COMPLICES
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El Turco y el Rengo no eran amigos entrañables al principio.
Una situación los había puesto del mismo lado, y desde entonces caminaron juntos.
El Turco siempre iba un paso adelante, decidido, mientras que el Rengo observaba y medía cada movimiento.
Confiaban el uno en el otro sin necesidad de explicaciones.
Fue un error compartido lo que terminó de sellar su vínculo.
Una tarde, el Turco propuso ir a cortar cuero en un colectivo que no era parte de su territorio habitual.
El Rengo dudó, intentó advertirle que no, pero al final lo siguió, porque no iba a dejarlo solo.
Subieron al colectivo lleno, y el Turco, sin medir los riesgos, hizo lo suyo.
Al día siguiente, se encontraron en el bar, su lugar de reunión.
Esta vez, el Turco traía la idea y el Rengo la planificación. Con un código claro de no herir a nadie y con la adrenalina como motor, empezaron a gestar el nuevo plan.
El capítulo cerraba con ellos en ese punto de confianza, listos para algo más grande.