Harper se encontraba en su habitación, recostada en su cama mirando el techo. Era una noche tranquila, pero su mente estaba lejos de estar en calma. Los eventos recientes y las emociones no correspondidas hacia David la mantenían despierta. Mientras cerraba los ojos, un recuerdo vívido de cómo había conocido a David comenzó a reproducirse en su mente, como una película que nunca se cansaba de ver.
Era una tarde soleada cuando Harper, cargando una bolsa de compras, vio a un joven parado en la esquina de su calle. Llevaba dos grandes maletas y miraba alrededor con una expresión de confusión en su rostro. Harper no pudo evitar sonreír ante la escena; había algo genuinamente inocente en su desconcierto.
Se acercó a él con una sonrisa amistosa. -Hola, ¿necesitas ayuda?-
El joven la miró, aliviado y un poco avergonzado. -Sí, por favor. Me llamo David. Acabo de llegar a la ciudad y... no tengo idea de dónde está mi departamento.-
Harper rió suavemente. -Bienvenido a la ciudad, David. Déjame ver tu dirección." David le mostró un papel arrugado con la dirección escrita, y Harper no pudo evitar sorprenderse. "¡Es en mi edificio! Qué coincidencia. Te llevaré hasta allí.-
Mientras caminaban, Harper no pudo evitar notar la mezcla de entusiasmo y nerviosismo en David. -¿Te mudaste por trabajo o estudios?- preguntó.
-Ambas cosas, en realidad,- respondió David. -Voy a empezar a trabajar en un bar y también a tomar algunas clases de música.-
-Eso suena genial,- dijo Harper con una sonrisa. -Trabajo en un bar también. Quizás podamos vernos por allí.-
David sonrió, aliviado de encontrar una cara amigable en la gran ciudad. -Eso sería increíble. Aún no conozco a nadie aquí.-
Llegaron al edificio y Harper ayudó a David a subir las maletas hasta su nuevo apartamento. Al detenerse frente a la puerta, Harper se percató de algo aún más sorprendente. -¡Es el departamento justo al lado del mío!-
David miró alrededor del pequeño pero acogedor espacio y asintió. -Gracias, Harper. De verdad, gracias por tu ayuda. No sé qué habría hecho sin ti.-
-No es nada,- respondió Harper con un guiño. -Bienvenido a la ciudad, David. Estoy segura de que te va a encantar.-
Volviendo al presente, Harper sonrió al recordar ese primer encuentro. Desde entonces, ella y David habían forjado una amistad fuerte, aunque a veces complicada por los sentimientos que Harper había desarrollado en silencio.
Sentada en su cama, la realidad de sus emociones la golpeó con fuerza. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos mientras pensaba en lo cerca y lo lejos que estaba de David. Se sentía impotente, atrapada entre su amor no correspondido y el deseo de ser una buena amiga.
-No soy suficiente,- murmuró para sí misma, sintiendo que el peso de sus sentimientos era demasiado para soportar. -Nunca seré suficiente para él.-
Harper lloró en silencio, dejando que las lágrimas cayeran sobre su almohada. La soledad de su habitación amplificaba su dolor, y aunque sabía que David valoraba su amistad, no podía evitar sentir que su amor nunca sería correspondido.
Después de un rato, se levantó y fue al baño para lavarse la cara. Mirándose en el espejo, decidió que, a pesar de sus sentimientos, seguiría siendo la amiga que David necesitaba. Sus propios deseos y anhelos tendrían que esperar. La amistad era lo más importante y no dejaría que sus emociones complicaran eso.
Con una determinación renovada, Harper se secó las lágrimas y salió de su habitación, dispuesta a enfrentar el nuevo día con una sonrisa. Sabía que el camino no sería fácil, pero estaba dispuesta a recorrerlo, paso a paso, al lado de David, aunque su amor tuviera que permanecer en silencio.
De repente, alguien tocó la puerta. Harper frunció el ceño, sorprendida. No esperaba visitas a esta hora. Caminó hasta la puerta y la abrió para encontrarse con David, quien la miraba con preocupación.
-David, ¿qué haces aquí?- preguntó Harper, tratando de ocultar las huellas de sus lágrimas.David le sonrió suavemente.
-Pasaba para ver cómo estabas. Noté que te fuiste antes de que terminara de cantar, y quería asegurarme de que todo estuviera bien.-
Harper se sintió conmovida por su preocupación. -Estoy bien, solo estaba un poco cansada. No quería molestarte después del show.-
David asintió, aunque la preocupación en sus ojos no desapareció del todo. -Bueno, me alegra saber que estás bien. Solo quería asegurarme.-
Harper asintió, tratando de parecer tranquila. -Gracias, David. Eso significa mucho para mí.-
David sonrió y miró su reloj. -Debería irme, tengo una cita con el doctor.-
Harper sintió una punzada de preocupación. -¿Todo está bien?-
David asintió rápidamente. -Sí, solo un chequeo de rutina. No te preocupes.-
Harper sonrió, aunque todavía se sentía un poco inquieta. -Cuídate, David. Nos vemos luego.-
David le devolvió la sonrisa. -Nos vemos, Harper. Gracias por estar siempre ahí.-
Harper cerró la puerta y se apoyó contra ella, sintiéndose un poco mejor al saber que David se preocupaba por ella. Sin embargo, su preocupación por él también crecía. Con un suspiro, decidió que, pase lo que pase, seguiría siendo la amiga que David necesitaba, aunque su amor tuviera que permanecer en silencio.
David caminó hacia la clínica con paso decidido, aunque cada vez que se acercaba a ese lugar, una parte de él se sentía vulnerable. Entró en la sala de espera y saludó a la recepcionista antes de dirigirse a la sala de quimioterapia. Allí, se encontró con varios pacientes que, al igual que él, estaban luchando una batalla diaria.
Tomó asiento en una de las sillas reclinables y esperó a que una enfermera viniera a prepararlo. A su lado, un hombre de unos 50 años, con la cabeza cubierta por un pañuelo, le sonrió.
-Hola, soy Jack,- dijo el hombre extendiendo la mano.