Incondicional

CAPÍTULO 3

Ya era lunes y lo odiaba. Mi cuerpo no se acostumbrará jamás a levantarme a las 6 de la mañana. Jamás.

Por suerte, la marca ya ni se ve casi, así que estoy tranquila con eso.

—¡Celestia, ya son las 7, nos van a cerrar el portón! —gritó Emilia desde su casa.

—¡Ya voy! Solo me faltan los zapatos.

Mentira, recién estaba en pijama, pero ella no sabía eso.

Me cambié lo más rápido posible a este uniforme privilegiado y bajé las escaleras corriendo. Luego salí de mi casa.

—Oye, no quería ser castigada —Emilia me regañó, pero luego me rodeó los hombros con su brazo.

—Pudiste haberte ido tú. Yo tomaba el autobús normal.

—Dejarte tomar el autobús es una muy mala idea para alguien como tú.

—Oye, ¿cómo que alguien como yo?

—Despistada. La última vez que te fuiste sola al mercado casi sales del pueblo. No sé a qué mercado te irías tú.

Ella se rió de lo que dijo.

—Pasó solo una vez —dije empujándola despacio.

—Seis.

—¿Qué?

—Seis veces te perdiste. Por eso siempre te recogemos y llevamos nosotros.

—Bueno, ¿qué son seis veces? —dije bromeando.

Ella solo negó con la cabeza y subimos al auto del chófer de la familia Russo.

Emilia y yo nos pasamos charlando todo el camino.

—Sí, y lo mejor es que me invitó a salir.

Emilia hablaba siempre del mismo chico. Zack es un año mayor que nosotros y es el capitán de soccer de la prepa.

Emilia siguió halagando a Zack todo el viaje. Hasta le preguntaba al chófer si estaba de acuerdo.

Después de un rato llegamos a la prepa y bajamos corriendo. Literal, llegamos tres minutos antes del cierre.

—Buongiorno, Diego —Emilia saludó al portero como si fuera su amigo de toda la vida.

—Casi a tiempo —dijo el portero serio.

—Pero no tardé —contestó Emilia sonriendo y me jaló para pasar.

—Bueno, aún queda tiempo para la primera clase, así que voy a buscar a Zack.

Emilia me soltó y se acomodó el cabello. Luego se puso un poco de brillo labial.

—No te metas en líos mientras no estoy.

—Yo debería decirte eso a ti.

Emilia solo me sonrió y yo le devolví la sonrisa antes de ir a mi casillero.

—Hola, enana.

Esa voz hizo que me quedara helada por unos segundos.

—Ya te dije que no me gusta ese apodo.

—Y ya te dije que a mí me gusta llamarte así.

Él me sobó la cabeza, despeinándome un poco.

—Oye, que me costó peinarme, tarado.

Mentira, ni me peiné, pero igual no me gusta que me toquen.

—No toques mi hermoso cabello con tus manos feas.

Dije sacándole su mano de mi cabeza y él se rio.

—¿Feas? Mmm... no lo creo. Las chicas normalmente halagan mis manos.

Rodé los ojos al escuchar cómo se elogiaba a sí mismo.

—Dios, qué ego tienes.

—Aran.

Una chica se acercó a él agarrándole el brazo y sonriéndole. Al mirarme, me observó de pies a cabeza con una expresión de asco.

—¿Quién es esta tipa? —preguntó ella con desdén.

—Celestia. Me llamo Celestia —dije elevando mi voz.

Aran me vio con cara de confundido ya que jamás le había alzado la voz a alguien.

—Ay, ¿por qué me gritas? ¿No sabes respetar a tus may...?

—Cállate, Samantha.

Aran alzó la voz y ella obedeció como perrito faldero.

—Me voy.

Dije cerrando mi casillero demasiado fuerte, lo que hizo que la mujer saltara del susto.

No miré atrás. Solo seguí mi camino.

"¿Quién se cree para mirarme así? Qué rabia. Como si le fuera a robar a Aran. Además, Aran en una semana se aburre de ella y busca otra. Y ADEMÁS YO LO CONOCÍ PRIMERO, SOY SU MEJOR AMIGA."

"Espera, Celestia... ¿por qué estás tan enfadada? No es la primera vez que una de sus salientes me molesta."

—Dios, ¿qué me pasa? —dije para mí misma mientras me paraba frente a una máquina expendedora.

—Y esta máquina que no funciona. Dame mis putas papas.

Golpeé la máquina con el pie.

—¿Te ayudo o me vas a patear a mí también?

La voz de Aran me hizo callar al instante. No porque estuviera gritando o algo. En realidad, habló calmado y sin una pizca de sarcasmo, lo que es raro en él.

—No me quiere dar mis papas. Se comió mi dólar.

Dije apretando mis labios y moviendo mi pierna de lado a lado con mi voz de cuando hago berrinches.

Aran movió la máquina y tiró mis papas de una vez.

"Máquina traicionera. Hice lo mismo y no funcionó."

—¿Te pasa algo?

Él se agachó para estar cara a cara conmigo y yo solo negué con la cabeza.

—¿Por qué estás tan molesta?

Él siguió insistiendo.

—Te conozco. Sé que cuando algo te molesta frunces el ceño como ahora.

—Eso es trampa.

Dije tratando de relajar mi rostro.

—Si quieres traigo a Samantha para que se disculpe por su actitud.

"¿Qué?"

—No es necesario. Estoy acostumbrada a que tus salientes piensen que salimos y me vean feo.

Él se rio, me volvió a sacudir el cabello e iba a protestar de nuevo, pero me calló sacando un chocolate de su bolsillo y me lo entregó.

—¿Por qué me lo das? —pregunté aceptando el chocolate.

—Para que te tranquilices y no rompas nada aquí.

Le sonreí por el chocolate y luego él se fue.

Y ahí me quedé yo como tonta y mi maldito corazón empezó a latir como si me estuviera persiguiendo un león.

Las clases fueron agotadoras, pero hoy más porque no pude prestar nada de atención pensando en el chico alto de ojos oscuros, mi vecino y mejor amigo.

—¿Estás bien? Pareces más distraída de lo normal.

Emilia me preguntó mientras acomodaba sus libros para irse.

No respondí, solo asentí y la esperé.

—¿Verdad? Hoy hay práctica de lacrosse. ¿Vienes?

—¿Lacrosse? ¿Y pa qué voy a ir?

No conozco a nadie ahí y además hay mucha gente. No es mi lugar ideal.

—Es que Fabri y Aran jugarán y Carla va a ir a animar a Fabri. ¿Vamos?

—Bueno, está bien, pero solo un rato. Y ojalá esté Stiles Stilinski.



#370 en Joven Adulto
#5229 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amistad, friends to lover

Editado: 11.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.