Inciertos Mágicos

Prólogo

La habitación se encontraba a oscuras.

La mujer delgada de tez morena y gran turbante cubriendo su cabeza. Se movía de un lado al otro, intentando soltarse de las sogas que rodeaban su cuerpo y la obligaban a permanecer, casi inmóvil en su silla.

La pequeña bombilla sobre su cuerpo, pestañó dos veces y sutiles pasos fueron escuchados en el fondo del solitario lugar, donde se encontraba.

—¿Por qué estás haciendo esto? — preguntó con voz quebrada a la figura extraña con aura peligrosa, que se acercaba a ella silenciosamente — ¡Todo fue por ti, por un bien común!

— ¿Mi bien?¡Parece que tanto tiempo encerrada, te ha echo perder el sentido de la lógica! — gritó fuera de sí, golpeando el rostro de la mujer con la mano derecha

El quejido saliente de los labios rotos, se hizo esperar. Más no hubo otra reacción que la ardiente rabia

— ¡Niñato malagradecido!¡¿No ves que te están utilizando?!¿Crees que lograrás algo manteniéndome aquí? — los ojos de ella brillaban con intensidad bajo la negra penumbra

— ¡Incluso si es así, y no soy más que un títere!¡Tomaré mi venganza de todos ustedes, quiénes destruyeron mi vida!

— ¡Tú no tenías vida hasta que nosotros te la dimos!¡Eras un maldito nulo!¡Deberías agradecernos!¡Deberías postrarse de rodillas ante mi y adororme como una diosa!¡Cree lo increable!¡Restablecí los conceptos de la magia!¡Yo ... — el segundo golpe se hizo lugar, acompañado de una carcajada tenebrosa, casi psicótica.

— Se supone que yo soy el desequilibrado por secuestrarte. Sin embargo, aquí estás — la señaló — Diciendo cuantas estupideces puedan salir por esa boca sucia. ¿No te has dado cuenta qué lo único roto, es tu conciencia? O quizás — hizo una pausa dramática, tornado sus ojos hacia el techo — ... nunca tuviste desde el principio, ¿verdad?

La mujer apretó los dientes consumida en la ira. La figura chasqueó varias veces sus dedos y las paredes comenzaron a deformarse

— Está, es tu última oportunidad de redimirte — murmuró la figura acercando su rostro al de la mujer. — Ni la muerte será tu escape — el comentario salió con un tono burlón

—¿Qué demonios piensas hacerme? — preguntó ella

— Lo mismo que tú hiciste hace tantos años... experimentar con tu ADN, maldita perra — un un segundo la silla se convirtió en plata y a medida que se derretía sobre el negro suelo. Se negaban a la piel expuesta a esta. Mientras los gritos de dolor, llenaban cada desértico rincón.

La tortura se extendió, hasta que su voz fue incapaz de emitir otro sonido que no fueran lamentos y gemidos...

En aquel momento, una puerta se abrió en el medio de la nada. Otro personaje se hacía precencia

— ¿Qué estás haciendo? — le preguntó a la figura extraña. Quién solo se encogió de hombros, cuando tomando una navaja. Atravesó el estómago de la mujer, respondiéndo con frialdad

— Jugando a las muñecas




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.