In The Middle of The Night

| Capítulo XXII |

Ryan me tomó por los hombros, sacudiéndome con una leve urgencia.

—¡Justine, Justine! —su voz sonaba fracturada por la ansiedad—. ¿Estás bien? ¿Llamo a la enfermera?

Estaba tan cerca que el aroma a eucalipto de su aliento me envolvió los sentidos. Me confesó que llevaba un buen rato intentando obtener una respuesta de mi parte, pero yo no había sido consciente de mi propio ensimismamiento. Me había perdido en una ensoñación fuera de la realidad, idealizando a un Ryan de matices rudos y seductores. ¡Qué demonios me pasaba!

Regresé bruscamente al presente y reaccioné a su insistencia.

—¿Qué? No, no... estoy bien, tranquilo —respondí de inmediato.

Al escucharme, su semblante se relajó en un gesto de alivio que me permitió detallarlo con una fijeza peligrosa. Mis ojos se anclaron en sus labios; conservaban ese matiz rosa tentador, con una apariencia tan mullida y apetitosa como el manjar más prohibido. Subí la mirada hacia sus mejillas, teñidas de un suave carmesí, y finalmente choqué con sus ojos. Lucían fatigados, sí, pero poseían un brillo tan intrínseco que le restaba protagonismo a las mismas estrellas.

—No lo creo. Vamos a la enfermería... —insistió él, rodeando mis costados con sus manos para guiar mis pasos.

—Estoy bien, en serio.

—Bien... —murmuró, nada convencido—. Quería hablar contigo.

—No creo que tengamos nada pendiente.

—Sabes perfectamente que sí —dio un paso hacia mí, acortando la distancia.

—¿Entonces qué? —retrocedí, intentando mantener mi barrera intacta.

—Es acerca de la llamada... yo... —su voz flaqueó, traicionada por un leve temblor.

—¿Qué? ¿Vas a decirme que estabas borracho? —me crucé de brazos, blindándome.

—Justine, cada palabra de ese mensaje era una verdad absoluta. Extraño lo que éramos, las estupideces que compartíamos... incluso extraño los chistes atroces de tu abuela.

No pude evitar que una pequeña risa escapara de mi control.

—Sería hipócrita negar que siento lo mismo, pero te recuerdo que tú...

Él selló mis labios con su dedo índice. Ese contacto mínimo fue suficiente para que un escalofrío recorriera mi columna, erizando cada poro de mi piel.

—No necesito que me recuerdes lo estúpido que fui —me interrumpió—. Admito que me dejé cegar por una rabia embriagante, pero luego comprendí que la pieza faltante en mi vida siempre fuiste tú. En cuanto te perdí, ese maldito vacío volvió a devorarlo todo. Entenderé si decides mantener tu distancia, pero necesitaba sacarlo; me estaba quemando por dentro.

Mantuvo su mirada anclada en la mía, buscándome.

—Ryan, yo... —las palabras se me anudaron en la garganta—. ¿Y qué pasa con Samantha? ¿No es ella la chica de tus sueños? Mírate, lo lograste, estás con ella.

Pronunciar aquello fue como clavarme una espina en el corazón, pero necesitaba la confrontación. Entonces, él acunó mis mejillas entre sus manos y unió su frente a la mía.

—Desde el primer instante vi algo en ti que me confirmó que eras tú a quien quería. Sé que esto suena absurdo para alguien que aborrece el romanticismo, o que quizá todo va demasiado deprisa, pero créeme: trato de ser feliz sin ti y fracaso en el intento. Eres la chica con la que nunca soñé, pero que siempre necesité.

—Basta.

Y antes de que pudiera procesarlo, unió sus labios con los míos. Fue una danza de dulzura, urgencia y una pasión contenida que finalmente estallaba. Su tacto era etéreo, pero el beso sabía a algo dulce y embriagante, como un licor de cereza. Su agilidad y cuidado me hacían perder el sentido del equilibrio; podría jurar que sus besos eran pura poesía y que mis pies se habían despegado del suelo.

Nuestros movimientos eran una coreografía perfecta hasta que mi mente, traicionera, proyectó la imagen de él besando a Samantha. El hechizo se rompió.

—Esto... esto no está bien —jadeé en busca de aire. Di un par de pasos tratando de alejarme de el pero volvi con la misma rapidez y lo tome por las mejillas para acercarlo de nuevo a mi y de esa manera besar sus labios con la necesidad conteida que sabia que ambos teniamos, luego de unos segundos mas nos soltamos y ahora si retome la postura anterior. —Hablaremos luego.

Salí de allí a paso apresurado, dejándolo sumido en el silencio.

[...]

En el baño, el agua fría sobre mi rostro ayudaba a ordenar el caos de mis pensamientos. Al mirarme al espejo, noté en mis facciones un rastro de satisfacción y un destello de alegría que creía perdidos.

En ese instante, la puerta se abrió. Por el reflejo, vi a Samantha Bennedict posicionarse a mi lado. Me escaneó de pies a cabeza con una fijeza insultante que no tardó en encender mi irritación.

—¿Se te ofrece algo? —espeté.

—Nada... —respondió ella, arqueando una ceja con suficiencia.

—Bien —rodé los ojos y me dispuse a marcharme.

—O bueno, sí.

Me detuve en seco y giré hasta quedar frente a frente.

—Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

—Tú eres, o eras, amiga de "Ry", ¿cierto? —asentí con desdén—. He visto cómo lo miras y solo quiero advertirte que no me agrada en absoluto esa forma en la que lo haces.

—¿Y tú se supone que eres...? —abrí los ojos con fingida sorpresa. ¿De verdad pretendía marcar territorio?

—Soy Samantha Bennedict, la que podría destruirte en cinco segundos. Y también soy la novia de Ryan. Aléjate de él si no quieres arrepentirte.

Su intento de amenaza fue tan patético que solté una carcajada seca.

—Samantha... parece que el desconocimiento es mutuo. Me presento: soy Justine Cumberbatch. Y a diferencia de ti, yo no necesito cinco segundos para destruirte; me bastan dos —chasqueé los dedos frente a su cara—. Y nadie volvería a recordar tu existencia. Además, es él quien decide quién se acerca, no tú.

—No me importa quién seas. Hablaré con mi padre; es íntimo de la directora y haré que te expulsen hoy mismo.

—No me vengas con amenazas de guardería —me acerqué a ella con una lentitud predatoria—. No olvides con quién estás hablando. Mejor pregúntale a tu "papi" de lo que soy capaz de hacer antes de que cometas un error.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.