Por haber roto la burbuja con un beso que, para mí, había sido tocar la gloria, pero que para ella parecía haber sido una condena. Ese vaivén de nuestros labios, la dulzura eléctrica de su piel contra la mía... era un recuerdo que me mantenía vivo y me mataba a la vez.

— ¿Qué haces ahí parado como un idiota? —la voz de Dwayne estalló como un latigazo, reventando mi burbuja de pensamientos.

Ahí estaba de vuelta. Lo miré. Curiosamente, los golpes físicos habían cesado en los últimos días. Dwayne estaba consumiendo menos alcohol, atrapado en una sobriedad tensa que yo sabía que no duraría, pero que disfrutaba como quien camina sobre hielo delgado. Mi madre seguía siendo un espectro; estaba presente durante el día, pero al caer el sol se desvanecía en la noche, una huida que todos notábamos pero de la que nadie hablaba.

— Ve a comprarme unas cervezas —me ordenó, extendiéndome un billete arrugado.

Caminé hacia la tienda, pasando por el parque de skateboarding. El aire era tranquilo, pero mi mente seguía en el cuarto oscuro de Justine. Al regresar, con la cajilla de cervezas pesando en mis manos, los vi. Taylor y su grupo. Los mismos que habían hecho de mi vida un infierno sistemático.

Sentí el instinto de correr, de proteger mis costillas aún sensibles, pero ellos fueron más rápidos. Me rodearon antes de que pudiera cruzar la calle.

— Vaya, vaya... pero qué tenemos aquí —dijo Taylor, con esa sonrisa que siempre precedía al dolor.

— ¿Van a golpearme? ¿Acaso no se cansan? —solté, con una apatía que me sorprendió a mí mismo. Ya no me quedaba miedo, Justine se lo había llevado todo.

Matthew elevó las cejas y, en un gesto que me heló la sangre, pasó su brazo por mi hombro con una familiaridad asquerosa. — Eso sería una idea excelente, pero hoy no. He pensado que ya no es divertido golpearte. Queremos que te unas a nosotros, hermano. Sin peleas, sin ofensas.

Lo miré con absoluta incredulidad. — ¿Me estás pidiendo que sea uno de ustedes? ¿Después de todo?

— Piénsalo —dijo palmeando mi hombro antes de alejarse con su grupo—. Acepta y el dolor se acaba.

Regresé a casa con la cabeza hecha un nido de dudas. "Perdonar a quienes nos hacen daño", me dije, tratando de convencerme de que unirles me daría la paz que Justine me había quitado. Subí a mi cuarto, puse llave y me dejé caer en la cama. Cuanto desearía contarte esto, Just...

POV JUSTINE

Mi habitación se había convertido en mi mausoleo. El corazón me latía con una debilidad que me asustaba, pidiendo a gritos la compañía de Ryan, pero mi mente le prohibía el paso. Fui una cobarde. Fui una idiota al no dejar que se quedara, al levantar esta barricada de silencio para "protegerlo" de mi propio caos.

Estaba siendo dura con él, pero sobre todo conmigo misma. Reprimir lo que sentía por Ryan era como intentar contener un incendio con las manos desnudas; solo conseguía quemarme más. Sabía que lo había lastimado al rechazarlo en Greenwood, y ese pensamiento me impedía dormir.

Era el último día de vacaciones. Las cosas con mi abuela habían sanado superficialmente, pero yo seguía rota por dentro. No salía de mi cuarto más que para lo estrictamente necesario. A veces pasaba días sin probar bocado, sintiendo cómo mi estómago se contraía, no de hambre, sino de esa inquietante mezcla de tristeza y deseo que me provocaba recordar el beso.

Me senté en el suelo, apoyada contra la cama, y saqué mi teléfono. Fui a los mensajes de voz. — "Justine, por favor contesta... solo quiero saber si estás bien..." —la voz de Ryan, cargada de una vulnerabilidad que me desgarraba, llenó el silencio de la habitación.

Reproduje sus mensajes una y otra vez, solo para sentirlo cerca. Saber que me necesitaba y que yo lo necesitaba a él era una agonía dulce. Mañana empezarían las clases. Mañana ya no habría muros donde esconderse.

— Mañana te pediré perdón, Ryan —susurré a la oscuridad—. Aunque no me lo merezca.

POV RYAN

Eran las últimas horas de mis vacaciones y estaba encerrado en mi cuarto, viendo cómo las sombras se alargaban en el techo. Abajo, Dwayne y mi madre habían empezado una de sus discusiones cíclicas, gritos que subían por las paredes como humedad. Busqué mis auriculares y puse la canción que Justine me había recomendado semanas atrás: Can I Exist de MISSIO.

“¿Cómo puedo admitir que te abandonaría?”

La letra me golpeó directamente en el centro de la herida. No pude detener la lágrima que escapó, seguida de un torrente que no sabía que tenía guardado. Me sentía un cobarde. Un tipo que no luchaba por lo que quería, que se conformaba con las migajas de atención y que ahora consideraba unirse a sus verdugos solo por un poco de calma.




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