Siendo sincera al cien por ciento, Gramática Antigua nunca fue de mis asignaturas predilectas. Los signos y runas me parecían escritos por algún borracho, con severos problemas de miopía. Puedo jurar que en mis libros, iniciaban una fiesta entre ellos.
Los nombres de los Grandes Grimorios, se escuchaban como títulos de malas películas. De pequeña, mamá creaba rimas con los nombres de las brujas más antiguas e importantes. Y aún actualmente, sigo sin poder recordarlas. Tal vez, mi cerebro, no estaba echo para la brujería.
Realizar mis tareas, casi se había convertido en una odisea, a medida que el grado de dificultad aumentaba. De alguna forma, me las había arreglado para realizar la última de esta asignatura sin pedir ayuda.
Y mientras intentaba memorizar algunas runas primigenias. El profesor, quién entraba con diez minutos de atraso. Parecía divertido repitiendo mi nombre como al estrofa de alguna canción de rap
— Señorita Craig — Peter Lavine, se encontraba lejos de aparentar los sesenta años que llevaba encima. Su rostro de veinteañero y cuerpo trabajado. Lo hacían destacar entre la plebe de aspecto normalito que se sentaba en sus clases, incluyéndome
— Señorita Craig — volvió a repetir
— Lo escuché la primera vez, Señor Lavine — le respondí
— La llaman oficina de la directora, señorita Craig — me respondió de vuelta
Los murmullos no tardaron en presentarse, para cuanto la mayor parte de mi cuerpo salió del salón. Escuché una voz a decir "tal vez, finalmente la expulsen". Suspiré ante la idea. ¿Sería tan malo?.
Negué con violencia. No. Esa mentalidad mediocre no me ayudaría. Sus comentarios eran difícil de lidiar, pero no imposibles. Merecía estar aquí tanto como ellos. No era talentosa, cierto. Eso no significaba que dejaría de esforzarme por ello
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La dichosa oficina, se encontraba en el lado norte y yo estaba en el lado sur. Por tanto, me tocaba caminar un buen llegar para llegar a mi destino. No me sorprendió ver a Cash y los tres idiotas que siempre andaban junto a él, sentados frente a la puerta
— Buena y azucarada mañana para ti, caramelo — me saludó el susodicho.
— Querida, ese aura depresivo te hace lucir preciosa — el segundo en saludarme fue Arthur. El mayor compinche de Cash y casanova local
— Dios mío, tan temprano en la mañana y tengo que encontrarme con esta ridícula. ¿¡Por qué el infierno no se abre y me traiga vivo?! — Ritcher, el engendro del demonio que le gustaba complicarle la vida a todo el mundo con su mala actitud. Me observó de arriba hacia abajo con desdén. Sabía que no le agradaba, pero en ocasiones deseaba que simplemente olvidará que existo
Los problemáticos e incorregibles RAK no se parecían mucho, por no decir que no se parecían en nada. Aún así, no existía un cuarteto de chicos más unidos y populares en toda la escuela. El título venía de las iniciales de sus nombres
Le seguía Kasher Cross, un bastardo en todo el sentido de la palabra. En cuestión de calificaciones nos encontrábamos al mismo nivel. Mientras Tiny y a mi, nos trataban como parias. Cash gozaba de una reputación, una buena labia, un cuerpo magnífico, un rostro atractivo y una extraña costumbre de llamar a todos por apodos dulces y empalagosos. Y no hablar de su excéntrica apariencia
Arthur Paterson por su lado, bien podría haber escapado del Olimpo, solo para venir a jugar con las pobres almas, que solo queríamos aprender algo de magia en Lucchetti. Para que terminaramos conociendo el verdadero significado de la belleza masculina. Del tipo al que le abrirías tu corazón, tu alma, tus piernas y las puertas de tu herencia sin pensarlo dos veces
Ritcher Han, bien, ese chico era un caso aparte. No precisamente el tipo que quisieras como amigo. Amargado, engreído y superficial. Parecía sentado en un trono y no querer bajarse de el, ni para saludar al resto del estudiantado. Su razgo principal, permanecía en aquellas horribles camisetas estampadas con colores chillones que usualmente llevaba bajo la chaqueta azul, en vez de la camisa blanca estándar
Finalmente se encontraba Alven y por mucho que quisiera dar una explicación detallada de su persona. Lo único que podía decir con seguridad era su apariencia. La cual se mostraba como una copia cerrada, más joven y menos vistoso que su hermano mayor, Arthur. Un chico de primer año, no muy comunicativo. Con el que no tenía mucho roce o intercambio de palabras. Uniéndose al grupo, apenas este año
— ¿Que hicieron ahora? — les pregunté con sorna
— ¿Eres periodista? Lo siento, no doy exclusivas. A menos que me pagues, por supuesto — respondió Ritcher, como si la pregunta fuera solo para él
— Bebé, no lo molestes. Ella no te ha hecho nada — Cash me defendió. Arthur soltó una risilla apenas inaudible y Alven de quedó mirándolo en silencio
— Perdonalo, está alterado desde esta mañana. Morgan, alias "trasero maravilloso", lo rechazó en el desayuno. Aparentemente, no le van los chicos
— ¡Arthur, cierra esa puta boca, ese no es asunto de ella! — Ritcher chilló con fuerza ante el comentario de su amigo. Golpeando con fuerza, su brazo
— ¿Trasero maravilloso? — pregunté divertida ante el apodo
— El chico nuevo — respondió Arthur — Perfecto por delante, perfecto por detrás. Eso dijo Ritcher la primera vez que lo vimos
El rostro del chico se tiño de un rojo brillante. Apretó los labios con fuerza y le brindó otro puñetazo en el hombro a Arthur. Esta vez, este último tuvo que ponerse de pie y lanzarse listo a correr o perdería el brazo. Una cosa por la que mi odioso compañero era conocido. Residía en su fuerza sobre humana
Tuve que reír. A excepción de los RAK, muy pocos habían visto al chico nuevo. Me picaba un poco la curiosidad, el hecho de haber llamado la atención a tal punto, resultaba difícil por su altos estándares. Ritcher no escondía que le gustarán de ello. De hecho, se mostraba bastante orgulloso de esto. Nadie podia ser tan estúpido como para soltar un comentario homofóbico sobre él. Después de todo, estaba entre los veinte primeros del ranking de calificación. Eso solo significaba una cosa, poder, habilidad y destreza. Lo suficiente para darle un paliza a cualquiera que se pasará de listo.
Aunque siempre aparecía alguna suicida, que se jugaba su suerte y terminaba medio muerto en la enfermería