Incondicional

CAPÍTULO 5

Estaba sentada en mi cama con las piernas cruzadas mientras abrazaba fuerte a mi peluche, mirando la puerta de mi habitación y, de vez en cuando, mi teléfono, esperando un mensaje de Rodrigo. Me negaba a escribirle. No sabría qué decirle igual.

No estoy enojada con Aran. Bueno, al principio sí, pero sé que él no tiene el contexto que tengo. O sea, Rodrigo no es malo, solo ha sufrido mucho, y que tus padres sean una mierda no significa que tú lo seas.

No sé por qué Aran odia tanto a Rodrigo si él no le ha hecho nada malo a nadie. Ni mis tíos ni mis padres le guardan rencor a él por Aran. Sí, eso no lo entiendo.

Mensaje de texto

Agarré mi celular rápido pensando que era Rodrigo, pero era Aran. No es como si fuera la primera pelea que tengo con él, pero aquí lastimó a otra persona que yo quiero, así que no le contesté y dejé mi teléfono a un lado.

Él seguía mandando mensajes como loco, así que los vi.

Aran 🐶: ¿Sigues enfadada?

Aran 🐶: Dale, enana, contesta.

Aran 🐶: ???

Aran 🐶: Celestia.

Aran 🐶: No seas infantil, contesta.

¿Infantil? Mira que ya te estaba perdonando, imbécil.

Contacto bloqueado.

No creo que pueda bloquearlo mucho tiempo, pero así se quedará un rato.

—Sí, soy infantil, ¿y qué? —le grité al teléfono, enojada.

No pasaron ni cinco minutos para que alguien tocara mi puerta. Por un momento pensé que era Aran y ya estaba a punto de botarle a gritos, pero no.

—Cele, está con llave, ábreme —exclamó Emilia desde afuera.

—Voy.

Tenía que abrirle sí o sí porque, si no, ella me reventaría la puerta.

—¿Ahora por qué están peleados?

—¿En serio es lo primero que me preguntas?

—Bueno, es que Aran no para de estar con cara de culo y le dijo a Fabricio que lo bloqueaste, y Fabricio se rió de él.

—Es un maleducado.

Fue lo único que le dije a Emilia, regresando al mismo lugar y a la misma posición de antes.

—Sí, eso ya lo sabíamos.

Emilia aún no entendía nada de mi disputa con Aran y, la verdad, no tenía ganas de explicar nada ahora mismo.

—¿Es por Rodrigo?

Esa pregunta hizo que la mirara instantáneamente.

—Es que también escuché a Aran decirle a Fabricio que cuando entró aquí tú y Rodrigo estaban a punto de besarse.

—¿Eh? ¿Besarnos? Qué mentiroso malparido. No es cierto, yo no iba a besar a nadie —contesté frunciendo el ceño.

—Cele...

Emilia me miró con sus ojitos apagados.

—Oye, ¿por qué esa cara?

—Se van a arreglar, ¿no?

—Si tu hermano se disculpa, sí.

—Pero ha tratado de disculparse contigo desde...

—No conmigo, sino con Rodrigo —interrumpí a Emilia, ya que yo no soy la que necesita la disculpa.

—No creo que eso pase. Aran es orgulloso y no pide disculpas nunca.

—Pues siempre hay una primera vez. Y si vienes aquí a hacer de espía, dile que no pienso desbloquearlo hasta que pida disculpas.

Emilia no dijo nada más y salió corriendo, seguramente a contárselo.

—¿Puedo pasar?

Alcé la cabeza para ver esta vez a una pelirroja en vez de una rubia brillante.

—¿También vienes de mediadora?

—Pues Fabricio dice que hable contigo.

—¿Qué me vas a decir tú, Carls?

—Aran dice que no piensa pedir disculpas porque no hizo nada malo.

Di una risa seca, volteando los ojos por el descaro de este hombre.

—Y a mí me dice infantil. Qué idiota este —grité fuerte, parándome de la cama para ver si me escuchaba.

—Necesito algo de contexto para saber de qué lado estoy.

—Vas a estar del lado de tu novio y tu novio está del lado de Aran, ya que a él tampoco le agrada Rodrigo.

—Tú sabes que Rodrigo es bueno, ¿no?

—Sí, pero...

—¿Pero?

—Cele, ¿y si te alejas de él? Su familia no es de confiar.

—Vete.

Carla quería hablar, pero me volteé para no verla.

"¿Que me alejara?" "¿Hoy es el día de odiar a Rodrigo o qué mierda?"

No puedo. Rodrigo no tiene a nadie. Si yo me alejo, se quedará solo en este mundo. Nadie entiende eso. Todos piensan que él es igual, pero nadie sabe que lucha para no ser como sus padres. Y aquí es donde estoy de acuerdo con el dicho: la gente solo ve lo que quiere ver.

—¿Princesa?

—Si vienes a defender a tu mejor amigo, mejor vete, Alejandro.

—No he dicho nada aún, no te enojes.

Fabricio entró sin esperar mi respuesta y se sentó a mi lado.

—Quiero entender por qué lo defiendes.

—Para que diga lo que diga, no van a cambiar su opinión.

Hablé sin mirarlo, con los brazos cruzados.

—¿Cómo lo sabes? Nosotros sabemos la versión de Max, pero no la tuya. Tal vez nos hagas cambiar de perspectiva.

Le conté todo. Le conté desde lo de Romeo. Ellos solo sabían la parte en que Romeo falleció y todos culparon a Rodrigo porque, según todos, Romeo fue el héroe que salvó a Rodrigo de una pelea callejera.

Pero no fue al revés. El que estaba metido en malos pasos era Romeo, y Rodrigo siempre trató de hacerlo cambiar, pero él no colaboraba.

Hasta que un día, en una de sus tantas peleas, Romeo fue asesinado por una pandilla por robar drogas. Y como Romeo era el hijo pródigo, obligaron a Rodrigo a echarse la culpa.

Y sí, fue como todos pensaron: que Rodrigo era una mierda, peor que sus padres.

Sus padres lo botaban siempre de su casa y venía a la mía a escondidas.

—¿Qué? ¿Entraba aquí?

—Déjame terminar. Después me regañas.

Fabricio dejó que continuara y le conté que después lo obligaron a entrar a un internado, y es por eso que casi nunca está aquí.

Sé que los Lodge son una mierda de personas, pero él no. Todos lo odian por una historia mal contada, y eso es injusto.

—No es que no te crea, princesa, pero ¿cómo lo sabes tú?

—Si te lo digo, ¿prometes no enojarte conmigo?

Dije dándole una sonrisa tímida porque sabía que igual se enfadaría.

—Habla, Celestia.

Lo sabía, pero ya llegué hasta aquí.



#370 en Joven Adulto
#5229 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amistad, friends to lover

Editado: 11.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.