Era uno de esos días en donde me gustaba estar en mi refugio. No era ni tan soleado ni tan lluvioso y era perfecto para estar en la casa del árbol con mi almohada de un cangrejo que Aran decía que parecía un pene y, aunque yo le respondía que era un lindo cangrejo ermitaño, él seguía molestando con que parecía un pene.
Bueno, el punto es que estaba aquí, en la casita, con mi cangrejo, mi cobija y mi laptop, a punto de ver por milésima vez Crepúsculo.
—No pienso ver esa mierda otra vez —la voz del chico que mencioné antes, que justo es mi mejor amigo también, habló con molestia nada más al subir a la casita.
—Nadie te preguntó —respondí sin despegar mi vista de mi película—. Además, Crepúsculo no es una mierda, es muy buena película, no como tú.
—Bueno, como digas, enana. Pero en serio, no creo que ninguno quiera ver eso otra vez —contestó sentándose a mi lado.
—Emilia sí —contesté, esta vez mirándolo.
Él volteó los ojos y suspiró cansado al darse cuenta de que no cambiaría de opinión.
—Déjala, le tocaba a ella elegir la película igual —esa voz de calma era de Fabricio. Era como la mamá polla de este grupo y sí, también mi mejor amigo. Hay que tener en cuenta que aquí todos son mis mejores amigos.
—Sí, así que cállate —dije sacándole la lengua en tono de burla.
Después de un rato subieron Emilia y Carla.
Estuvimos dos horas viendo la película mientras comentábamos un poco. Bueno, en realidad las que hablaban eran Carla y Emilia sobre lo guapo que es Robert Pattinson, mientras Aran se quejaba por lo absurda que era la película y Fabricio solo miraba a Carla hablar, mientras que yo trataba de concentrarme en la película.
—Genial, acabó por fin —exclamó Aran mientras se estiraba cansado—. Ahora sí, ¿vamos a la fiesta?
Él preguntó mientras ayudaba a acomodar el lugar.
—Verdad, casi se me olvida. Yo voy. ¿Vienen, niñas? —Carla nos preguntó a Emilia y a mí.
Quería contestar que no, pero los chicos respondieron por nosotras diciendo que éramos muy jóvenes para esas fiestas.
La verdad, estaba a punto de contradecirlos solo porque no me gusta que me digan qué hacer, pero mi flojera pudo más y no dije nada, aunque Emilia sí protestó un poco. Al final no la dejaron y terminó viniendo ella a mi habitación mientras ellos se iban.
Nada más llegamos a mi cuarto, escuché el motor del auto arrancar y Emilia ya me hizo la peor pregunta que pudo hacerme.
—Oye, princesa, ¿y si vamos?
Emilia me miró con esos ojos de travesura que solo significaban una cosa: peligro y muchos problemas.
—¿Puedo negarme? —pregunté, rogando en mis adentros que dijera que no iríamos, pero como es Emilia, no pasó así.
—No, vamos.
Ella me hizo cambiarme de ropa y salimos por el carro que me dejó la tía.
"Esto claramente va a salir mal, pero no puedo negarme."
—¿Qué hacemos si nos encuentran? —preguntó Emilia como si no fuera su plan ir de fiesta.
—No sé, fue tu plan ir, Barbie. ¿Por qué me lo preguntas a mí?
Ella se quejó todo el camino, pero nada más llegamos y su expresión pasó de estar como un gatito regañado a estar de lo más feliz del mundo.
—¿No te puedo esperar aquí como chófer?
En serio no quería entrar, pero dejarla sola no era jamás una buena idea.
—Olvídalo, voy contigo.
Caminé detrás de ella sujetando su brazo para no perderme por la multitud. No voy a negar que me incomodaba un poco la bulla. No la música, sino la bulla de gente gritando y algunos susurrando entre sí. Los olores a cerveza, cigarro y otras sustancias que no sabría describir impregnaban mi nariz y no podía evitar hacer muecas de queja de vez en cuando.
—¿A dónde me llevas, Barbie? —pregunté al darme cuenta de que no parábamos.
—A buscar chicos guapos —dijo ella mientras escaneaba a algunos del lugar.
No dije nada y solo la seguí. Era inútil discutir a este punto de la historia, la verdad. Así que solo la seguía en silencio mientras vigilaba y rezaba para no encontrarnos con los chicos.
"Ay, no."
Pensé cuando vi a dos chicos acercándose a nosotras.
Venían con una pinta de niños ricos presumidos, con sus lentes de sol como si fuera de día, su ropa de marca y su peinado que parecía que se habían echado todo el bote de gel.
—Hola, lindas. ¿Están solas?
El rubio con aspecto ruso nos saludó y Emilia sonrió de oreja a oreja.
—No, estamos esperando a nuestros amigos.
Dije mientras los escaneaba de pies a cabeza y Emilia les sonreía.
Luego me llevó a un lado.
—¿Qué amigos?
—No hay, pero no sabemos las intenciones de estos tipos, Barbie.
—Dale, no pasa nada. Tú solo disfruta.
No me dejó responder cuando ella caminó hacia el ruso.
—Hola, me llamo Teeradon, pero aquí me llaman James.
Me habló el otro, que tenía aspecto asiático. Parecía más agradable que el otro... o solo es porque es asiático.
—Celestia.
—¿Tomas?
Negué con la cabeza, pero el chico siguió insistiendo.
"Me retracto, no es nada lindo este baboso."
—Oye, no seas amargada, linda.
Me tensé por completo cuando este tipo me agarró de la cintura y me jaló hacia él.
—¿Qué mierda haces? Suéltame, animal.
—Dale, diviértete un poco.
Dijo besando mi cuello mientras yo trataba de soltarme. Miré a ver si Emilia estaba en peligro, pero al parecer a ella sí le gusta intercambiar saliva, así que opté por otra cosa para sacarme de encima a este imbécil.
—¡Auch!
Gruñó el asiático mientras se quejaba de dolor y se agachaba agarrándose su miembro.
—Si vuelves a intentar otra cosa igual, te desfiguro, gil.
No pude evitar darle un patadón en la cara y gritar.
Emilia se zafó del rubio y vino corriendo hacia mí mientras el chico iba por su amigo.
—Oye, niña de mierda, ¿quién te crees, ah? Todavía que mi amigo te daba la oportunidad de salir con él y la desperdicias. ¿Eres idiota o qué?