Incondicional

CAPÍTULO 6

Ya habían pasado unos días desde que me peleé con Aran... Bueno, pelear no... Yo diría que discutimos un poco más fuerte de lo normal y no lo voy a negar, hay veces que lo extraño, pero él se niega a disculparse y, a este punto, hasta yo dudo si lo que estoy haciendo es infantil o no.

Pero ya no puedo dar marcha atrás.

Estos días me negué a desayunar o siquiera entrar en casa de los Russo. Por más que Amber me invitara, siempre ponía excusas para no ir y me pesaba, ya que ella no entiende por qué estoy así, pero no quiero verlo, aunque en la preparatoria a veces se me escapan unas miradas.

—Cele, mamá y papá están aquí.

Alisson entró corriendo a mi habitación, gritando y saltando con su sonrisa de niña pequeña.

—¿Y?

Contesté levantándome para pellizcarle la mejilla.

—¿Cómo que "y"? ¿Qué es eso? Ven a comer con los tíos ya.

Mi sonrisa se borró cuando la tía Rous entró a mi habitación con su bata de hospital aún puesta.

"Ni estando en casa se quita su bata de trabajo."

—Claro, tía. Ahí bajo.

Me puse mis sandalias y la seguí.

La tía Rous, aunque no es mi tía real, siempre me trató como si fuera de la familia y yo me acostumbré a decirle tía. Y aunque piense que no lo noto, siempre sonríe cuando la llamo así.

Bajé las escaleras de mi casa y crucé mi cocina hacia la cocina de ellos. Saludé a Amber y a algunos otros sirvientes de la casa y me dirigí al comedor de la tía.

—Hoy hasta vino Junior y los niños para desayunar y tú no querías venir. Le rompes el corazón a la tía.

Rous se puso una mano en el pecho fingiendo dolor, lo que me sacó una pequeña sonrisa.

—No es cierto, tía. Es solo que tenía tarea.

—Mentira, mamá. Celestia y Aran se pelearon y ahora ya no son amigos.

Alisson habló sentada en la mesa, ya con un pedazo de pan a medio comer, y yo solo quería salir de aquí.

—¿Aran te hizo algo, cariño?

La tía preguntó con cara de preocupación, lo que me hizo sentir mal. No quería hablar de esto con ella.

"Alisson, te voy a matar."

Pensé mirándola, pero luego mi mirada se desvió al chico de su lado. Con su casaca de cuero, su peinado liso y sus ojos oscuros. Sus ojos se iluminaron al ver que lo miraba, pero luego desvió la mirada y sentí como si me estuvieran apuñalando.

—¿Celestia, hija? ¿Te hizo algo?

—No le hice nada, mamma.

Mi tía giró a ver a Aran con los ojos bien abiertos, ya que no era común que la llamara así. Normalmente le dice tía también, al menos que...

—No pasa nada, tía, en serio.

No dije nada y fui directo a sentarme. Me quise sentar con Emilia, pero Alisson y las gemelas, Flor y Margarita, me jalaron para sentarme al lado de Aran.

Al sentarme tan bruscamente, nuestros hombros se chocaron y nos miramos ambos a la vez, pero desvié la mirada de él y me concentré en el plato vacío que había en la mesa.

Estaba encerrada en mi habitación, sentada en mi escritorio, tratando de resolver un maldito problema de matemáticas, pero mi cerebro no funciona ahora.

"Dios, no puedo resolver ni mis propios problemas y quieres que resuelva el del ejercicio. ¿En serio?"

¡Toc, toc!

Me giré al escuchar que llamaron a mi puerta.

—¿Puedo pasar o también estoy bloqueado en la vida real?

No respondí nada. Concentré mi mente en el ejercicio, pero saber que está a menos de un metro de mí ya me ponía nerviosa.

"Que esté aquí no ayuda. Voy a terminar perdonándolo de una."

"¿Debería seguir molesta?"

—¿Aún me odias?

"No, eso jamás."

—No, pero sigo molesta contigo.

Aran jaló mi silla para poder verme. Él estaba sentado en una esquina de mi cama con la misma ropa de la mañana, solo que ahora tenía una cajita en la mano.

—No hice nada malo como para pedirle perdón, pero si eso hace que me vuelvas a hablar, lo haré.

Esas palabras hicieron que sintiera mil mariposas en el estómago y mi corazón latía tan fuerte que me daba miedo que lo pudiera escuchar.

Pero no puedo aceptar eso. El punto del perdón es que uno lo sienta de verdad porque, si no, no cuentan las disculpas.

—No. Debes hacerlo porque de verdad lo sientes, pero ya sé que ni te arrepientes de lo que hiciste.

Él jaló la silla donde estaba más cerca de él y mis manos no paraban de sudar.

—Celestia, dije que me disculparía. ¿Qué más quieres?

Esta vez su tono de voz sonó más grave y sus ojos estaban fijos en los míos. Podía notar que se le estaba agotando la poca paciencia que tenía.

—¿Por qué lo odias?

Decidí preguntar, ya que no me entraba en la cabeza el odio que él le podría tener a Rodrigo.

—Yo jamás dije que lo odiaba.

—No es necesario decirlo. Tus actos lo demuestran.

—No lo odio, Celestia. Solo no me gusta que esté...

Él tragó saliva y no terminó la frase.

—¿Que esté qué?

Traté de que continuara, pero no quería.

—¿Vamos a estar bien?

Mensajes

Rodrigo: ¿Gafas, vienes?

Yo: ¿A dónde?

Rodrigo: Solo baja.

Yo: Los Russo papás están aquí, así que debo pedir permiso.

—¿Adónde vas?

Aran habló seco.

—No lo sé, no me lo ha dicho aún.

—Celestia...

—Puedes venir si quieres, pero debes prometer que te vas a comportar.

—No soy una niño y sí voy a ir.



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En el texto hay: romance, amistad, friends to lover

Editado: 11.06.2026

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