Inciertos Mágicos

Capítulo 1

El martes comenzaba con severas intensiones, de pasarme algún Karma acumulado en mi vida pasada. Solo era el segundo lo día de la semana, pero las ganas de que acabará de una vez y pudiera obtener un descanso de las clases. Llegaban a mi, como un homicida a su próxima víctima, de forma letal

Terrance "Tiny" Brawn, mi mejor amiga, compañera de habitación y de problemas en general. Limpió con nerviosismo el polvo invisible de su ropa deportiva. El agotamiento, parecía pasarle la factura con fuerte evidencia. Después de dos horas de práctica sin descanso. El sudor corría como cascada por su frente. Simulando una carrera entre las gotas, viendo cual de ellas, caía más rápido.

Una vez más, con tanto miedo, que parecía temblar como una gelatina recién sacada del refrigerador. Realizó un nuevo y torpe intentó. Levantando sus manos y juntando sus dedos, como tantas veces habíamos practicado. Logrando colocarlas en un triángulo con sus índices y pulgares, formando un ángulo casi perfecto. Dirigiéndose a la pared de piedra caliza, que se erguía imponente frente a ella. Se dispuso a recitar el complejo conjuro en latín, con mayor seguridad que en las últimas cuatro veces. Y por un segundo, mis espectativas salieron a saludar. Pero el golpe de la realidad, fue más duro que una cachetada en el rostro. No hubo nada, literalmente, ni una chispa o brillo escapó de sus dedos.

El fallo fue esperado, demasiado esperado podría decirse

En un segundo, el miedo y el pánico cubrieron su redondo rostro, cosa que terminó contagiandome como una enfermedad infecciosa. Solo por el hecho de tener que lidiar con la señorita William, nuestra maestra de <<Conjuros y cánticos>>. Ella por su parte, lucía aquel cabello negro perfectamente apretado, sin ninguna hembra fuera de lugar. Con su traje impoluto verde, el cual se veía nuevo y costoso. Mostrando la poca evidencia de espectativas, en su estirado rostro.

Tomó su cuaderno y garabateó un poco. Tal vez, describiendo de manera simple, lo poco que le sorprendía el desastroso desempeño de mi pobre amiga o quizás, solo escribía sus razones por las cuales abandonar este cargo tan problemático, que le habían impuesto a la fuerza

Después de todo, en sus años trabajando en la Sagrada Academia de Artes Mágicas Luchetti, su gigantesca fama por su poca paciencia y exigencia hacia la absoluta perfección. Le permitían regodearse con la excelencia de la excelencia. Sin embargo, aquí estaba ella, prestando clases de apoyo a las peores estudiantes de último año. Sin siquiera, poder negarse hacerlo

— Señorita Craige, ¿tienes alguna idea cuál fue el error de su compañera? — luego de las miradas soberbieles, me convertí en el objetivo y al dirigirse a mi, no lo hizo con amabilidad o respesto. Sino con una pizca de desdén

— ¿El ángulo de sus brazos, tal vez? — le respondí con más tono de dudas que afirmación. ¿Cómo esperaba que respondiera la pregunta?. Cuando yo, tenía anotado seis intentos desastrosos, antes de ser turno de Tiny

— ¡No! — gritó, mientras golpeaba el suelo con uno de sus altos y blancos zapatos — ¡La pronunciación! ¡Tenéis que hacer énfasis, en la pronunciación! — parecía desesperada, casi rozando con el enojo absoluto — Señorita Craig, nuevamente es su turno. Deslumbrenos y, ni se le ocurra cambiar alguna palabra o inventarsela

La pobre Tiny lucía severas ganas de echarse unas cuantas horas llorando y la acompañaba en el sentimiento. Odiaba estás clase de apoyo, tanto como detestaba a la señora William. Pero simplemente, no teníamos de otra, ni ella o el resto del profesorado involucrado. La directora en persona, había había aprobado las clases de apoyo. De otra forma, por nada del mundo, nadie accedería a vernos fuera del horario de clases. Este año especialmente, tenían mayor rigor al ser nuestro maravilloso y estresante, último año. Porque, Dios sabría cómo, estábamos obligados a aprobar el Exámen Nacional de Magia o, básicamente, me quitarían mi estigma y me expulsarían a vivir en el mundo humano.

Aunque mi magia fuera tan mala, hasta casi quedar etiquetada como una mancha permanente, en nuestra maravillosa institución. No podía imaginarme un mundo donde no podría utilizarla

— Muy bien, señorita. ¡Comience!

Tomé una respiración tan profunda, como mis pulmones lo permitieron y comencé a imitar la posición de brazos. Justo como Tiny, solo un minuto antes. Recité el conjuro con buena pronunciación, sin equivocarme milagrosamente en ninguna palabra y ... un débil, casi visible rayo se escapó de mis dedos. La emoción duro poco, así como mi inflada alegría, cuando este, murió a unos metros de mi lugar. Sin siquiera llegar a la pared de piedra.

No tuve tiempo a pestañear o permitirme otra reacción que no fuera el asombro, al ver a la señorita William posicionarse a mi lado con velocidad. Gritar el conjuro con toda la precisión que llevaba e impactar directamente en la pared. Haciéndola caer en pedazos, justo en frente de nuestros ojos. Dirigiéndose nuevamente a mi persona, soltó sus palabras con tanto veneno, como la peor de las serpientes

— Así es como debe realizarse. Su hermana lo habría hecho a la perfección, solo en el primer intento. Debería darte vergüenza no estar a su altura — se giró entonces, cara a cara con Tiny y con la mirada altiva, le dijo — Eres una vergüenza, me alegró conocer que tus padres opinan igual que yo. Tu familia estará aliviada, cuando al fin se deshagan de ti — Las lágrimas no se hicieron presentes. Aguantó tanto como pudo para no darle un motivo para un nuevo comentario atroz.

Se me partió el corazón. Quería enfrentar a la señorita William, no quedarme callada. Usaba un tipo de lenguaje abusivo, constante y penetrante. Pero antes de poder decir algo, el único peldaño de piedra que se mantenía en pie, cayó al suelo de forma ruidosa. Como una amarga advertencia del destino, pidiéndome que no tentara mi suerte. O terminaría como aquella pared, destruida y en pedazos.




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