— Pensé que no te gustaba el rosado — el maldito bastardo se colocó solo un par de calzoncillos, una camiseta blanca con la frase "I'm the original caos". Acompañado de unas pantuflas de un tono rosado chillón. Que lucían exageradamente cómodas.
— Mis madres me las regalaron. No puedes decirles que no o te cierran la llave — dijo haciendo signo de dinero con la mano derecha — ¿Qué te trae a mi reino, caramelo?
—Te escuché decir eso antes ¿Tienes más de una madre?... olvídalo, eso no es importante. ¿Le constate a alguien, verdad?
— Respondiendo eso, sí. Tengo dos y las adoro. Ahora, ¿de qué estás hablando? — se hizo el desentendido dándome la espalda
— ¡No te hagas el tonto!¡Toda la maldita escuela, ya lo sabe!
— Oh, mi precioso dulce de cereza. ¿Qué estás consumiendo, qué no te has detenido en darme un poco?
— ¡Yo no me drogo!. Estoy hablando de lo mío con Ash Lestrange. ¿A quién le contaste?
— A los chicos, por supuesto
— ¡Le contaste a los RAK! ¿Con qué derecho?
— Era una información fundamental
— ¿Para qué?
— Los siento, caramelo. Aún no es tiempo. Cuando estés preparada... no — se rascó el mentón — Cuando esté seguro, prometo contarte todo. Si me perdonas, debería estar en ello. Gracias por tu visita
Seguido a sus palabras, estiró la mano, realizando un movimiento de despedida y ya no estaba en su habitación. Sino, frente al invernadero de la Academia
°°°
Mis ojos se posaron en todos los carteles de "Prohibido el paso" delante de los puertas de cristal.
— ¡Señorita Craig!¡Señorita Craig! Es una maravillosa cohicidencia
Un hombre regordete, bajito, con grandes lentes cuadrados y un traje cubierto de tierra, se acercó a mí con rapidez
— Disculpe, ¿usted es?
— ¡Oh por el Gobernador!, cuánta descortesía. Por favor no me tomé mal. Estoy eufórico de conocerla. Llevo desde la mañana buscándola y miré la hora... es tiempo de un aperitivo. Eso explica porque mi estómago ruge. Escuche, escuche, como un león letrado de las nieves, directamente escapado del paraíso congelado de la Arcana del Sur, ¿no le parece?
Dió palmaditas en su estómago, riendo de su propio chiste
— ¿Necesita algo de mi? Señor ...
— ¡Oh por mi madre!, si estuviera aquí me hubiese dado un coscorrón por mi descortesía. Soy Devlin Durán, seré el profesor sustituto de la señorita Fernández. ¡Estoy emocionado señorita Craig!. Es mi primera vez impartiendo clases.
— ¿Su primera vez? — pregunté curiosa.
— Así es, antes trabajaba para el CIN — aseguró inflando el pecho, orgulloso de su antiguo trabajo. Si era así, ¿por qué lo había dejado?
— ¿El CIN? — ¿qué era eso?¿Un sitio?¿Una organización de qué?
— El Centro de Investigación Natural, por supuesto. Soy un amigo de las plantas y no los digo en sentido figurado. Las escucho, me comunico con ellas. Pero también estoy capacitado en el estudio de las criaturas míticas. ¡Oh por la Arcana de Oeste!, estoy divagando severamente, perdóname, perdóname señorita Craig. ¡Qué vergüenza! — vaya personaje nos iba a impartirá clases
— Si, claro, comprendo. Pero, señor Durán.¿Qué necesita de mi?
—Oh, por supuesto ya lo olvidaba. He ido de un lado a otro tratando en encontrarla... Quiero felicitarla, ¡Por el Sol!, ha pasado años desde que vi algo tan maravilloso, algo tan increible. Señorita, es usted, ¿cómo describirlo? Simplemente fuera de los límites
— Lo siento, me temo señor Craig. Se ha equivocado. La única Craig que encaja en esa descripción. Se graduó hace dos años.
— No, no, no, ¿no es usted Eleane Craig?
— Si así es, pero yo soy ...
— ¡Por el Espíritu de la Primavera!. Niña, tú no tienes ni idea. Será mejor mostrarlo. Estarás encantada, ¡verdaderamente encantada!
El señor Durán, corrió hacia el invernadero. ¿Cómo podría entrar si estaba cerrado?. Respondiendo a esa pregunta, mi nuevo maestro sacó del bolsillo de su pantalón una llave grande y dorada. La colocó en la cerradura y tuvo que realizar un esfuerza extra para abrirlas completamente
— ¿Tenemos permiso para estar aquí? — No necesitaba más problemas en mi vida, para agregar allanamiento a mi expediente.
— Por supuesto, soy el nuevo maestro de <<Flora y Fauna>>. ¿No se lo había comentado? — asentí — ¡Oh por la Madre Naturaleza! Tienes mala memoria, niña
— No, es que tengo entendido, estaba cerrado por reparaciones
El señor Durán, río divertido ante mi pequeña mentira. Camino con prisas, pareciendo que nadaba por los pasillos llenos de plantas tan fantásticas, grandes, pequeñas y de colores vibrantes. Me encantaba el invernadero, fue una pena cuando este año prohibieron el paso.
El bajito profesor no dejaba de caminar. Observaba el suelo y las plantas. Se detuvo frente a una carnívora y comenzó a hablar con ella
—¿Está... con ella? — pregunté
— Así es, se está quejando la pequeña bravucona. Necesita urgente un cambio de de lugar, pero ahora mismo no. ¡Oh por la Directora, tú eres prioridad!
— Sigo sin entender por qué
— Sígueme, ya casi estamos allí — caminando a un paso de distancia. Guío el camino despacio
El invernadero era demasiado grande, como un bosque en miniatura dentro de una cúpula de cristal. Me sorprendí mucho cuando llegamos
— Observa, cuánta belleza
Quedé anodada a lo que mis ojos vieron
—¡Mi capullo!
— Es ilustre, una genialidad. ¿No lo cree? — apenas escuchaba lo que decía
— Lo siento, señor Durán. Solo veo un capullo muy feo y raro — mentí. Mi pequeño amigo había crecido desde la última vez que estuvo en mis manos
— ¡Cuidado con lo que dice!. La está escuchando. Debe ser sutil de ahora en adelante. Brindele su amor y mucho cariño. Hablé con cariño, rocíe agua cada mañana sin falta y en un par de meses...
—¿Florecerá?¡Pero está seco!
— ¡Si, exacto! Un espíritu florecerá
— Espere, ¿es broma? ¿Espíritu?
Imposible, yo, realmente logré hacer el conjuro. ¿Yo? — Recuerdo la última vez que traté de invocar algo, lo más cercano, terminó siendo una duna diminuta de arena. Fui la burla durante meses. Cada bruja, mago o hechicero debe ser capaz de enlazar su alma a una criatura espiritual, aumentando su magia y ayudando su control sobre ella. Incluso Tiny poseía uno, pero yo no. Era la segunda prueba del Exámen Nacional.