Unas simples palabras fueran suficientes y Kasher Cross, terminó de rodillas contra el suelo. Soltando mi cuerpo y gimiendo de dolor.
—¿Qué está haciendo?¡Detenganse, le está haciendo daño! — Mis palabras parecieron hacer efecto. No era lo que quería, porque luego, fui yo quien se retorcía en el suelo
El dolor era insoportable. Sentía que morir sería más soportable. Veía a Cash sujetar su cabeza con fuerza. Sus rodillas se encontraban ancladas al suelo y en un segundo, algo de sangre escapó de su nariz.
La cabeza quería explotarme y mi columna, se sentía con cientos de objetos sobre ella. Haciendo presión para doblegarme
— Está es la clase de educación, que deberían permitir. Así arreglaríamos a las ovejas descarriadas como ustedes dos
Las lágrimas se hicieron presentes y mis oídos vibraban de forma tan molesta
— De... detente — apenas alcancé a decir y el aire de escapó de mis pulmones —¡Detente! — logré gritar con toda mi fuerza y justo entonces, terminé golpeando mi cabeza al suelo
Fue cuando la tierra se sacudió con violencia. Primero una vez, luego otra y la última creo una abertura entre la señorita William y yo. Haciendo que la misma se tambaleaba y cayera al suelo
El dolor se detuvo. Sus ojos, continúan inyectados en ira. Escuché la risa maquiavélica de Cash, imitando el trasfondo de alguna película de villanos. Se puso de pie con facilidad. Viendo que yo aún, persistía con los efectos del conjuro
El maldito bastardo levantó una mano, igual que un mástil firme. Dejando ver las runas tatuadas de sus codos a su mano. La cual se convirtió en una antena. El cielo se oscureció. Al bajarla, un rayo escapó del cielo hasta caer sobre la señorita William
Quedé en shock al ver que el imponente rayo, apenas le había dejado una marca. Un escudo protector, imitando un paraguas. Cubría su cuerpo sin esfuerzo
Fue cuando Cash levantó su otra mano. El imaginé que repetiría el hechizo. En cambio, de las nubes negras permaneciendo en el cielo. Cientos de cuervos y Dios sabría de dónde venían. Se acercaban en una pardads extraordinaria hacia nosotros. Era increíble ver a las aves sobrevolar a sus alrededor como una tormenta de plumas oscuras. Donde no se podía constatar, el comienzo un ave y dónde final de la otra.
Estaba segura, ella intentaba defenderse. Pero, por el muro de aves, me resultaba imposible de comprobar
Cash tenía magia. Auténtica magia ¿Por qué fingía qué no?
Cerré los ojos y lloré. Lloré de impotencia por no poder hacer nada. Casi moría a manos de mi propia maestra, por un borracho engreído que no supo mantener su boca cerrada.
¿Por qué me sucede esto a mí?¿Qué hice para merecerlo?
Cash detuvo a los aves, sus sonrisa se tornó de pura arrogancia. La señorita William lucía aturdida con el cuerpo cubierto de heridas. Su impoluto traje, rasgado por todos lados. Sus cabellos enredados y sueltos sobre sus rostro
Se puso de pie, parecía que la batalla continuaría. Rayos y centellas salieron de sus dedos. Cash se reía a carcajadas cada vez que los esquivaba. Corrió directo hacia ella y sus ojos cambiaron a una tonalidad amarillenta como las de un animal. Sus dientes crecieron escapando de su boca
La señorita William pronunció el siguiente hechizo. Lanzado a Cash varios metros. Esto no fue suficiente. Él se puso de pie de un salto. Al hacerlo, una mortal criatura apareció en un chasquido.
Un mono gigante peludo, con tentáculos se escapaban de su estómago, alas de murciélago en su espalda y largas garras sobresalían de sus patas delanteras. Así, la bestia corrió frenético hacia la señorita William. Con el cuerpo bestial cayendo sobre ella. Ví su rostro a pocos centímetros de los grandes dientes del mono. Al este rugir con fuerza, la señorita tembló. Dejándome comprender, lo asustada que se encontraba y eso, me hizo sentir culpable.
Cash solo estaba allí, aún lado. Feliz de constatar como se desarrollaban los hechos
— Es suficiente — le pedí — Por favor, es suficiente
Él solo me guiñó un ojo y supe, que no se detendría
Mi cuerpo retumbó, vibró y reaccionó ante algo. Mis ojos instantáneamente de centraron en el capullo. Algo dentro de mi gritaba que lo mantuviera a salvo. Ni siquiera tuve que pensarlo dos veces, caminé hacia él con el miedo en mi espalda.
Escuché el rugido por segunda vez, mucho más fuerte que la anterior. Tuve que apresurar mis pasos y teniendo la extraña forma marrón frente a mi. Lo cubrí con mi cuerpo, imitando a una madre protegiendo a su hijo. Allí, el grito de la señorita William se convertiría en la notificación de mis pesadillas. Agudo y lamentable. Gemí, asustada y continuamente frustrada. Era incapaz de interrumpir o contraatacar. Mis brazos de aferraron al capullo, mi único hechizo que no había resultado en la nada. Mi estigma, esa qué nunca reaccionaba. El actual poseía en el lado derecho de mi espalda, palpitó al ritmo de mi corazón.
No tuve tiempo de reaccionar o analizar demasiado la situación porque el rostro de la bestia se había movido hasta llegar a estar a centímetros del mío. Cash dejo de sonreír, su expresión cambió totalmente. Realizó cuatro movimientos rápidos con sus manos. Tocó una reina en su brazo derecho y la bestia desapareció. No sin antes pasar su pesada lengua sobre mi rostro.
Cash no tardó en aparecer a mi lado. Viendo el asco en mi rostro. Sacó un pañuelo, limpió toda la saliva que quedaba. Se sintió tan desagradable, como el beso que el muy bastardo me estampó después. Terminado con una profunda carcajada
Su aliento aún apestaba a alcohol
Me costó un segundo identificar la figura desgarbada y casi destruida. Quién sin brazo izquierdo y todo el cuerpo cubierto de retazos de ropa. Poseyendo un aspecto enojado y cansado. Se levantó, persistiendo a no rendirse
—¡Cuidado! — grité, más Cash no se inmutó. Apretó mis mejillas y me brindó una mirada tranquilizadora. Soltó mi rostro, chasqueó sus dedos y un último rayo cayó sobre la mujer